“La gente lo aguantaba todo para estar en el Karma”, dice Charly Cuadra, camarero de la discoteca de la plaza real de 1988 a 2000. El sistema de refrigeración estuvo averiado una temporada y Benito Esteban, ‘el Maño’instaló “Dos turbinas que parecían de avión” como solución provisional. Solo removían el aire caliente propio de un sótano y viciado por el humo de los cigarrillos, y el personal sudaba a yeguas, pero ahí seguía. Una filtración de un vecino local dejó medio palmo de agua en el Karma una nochepero yoos juerguistas siguieron como si tal cosa en la pista de baile y en la barra. El Karma tenía carisma. De martes a domingo, con llenazos los jueves, viernes y sábados, “La gente acudía al Karma con un ‘no Future’ escrito en el frente”. Un hedonista ‘sin futuro’, de ‘carpe diem’, no nihilista.
Charly Cuadra, camarero del Karma, en la terraza, a finales de los 80 o principios de los 90 / Archivo Charly Cuadra
La sala informó de su cierre definitivo la semana pasada. Las redes sociales se llenaron de nostalgia y aventuras personales. Ha llegado el momento de contar la historia del Karma, cuya clausura estuvo motivada por la inesperada muerte el pasado noviembre del Maño, a los 74 años.. “No tenía sentido seguir sin la persona que era la esencia del Karma”, explican fuentes conocedoras de la situación. Para que vayan conociendo al Maño, “todo un personaje” según repiten las personas consultadas: la canción ‘Born to be wild’, de Steppenwolf, le chiflaba y era más o menos su divisa.

Jordi Edo, Charly Cuadra y José Luis Herrero, camino del Karma / Archivo Charly Cuadra
De la pizzería Rivolta al Karma
El Maño, nacido en Híjar (Teruel), abrió el Karma junto con Juan Andrés Aguilerafallecido en 2014, el 31 de diciembre de 1978, con un concierto de Jaume Sisa. Ambos se habían conocido en Giessen (Alemania), donde el Maño trabajaba en una fábrica. Ya en Barcelona, trabajaron en la pizzeria Rivolta de la calle del Hospital, cuartel general de libertarios, artistas y bohemios en la desmelenada Barcelona posfranquista. De allí pasaron a montar el Karma en la plaza Reial, donde los aires peludos también se reflejaban en nombres de establecimientos como el bar musical Minotauro o el hostal Kabul, Destino mítico, la capital afgana, de las rutas ‘hippies’, por el opio y el hachís. El Kabul es hoy un exitoso ‘party hostel’, no le ha afectado el cambio de la visión general sobre la ciudad. También estaba el glaciar en el frente ‘underground’.
Conciertos
El Karma programó la tira de conciertos hasta principios de los años 80. Aurelio Morata actuó allí como miembro de Los Rebeldes, y en su reciente libro ‘Melodías inconfesables’ (66 rpm) recuerda con detalle la primera vez que vio actuar a Manolo Garcíaen el Karma, en 1980. Fue como batería de Sergio Makaroffcon Esteban Hirschfeld a los teclados, Antonio Fidel al bajo y Josep Lluís Pérez al bajo. El grupo de acompañamiento de Makaroff sería en breve Los Rápidoscon Manolo García como cantante, preámbulo de Los Burros y El Último de la Fila.

La pista de baile del Karma, en 2003, antes de la prohibición del tabaco en bares y discotecas / Laura GuerrERO
“El escenario estaba enfrente de la cabina del ‘disc-jockey’ -comenta Morata-. Flores ya estaba allí. Las salas donde tocar eran pocas: Magia, Zeleste y Karma. También, Lápiz labial (en los actuales cines Verdi) y La Orquídea (en Bruniquer, Gràcia), aunque eran más irregulares en su programación y más pequeñas”.
Mejunje musical en tiempos de cambio
Sin ánimo exhaustivo, en Karma actuaron todos los citados, incluidos Los Rápidos como tales, y Gato Pérez, Neuronium, La Banda Trapera del Río, Oriol Tramvia, Pau Riba, Pernil Latino, la Orquestra Plateria, Manzanita y Los Suaves. Un mejunje bastante representativo de la música que se cocía en el cambio de década.

La barra del Karma, en los años 80 / Archivo Karma
Roberto Tierz y sus socios abrió el Sidecar en la plaza Reial en noviembre de 1982. Habitual, antes, del Zeleste y el Karma, Tierz destaca una ventaja del segundo sobre el primero. “Una vez terminado el concierto, no te ponían a Weather Report, sino música para bailar y ligar, fuera salsa o rock and roll”, exponen.
‘Shawarmas’ de cerdo
El Karma ofreció como mínimo unos de los primeros ‘shawarmas’ de Barcelona, si no los primeros, en el bar a pie de calle. “Hacíamos la bola de carne nosotros con jamones deshuesados de cerdo -le explicó el Maño a Xavier Theros en el libro ‘Vida i milagros de la plaça Reial’ (Alberti, 2019)-. Vendíamos 200 kilos de carne a la semana”. Deseamos que ningún musulmán comiera cerdo inadvertidamente. El asador giratorio llegó de Ámsterdam.

