De pequeño, cuando le preguntaban a Jalís de la Serna qué quería ser de mayor, respondía que médico. Lo decía por admiración a sus progenitores, que ejercían esa profesión. Al final no siguió sus pasos, aunque el periodista hace también una labor social en ‘Apatrullando’, que regresa este martes 27 de enero a La Sexta con el estreno de su tercera temporada (23.00 horas). En el programa lidera un equipo de reporteros (junto a él están David Casasús, Sara Solomando, Miguel Rabaneda e Isabel Balado) dedicado a mostrar realidades que no se suelen ver en televisión.
–¿Qué caracteriza esta temporada de ‘Apatrullando’ respecto a las anteriores, más allá de los temas?
Lo que más la define es que todos los temas son completamente sociales. Son asuntos que nos afectan a todos ya los que hemos querido darles una vuelta, intentando abordarlos desde un punto de vista novedoso. Empezamos, por ejemplo, con un reportaje sobre trabajos extremos, oficios desconocidos para la mayoría pero fundamentales para que nuestra vida diaria funcione. Entramos en la vivienda de una persona con síndrome de Diógenes junto a una empresa de limpiezas extremas, acompañamos a tanatopractores en un tanatorio oa buzos que limpian el casco de transatlánticos para que los cruceros puedan navegar sin averías. Son realidades que están ahí y en las que rara vez pensamos.
–También hay reportajes muy impactantes.
Si. Hemos hecho uno que sigue todo el recorrido de la droga incautada por la policía hasta su destrucción: cómo se custodia, cómo se almacena y cómo se traslada con medidas de seguridad. También hemos abordado la caza, que es el tercer deporte con más licencias en España, después del fútbol y el baloncesto. Es una actividad rodeada de prejuicios y quisimos verla desde dentro, desde el punto de vista de los cazadores, para que sea el espectador quien juzgue.
–La temporada toca muchos ámbitos distintos.
Hemos estado con la comunidad china en España, mostrando historias de personas plenamente integradas: desde un militar a un cirujano, pasando por un tabernero o una DJ… Queríamos ver más allá de estereotipo y desmontar mitos urbanos muy extendidos. Y, por supuesto, mantenemos reportajes más clásicos, como los controles de carretera, donde seguimos sorprendiéndonos con los personajes que aparecen y con lo fácil que muchas personas se abren delante de una cámara.
–¿Hay un reportaje que le ha marcado especialmente?
Sin duda, el trasplante de corazón. Estuvimos con el equipo médico desde la extracción del órgano hasta su traslado y la intervención en quirófano. Ver eso en directo es como presenciar un milagro. Ha sido una experiencia increíble y me siento un privilegiado por haber podido grabarla.
–Después de todo lo que ha vivido, ¿todavía hay cosas que siguen impactándole?
Muchísimas. En mi vida habitual siempre he sido así, a mí me sorprende todo. Soy aficionado a los deportes, y creo que es por eso, porque me sigue maravillando un regate de Lamine Yamal. Esa capacidad de sorpresa no se puede impostar. Creo que me dedico a esto porque realmente me interesan las cosas y me sigue asombrando la realidad cotidiana.
–Ha estado al frente de programas muy duros como ‘Encarcelados’ y ‘En tierra hostil’. Para hacerlo, tiene que irte la marcha.
Si no fuera así, sería una tortura. Como decía un profesor que tuve, el periodismo, si no te apasiona, es peor que trabajar en una mina. En el desarrollo de mi carrera he tenido que echarle muchas horas, viajar a lugares complicados, hemos estado en el Congo, en la guerra del Donbás, con las maras… Hemos tenido que echarle valor y mucha entrega.
–¿Esas experiencias dejan secuelas?
Creo que he sabido racionalizarlas e integrarlas a mis recuerdos como una situación difícil, no como algo traumático. Situaciones peligrosas, como cuando nos encañonaron en el Donbás o cuando entramos en las minas del Congo, el recuerdo como experiencias extremas, pero también como vivencias increíbles. Desde el primer momento tuve claro que mi trabajo es contar lo que pasa de la forma más real posible, sin artificios. Como pretendiera ayudar psicológica o económicamente a todas las personas que te cuentan sus problemas, cogería una depresión o me arruinaría.
Jalis de la Serna en ‘Apatrullando’ / Atresmedia
–¿Ha llegado a temer por su vida?
Sí, en alguna ocasión. En el Donbás nos localizaron mientras grabábamos un tanque para demostrar que aquello era una invasión en toda regla. Nos apuntaron armados con Kalashnikovs y todo el equipo pensamos que podía ser el final. En el Congo también hay zonas muy inseguras, con guerrillas y muchos intereses cruzados. A veces no eres consciente del peligro hasta que pasa el tiempo.
–¿Cómo lleva tu familia este tipo de trabajo?
Mi madre lo asume con resignación. Sabe que es el trabajo que él eligió y que me apasiona. Me dice que tenga cuidado, poco más.
–Esta temporada de ‘Apatrullando’ se desarrolla íntegramente en España. Desde su experiencia en tantos programas a pie de calle, ¿cómo ve que ha evolucionado la seguridad?
He visto una gran evolución en los últimos 25 años. Por desgracia siguen quedando zonas en las que hay desigualdades muy marcadas, sociales y culturales, aunque creo que hay menos barrios complicados. La situación ha mejorado, pero todavía falta un empujón para erradicar de todas esas desigualdades sociales.
–¿También ha cambiado la relación con los reporteros?
Si. Al principio nos recibieron con sorpresa, luego con más cercanía y ahora a veces con cierto rechazo en zonas de gueto. En general, hoy ya casi nadie ve a los reporteros de televisión como una anécdota, sino que se nos percibe como equipos profesionales: la policía, los sanitarios o los trabajadores con los que grabamos saben que respetamos los límites y que no vamos a buscar morbo.
–Y eso que de pequeño usted dijo que quería ser médico…
Porque mi padre y mi madre eran médicos. Vivíamos en Colmenar Viejo, donde todo el mundo los conocía, y sentía la admiración que había con ellos. Yo creo que por eso me interesan tanto todos los temas científicos y cuando me preguntaban qué quería ser de mayor respondía que quería ser médico. Pero no fui un gran estudiante y lo que sí que me fue atrapando fue el periodismo, sobre todo el o social.
–¿Recuerda el momento en el que decidió ser periodista?
En la adolescencia me gustaba escribir y en aquella época, si sabías escribir, parecía lógico estudiar periodismo. Yo quería ser periodista deportivo, pero luego la vida te lleva por otros sitios. Al final me contrataron en ‘Sucedió en Madrid’, que era un programa de sucesos de Telemadrid, y descubrí que tenía facilidad para acercarme a los lugares donde había que hacer preguntas complicadas. Y ahí ya se encaminó mi trabajo hacia los reportajes sociales.
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