Nueve ediciones lleva el programa Kora introduciendo a creadoras en el Museo Thyssen y poniéndolas a dialogar con sus fondos, y posiblemente nos encontremos con una de sus entregas más rotas.
Y eso que a su director, Guillermo Solana, le preocupaba el giro de … guion, tras dos autoras más ‘narrativas’ o ‘figurativas’ (se refería a Noemí Iglesias Barrios y Marina Vargas), hacia una artista eminentemente abstracta.
En realidad, Irma Álvarez Laviada precisa de pocas explicaciones. La rotundidad de su trabajo habla por sí solo, y los encuentros desarrollados por la comisaria son tan acertados que establecen diálogos que excitan nuestra mente.
Porque es esta una exposición más sensorial de lo que pueda parecer. Piezas de clásicos como Josef Albers, Van Doesburg o Mark Tobey con los que se cruzan obras de la asturiana de distintas épocas sin esbozar con ello un recorrido cronológico, más bien conceptual o por familias.
Los vellos de punta
De hecho, la colocación de su ‘Plano y vertical. Pedestal nº 0’ (2020) frente a una ‘Anunciación’ de Gentil Bellini fuera del recorrido (los tentáculos alcanzan los conjuntos Thyssen y Carmen Thyssen) pone los vellos de punta, como si la escultura minimalista de Laviada fuera una cata arqueológica del templete del cuadro.
En las imágenes, distintas obras de la exposición individual ‘Dentro y fuera del marco’ de Irma Álvarez-Laviada en el Museo Thyssen.
(ABECEDARIO)
Pero, ¿dónde reside la magia de esta creadora? Desde que en 2010 y una crisis de dos años la empujaran a dejar de pintar, el trabajo de Álvarez-Laviada (1978) se centró en darle una segunda oportunidad a los restos de su actividad pictórica; esos materiales periféricos que generalmente se ocultan y que no son los pigmentos nobles de la técnica. Desde ese momento, digo, embalajes, espumas, lijas o cartones se convierten en motivos de una obra rotunda que pone en valor lo no visible pero igualmente bello. La semilla de la abstracción ya estaba plantada.
Y quizás, la lectura en clave de género que ahora lleva a cabo Rocío de la Villa (que ha realizado un trabajo soberbio) es en realidad una capa innecesaria que abraza la potencialidad de la creadora. Parte la comisaria de la idea de que la abstracción es una corriente asociada a lo masculino, cosa que ya contradijo hace años la magistral exposición ‘Mujeres de la abstracción’ del Guggenheim-Bilbao y el Pompidou, con decenas y decenas de nombres femeninos adscritos a la disciplina. Su invisibilización no la convertía en propia de un sexo u otro, como la invisibilización de impresionistas, figurativas o cubistas no ha llevado nunca a pensar en estas corrientes como ‘propias de hombres’. Lo de las disciplinas ya s´ique era otro cantar…
Sea como fuere, el recorrido se establece como una partitura en la que en la primera sala priman los juegos con el color y las formas primarias (vocaciones de suprematistas y neoplasticistas); avanza en relaciones entre lo lleno y lo vacío, lo positivo y lo negativo; se regodea en la noción de pictórico en la abstracción (patrones repetitivos) y estalla en la sala en la que el pequeño collage ‘Merzbild Kijkduin’ de Kurt Schwitters se convierte en una instalación escultórica.
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Irma Álvarez Laviada
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‘Dentro y fuera del marco’
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Lugar:
Museo Thyssen-Bornemisza (Madrid). -
Dirección:
Paseo del Prado, 8 -
Comisaría:
rocio de la villa -
Duración:
Hasta el 3 de mayo -
Valoración:
****
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En su regreso, no dejen de atender al pasillo, ‘la última sala’, en la que prima otro divertimento: el que contrapone sentidos nobles (vista u oído) al tacto, y en el que lo blando y lo duro marcan la pausa. Mucho ha tardado Madrid en darle a Irma Laviada una oportunidad expositiva como esta. Enhorabuena, en un programa donde el único pero es el catálogo, a cargo del presupuesto de la galería de la artista.