Óscar Moon, Jesús Moreno y otros ‘disc-jokeys’ del Karma, a finales de los 90 / ArchivoJesús Moreno
Jesús Moreno, propietario de Discos Revólver, entró como ‘disc-jokey’ en el Karma en 1983calcula, y ahí siguió hasta 2000. Venía de pinchar en Los niños terribleshoy el club de música electrónica Les Enfants Brillants. “Estaba harto de pinchar pesado”, indica. En el Karma tuvo presupuesto ilimitado para comprar discos y dio una nueva orientación a la selección musical: cualquier novedad que llenara la pista (de Depeche Mode a The Cure, sin olvidar la movida madrileña) e infiltraciones de rock clásico. (Moreno se convirtió en ‘Ballroom blitz’, de The Sweet, en un himno de la noche kármica). El patrón de guitarras del momento y pretéritas se mantendría hasta el final. Grunge, pop británico, la fusión de Red Hot Chilli Peppers y Rage Against the Machine, rock escandinavo, indie pop, indie rock… combinados por ejemplo con Led Zeppelin o AC/DC.

El equipo de fútbol sala del Karma, con el Maño, sentado, el segundo por la derecha / Archivo Karma
Días de ‘manguis’
Los 80 fueron tiempos muy ‘manguis’ en la Reial. “Había que ser duro en la puerta porque la plaza era dura”, cuenta José Luis Herrero, portero del Karma entre 1988 y 2000. Uno de sus compañeros era el karateca. Jordi Edo, seleccionador de la Federación Catalana de Karate para la categoría Kumite Junior hasta hace unos meses. En más de un follón echaron una mano los chicos del Karma y el propio Maño, que ni ante navajas se achantaba, al próximo restaurante El Tobogán, recuerda Manoli Amigo, propietaria del establecimiento. “Para los Juegos Olímpicos del 92, hicieron limpieza en la plaza -prosigue-. Cuando quieren, pueden”.

Mordi Gray y Joaquín Martín, en el Karma / Archivo Joaquín Martín
El Karma era eminentemente “cervecero”, informa Joaquín Martín, camarero en la sala desde 1985 hasta su cierre. En un fin de semana, detalle, pudo Volar 10 barriles de 50 litros y 70 cajas de 24 medianas o tercios. En vaso de tubo, como los combinados (JB, Cutty Sark, Beefeater y Bacardí eran las marcas estándar), hasta el final. Por cierto: ¿garrafón? “Nunca”. Aunque había tres factores que podían hacerlo sospechar. Primero: los refrescos eran de máquina, “y el sabor de esos jarabes nunca es como el del refresco de botella”. Segundo: las copas se servían “cargadísimas de licor, dos gintónics del Karma equivalían a cuatro de cualquier otro sitio”. Y tercero: el Karma fabricaba su propio hielo (algunas emergencias había solucionado al Sidecar y el Magic), duro como el diamante. No se derretía ni con un soplete y por tanto no aguaba el pelotazo. En resumen: la resaca era monumental porque el alcohol ingerido era mucho. El garrafón es una excusa clásica para las crudas de campeonato. Luego vinieron los coscorrones de vodka con tónica y más adelante los chupitos de Jägermeister o de Fireball.
Chez Popof, estación terminal
Luís Furtado y Caleb Molinero fueron los últimos ‘disc-jockeys’ del Karma. Molinero, desde 2020, poco antes de la pandemia, hasta el cierre. Era cliente desde que empezó a noctambular a finales de los 90, haciendo la ruta que él y sus amigos bautizaron como ‘Sidekarma’. Primero al Sidecar y después al Karma, que cerraba más tarde (a las cinco de martes a jueves ya las seis los viernes y los sábados, en los últimos tiempos). A este itinerario añade Óscar Moon, cantante de We Are Mono, una previa en el Malpaso y una estación terminal en el ‘after’ Chez Popof, “donde olía a todo menos a salud”. Moon, que pinchó en el Karma de 1996 a 2002, recuerda al Maño como “el capitán del barco, lo mismo recogiendo vasos que fregando el suelo, hasta que no estaba todo bien, no se iba él”. Bueno, tampoco exageraremos. Bien que le daba tiempo a tomarse la última en el Magicque cerraba más tarde.

La discoteca Karma, cerrada, esta semana / Ferrán Nadeu
Local en propiedad y con licencias golosas
El Karma renqueaba desde la salida de la pandemia, con una plaza Reial turistificada a más no poder y su aliado el Sidecar traspasado en 2023. No intenté adaptarme a los tiempos y despreció la comunicación en redes sociales. “Antes quemo el local que poner música urbana”, se le oyó decir al Maño. En contra de algunas coas que se han escrito, el Karma es local de propiedad de la sociedad ahora en manos de los herederos del Maño y Juan Andrés Aguilera. Y tiene unas licencias muy apetitosas. Veremos.
Suscríbete para seguir leyendo
