“Hacemos fuego con plástico y bebemos té sin azúcar. Algún día moriremos por aspirar el humo”. Mohamed y su esposa están preparando algo de bebida frente a su tienda de campaña. Plantada sobre uno de los miles de tejados repletos de escombros que componen la actual postal de la Franja de Gaza. Un tejado que da a una ciudad derruida, gris e impregnada de polvo y dolor. A una ciudad que antes, pese al bloqueo y los ataques intermitentes del ejército israelí, gozaba de hospitales, universidades y vida, y que se había convertido en una excepción indescriptible. Pero ahora esa ciudad del enclave palestino, donde Mohamed aparece bebiéndose un té sin azucar, es un cúmulo de ruinas.
Esta escena es sólo una más de las que componen la cinta. ‘Todos somos Gaza’dirigida y producida por los periodistas Hernán Zin (Argentina) y Yousef Hammash (Gaza) y candidata a mejor película documental en la gala de los Premios Goya que se celebra este sábado en Barcelona. Se trata de un documental crudo ya ratos dolorosos que, este jueves, durante un coloquio en la sala Mooby Aribau, el cineasta argentino definió como “el reto más grande” de su vida.
Y no es para menos. Porque ya partiendo de su producción, dista por completo de otros filmes suyos como ‘Nacido en Siria’ (2016), ‘Morir para contar’ (2018) o ‘Nacido en Gaza’ (2014) –este último, imprescindible para explicar su nuevo trabajo–, por la imposibilidad de trasladarse al enclave palestino para rodar y llevar a cabo este proyecto. No porque él y su equipo no hicieran todo lo posible para viajar, sino porque el Gobierno del primer ministro de Israel, Binyamín Netanyahu, prohíbe la entrada de los medios de comunicación al territorio gazatí.
710 días de guerra
Aún con esto, gracias a un equipo de periodistas palestinos que trabajan en la Franja, ‘Todos somos Gaza’ logra transmitir con absoluta claridad. el dolor y el sufrimiento de quienes han vivido la cruenta ofensiva israelí. 710 días en los que sigue a Mohamed, Bisan y Udai: tres de los niños –ahora ya no tan niños– que protagonizaron el documental ‘Nacido en Gaza’ y que 11 años después vuelven a ver su presente y su futuro trastocado.
Todos con motivaciones diferentes, pero bajo una misma amenaza e incertidumbre. Mohamed piensa en alejar a su familia del peligro; Bisan, en alcanzar algún día la universidad; y Udai, en que termine la guerra para poder casarse algún día con su pareja, con quien sólo ha vivido en tiempos oscuros. Porque aunque en la cinta se excuche que en la guerra no hay tiempo para el amor, Realmente el documental dice todo lo contrario.
La película traslada al espectador al enclave. Hace un relato donde no existen los filtrosdonde por momentos es difícil de mantener la mirada; y en otros es inevitable no quitarla. Un retrato visual “extraordinariamente complicado” que “habla de lo mejor y lo peor de la condición humana” y que incluye escenas de tremenda crudeza. Como el bombardeo del hospital Al Aqsa que dejó la imagen de un hombre ardiendo y atrapado en los escombros; el duelo de las más de 70.000 víctimas mortales Durante los últimos dos años, o el incesante caer de los misiles que han convertido Gaza en un páramo casi inhabitable.
Todo esto compone una película que duele. Que incomoda y que funciona como altavoz de un pueblo aún hoy acosado por la violencia. Un documental que si bien no aporta nueva información sobre la guerra en Gaza, sí muestra una perspectiva apenas explorada desde el núcleo del enclave y desde el corazón del pueblo palestino en la Franja.
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