“Creo que el horror se revela cuando algo que conoces bien se vuelve desconocido”, sentencia Hye-Young Pyun (Seúl, 1972) minutos antes de subir al escenario de La Paloma para sumarse a una animada charla de BCNegra sobre la parentela como potencial película de miedo, sustos y sobresaltos incluidos, en imparable sesión continua. ¿La familia? Mal, gracias.
“El elemento familiar es muy útil para el terror”, confirma la escritora, embajadora de la cara más inquietante y turbia de la todopoderosa ‘ola coreana’. A ella le debemos, sin ir más lejos, ‘El pozo’ (Planeta), opresiva y siniestra vuelta de tuerca al thriller psicológico que le valió el premio Shirley Jackson primero y el aplauso internacional a continuación. “Es la prueba de que la cultura coreana tiene una gran diversidad de campos, desde la ficción curativa hasta obras como ‘Parásitos’ y ‘El Juego del Calamar’. Todas cuentan historias a través de diferentes géneros”, reivindica.
Puede que esta novela tenga la distinción de thriller psicológico, pero yo la concebí como una historia sobre la inutilidad y la soledad inherentes a la vida humana.
Traducido a más de una veintena de idiomas y con una adaptación cinematográfica en camino, ‘El pozo’ es la historia de Ogi, un profesor universitario que se despierta en un hospital tras un accidente de tráfico en el que ha muerto su mujer. Completamente paralizado, solo puede comunicarse con los ojos. “Nunca había recibido una ovación tan entusiasta solo por parpadear”, escribe la autora. No hay sangre, pero sí una inquietud creciente y pegajosa. “Puede que esta novela tenga la distinción de thriller psicológico, pero yo la concebí como una historia sobre la inutilidad y la soledad inherentes a la vida humana”, Reconoce a Hye-Young Pyun. Y eso, ay, sí que da miedo.
Ogi no se mueve, pero sí que recuerda. Evoca su (no siempre feliz) vida en pareja, examina el papel de las mujeres en su vida y teje un relato del que el lector no tiene más remedio que desconfiar. La aparición en escena de su suegra y las crecientes sospechas sobre el accidente no hacen más que reforzar la tensión y envasar al vacío la narración. “Si se cree que la muerte de su esposa fue causada por él, entonces es el perpetrador. Sin embargo, si se piensa en el accidente de Ogi y en la opresión que sufre, entonces también es la víctima”, reflexiona la autora.
Entre ambos, a modo de bisagra, la suegra, única cuidadora de Ogi y del jardín de su hija, reducido a medida que avanza el libro a un amasijo de tierra removida y agujeros cada vez más hondos. “A través de ella se genera el suspense y la narración de venganza. Tiene un conflicto con él y actúa activamente para aislarlo del entorno”, desliza enigmática la coreana. Esa reclusión, insiste, es clave, ya que si de algo trata Ogi es de la soledad y la incomunicación. “Prefiero el miedo a lo desconocido que la violencia directa”, destaca.
La puesta en escena de ‘El pozo’, con un cuerpo inmóvil y un entorno aparentemente hostil, ha propiciado comparaciones con libros como ‘Misery’, de Stephen King, o ‘Johnny cogió su fusil’, de Dalton Trumbo, referencias que Hye-Young Pyun esquiva en beneficio de lecturas más generalistas que nominales. “Toda lectura comienza por encontrar puntos en común en los conocimientos previos. Por eso, cuando los lectores leen mi obra y encuentran similitudes, las disfruto porque creo que es resultado de la emoción que surge al leer”, cavila.
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