Un día, mientras juega en el parque con su padre, una niña de ocho años llamada Josephine. presencia de una violación. Él sale corriendo tras el agresor, y la rapidez con la que deja atrás tanto a su hija como a la víctima quizás ejemplifica las fallas del impulso masculino de castigar y proteger. La niña, claro, no entiende cómo y por qué algo así puede ocurrirle a alguien. Y sus esfuerzos por hacerlo son el punto de partida del segundo largometraje de Beth de Araújo, ‘josefina‘, que compite por el Oso de Oro en la Berlinale apenas unas semanas después de ganar el Gran Premio del Jurado —además del Premio del Público— en el Festival de Sundance.
coprotagonizada por Chaning Tatumes una película extraordinariamente audaz, e impactante, y rotundamente conmovedora. “Los violadores y pedófilos deben rendir cuentas”, ha sentenciado De Araújo hoy en el certamen alemán. “Porque, de lo contrario, se generan más silencio y vergüenza entre las victimasque se encuentran desasistidas a la hora de sanar sus heridas”.
Channing Tatum durante la presentación de la película ‘Josephine’ en la Berlinale / RALF HIRSCHBERGER / AFP
¿Es Josephine apta para declarar contra el culpable? ¿Dónde termina la necesidad de justicia y empieza la de proteger a una menor? Aunque De Araújo teje una airada denuncia del sistema judicial estadounidense mientras plantea estas cuestiones, en realidad su prioridad es el trauma de una persona demasiado joven como para entender lo que vio, afrontar a los terapeutas y abogados que la interrogan y, sobre todo, aceptar que a veces los culpables no reciben castigo. Para ello, se adentra en la mente de la pequeña de diversas formas. Por un lado, mantiene en la relación al hombre que cometió el crimen en forma de enemigoimaginario de Josephine o de presencia fantasmal, símbolo inequívoco de la huella que el ataque ha dejado en ella. Asimismo, gracias al empeño de la película en Experimenta el mundo a través de los ojos de la niña.por momentos la cámara se convierte literalmente en su mirada, adoptando una estilización que, aunque algo forzada, sirve para mostrar que Josephine es cada vez más vacilante, desconfiada de los adultos, impulsiva y errática. En sintonía, De Araújo va generando una sensación creciente de desasosiego.
Mientras tanto, el resquebrajamiento psicológico de Josephine obliga a sus padres a enfrentarse a dilemas morales para los que ninguno está preparado. Él quiere hacer lo correcto, y eso lo conduce a la agresividad, la ira y el bloqueo emocional. Ella se preocupa por la estabilidad psicológica de su hija, aunque no sabe cómo resguardarla. Si hay un aspecto en el que puede cuestionarse la credibilidad del guion de De Araújo —basado en experiencias personales— es la torpeza excesiva que muestran Damien y Claire a la hora de responder con sentido común a los claros síntomas de sufrimiento de la niña. Del mismo modo, hay pasajes en los que, quizás nublados por el deseo de sacudirnos, la directora enfatiza emociones que ya habían quedado suficientemente claras.
Las deslumbrantes interpretaciones de los actoresen cualquier caso, compensar esos excesos. En el que tal vez sea el mejor trabajo de filmografía, Tatum ofrece una combinación precisa de masculinidad y fragilidad en la piel de un padre afectuoso y esforzado pero emocionalmente miope con el que el actor ha confesado hoy sintiéndose identificado: “Es una conversación que yo mismo he tenido con mi hija… si alguien te hace algo que tú le pides que no haga, tienes todo el derecho de protegerte, y yo te apoyaré siempre”.
En el papel de la madre, Gemma Chan da muestras de un dolor persistente cuyo origen no necesita de explicaciones explícitas para ser identificado. En cualquier caso, la película se sostiene sobre el apasionante trabajo de la joven. Mason Reevescuyo rostro refleja una búsqueda constante de respuestas, además de una maraña de recelo y confusión cuando Josephine comprende que a las personas les suceden cosas terribles sin un motivo justificable, y que no existen garantías de que ella misma no vaya a convertirse algún día en víctima. Su vida, pues, ha quedado irremediablemente marcada.

Channing Tatum, Mason Reeves y Gemma Chan en la presentación de ‘Josephine’ en la Berlinale / RALF HIRSCHBERGER / AFP
Aunque, a juzgar exclusivamente por sus méritos artísticos, ‘Josephine’ sin duda debería hacerse un hueco entre los puestos más destacados del palmarés que la Berlinale anunciará mañana, también es cierto que colmar de honores a una película ya posicionada gracias a Sundance como una de las que darán que hablar en la próxima temporada de premios no sería precisamente positivo para el prestigio del certamen alemán, por lo que -pese a que no hay motivos para dudar de su independencia- es probable que el jurado presidido por Wim Wenders adjudique el Oso de Oro a otro de los títulos que aspiran a él.
El sentido común dicta que tampoco deberían incluir en el palmarés a la otra candidata al premio presentado hoy, la también estadounidense ‘Yo (el amor es un pájaro rebelde))’, documental basado en los esfuerzos de la directora Anna Fitch para procesar la muerte de una amiga cuyo abuso de virguerías estilísticas no logra disimular ni su falta de sustancia ni el exhibicionismo narcisista que su existencia misma delata. El arriba firmante sostiene que ninguna de las candidatas al codiciado galardón lo merece tanto como ‘reina en el mar‘, del estadounidense Lanza Martilloy que también figurarán en el palmarés títulos como ‘dao‘, del franco-senegalés Alain Gomis‘letras amarillas‘, del turcoalemán Ilker Çataky ‘Rosa‘, del austriaco Markus Schleinzer. Faltan solo unas horas para comprobar si, como de costumbre cuando se trata de adivinar los palmarés de los festivales de cine, está equivocado.
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