Pasados cinco años desde el estreno de su última película, BebéJuanma Bajo Ulloa vuelve a la cartelera este viernes con El maluna obra que reflexiona sobre la maldad absoluta de algunas personas sin sentimientos y ambientada en una ciudad de tintes góticos, que evoca los escenarios de Alas de mariposa oh la madre muertalos thrillers con los que este cineasta nacido en Vitoria en 1967 se dio a conocer en los años noventa, justo antes de saltar a la fama con la disparatada bolsa de aire.
El mal da la sensación de ser un retorno a sus orígenes, al menos en cuanto a esa ambientación gótica tan característica…
Sí, ahí hay un uso muy, muy importante del decorado, del escenario. Para mí es fundamental. Todo lo es, ¿no? También el vestuario, nunca destaco una cosa por encima de otra, o la música. Algunas ven referencias a Frágil en una escena, otros a Bebé y tal otra. Lo que me cuentan me explica la película que he hecho, porque yo no lo sé. Pero sí, hay muchas referencias a las cosas que me obsesionan. Todas ahí juntas.
¿Como por ejemplo?
Las iglesias, los templos. Me interesa mucho todo eso porque me interesa el símbolo. A la gente a la que le gusta la narración siempre le digo que solo puedes contar la verdad a través de la metáfora. Cuando intentas hacerlo racionalmente, no llegas a buen puerto. La mente no puede explicar el ser humano, lo explica de alguna forma el símbolo. Los cuentos son simbólicos. No son racionales, son viscerales, son emocionales, son surrealistas. En la iconografía religiosa, a veces la católica, se dan esos lugares, que son los únicos que quedan donde uno puede estar sentado en paz sin que nadie le hable. Y el arte que hay dentro de esos templos es muy interesante.
La imaginería religiosa está muy presente en El malsí.
La iconografía cristiana, la cruz, la culpa, todo eso. Y también están ahí los espejos, por ejemplo. Se repiten en mis películas. Siempre alguien se mira al espejo. En esta película se miran, creo que cuatro, cuatro personajes al espejo. El espejo es el símbolo, te miras y hay un reflejo, pero no lo aceptas, no eres tú. De ahí la palabra reflexión: el cine mueve a la reflexión, es decir, mueve a mirarse en el espejo, ¿no? Más cosas, la vida se abre camino, el bebé, la madre. Eso está en todas mis películas. El conflicto madre hija, los conflictos familiares. Sí, todo eso, todo eso se repite y está ahí. Estoy pensando en la belleza y lo terrible. Como poner las dos cosas juntas y ver que de alguna forma son las dos caras de la misma moneda. Dentro de cada persona hay un monstruo. Dentro de cada ser humano hay un monstruo que yo creo que es muy explícito y dentro de cada monstruo hay un ser humano que es lo que tratamos de explicar. No puedes hacer el bien sin conocer el mal. No puedes sanarte sin entender lo que significa también tu lado oscuro, ¿no? Y que el mal existe.
“Dentro de cada ser humano hay un monstruo que yo creo que es muy explícito y dentro de cada monstruo hay un ser humano que es lo que tratamos de explicar”
Las protagonistas, la escritora y la asesina, a veces hacen pensar en una sola persona, en una especie de Doctor Jekyll y Mister Hyde. Un desdoblamiento. Un alter ego o fantasma…
Lo que dice es muy interesante, porque la mitad de los espectadores me dicen que no existe Martín (la asesina, interpretada por Natalia Tena, que contacta con la escritora, Elvira, a la que encarna Belén Fabra). Que no existe y es una extensión de Elvira que de alguna forma ha situado ahí su parte oscura y es la que comete esos crímenes.
Sí, además aparece y desaparece…
Casi mágicamente. No la ves llegar, no la ves irse y eso me ha parecido muy interesante. Algunas preguntas, pero ¿es así? ¿Son la misma? Y yo les digo que no les quiero responder. Yo quería que tuviera una ambigüedad, por eso la hacía casi un personaje fantasmal, ¿no? Pero la hacíamos desaparecer sin trucos digitales. Se tiraba al suelo, se escondía…
Es un personaje muy inquietante, representa el mal absoluto, sin moral, sentimiento de culpa o remordimiento…
Sí, en estado puro. Como si el mal cobrara cuerpo. De hecho, al contrario que suele pasar en algunas personas, no le mueve ni el rencor, ni el resentimiento, ni el odio, ni la venganza. No está ahí para decir el mundo me hizo daño, voy a devolver el daño que me hizo. No, es mi don, soy mala, respétame también. Le dice a Elvira: tú sabes escribir, ¿vas a dejar de escribir porque no le gusta a la gente lo que escribe? Yo no voy a dejar de hacer lo que hago, lo hago bien, nadie lo hace como yo, ¿no? O sea, reivindica su don, por eso de alguna forma es como la esencia de la maldad, la maldad por la maldad. No hay ética.

Sin ética de ningún y sin ningún problema de salud mental.
Nada, pasaría una prueba perfectamente. Eso es lo que resulta inquietante, nada más. Las preguntas que le va haciendo Elvira: Pero ¿tú cómo eliges a tus víctimas? Están ahí. Pero ¿a cuáles? A las que es más fácil matar. Sabe que tiene capacidad de dañar.
También Elvira, la escritora, se revela como alguien malvado…
Sí, cuando le pregunta a Martín cómo fue tu infancia y cómo eras de niña. ¿Maltratabas animales? Martín le dice que no tiene ningún interés en matar animales y se ríe. Elvira en realidad está hablando de ella: Yo mataba animales de niña, yo era malvada de niña, no tenía escrúpulos, no tengo empatía.
Bueno, de hecho, lo demuestra sobradamente al oponerse a la relación amorosa de su hija… ¿Por qué le cae tan mal el novio?
Hay una enfermedad hereditaria que tiene su hija, la osteogénesis imperfecta, por eso no quiere que quede embarazada. Pero ¿qué mal heredará ese niño, el físico o el moral? Y la hija es una persona dañada emocionalmente porque tiene una madre controladora que está engañada con ella. Elvira es una psicópata. La gente, por culpa del cine, piensa que la palabra psicópata es una persona que mata a personas. No, un psicópata no es eso. La psicopatía está relacionada con la falta de empatía. Puedes tener un grado u otro y, simplemente, algún psicópata, por interés, puede acabar pasando esa línea y matando a alguien sin ningún tipo de escrúpulo. En la sociedad hay un tanto por ciento de psicópatas que no matan gente, están trabajando, unos camareros, otros banqueros, y eso resulta incluso útil para algunas profesiones, por ejemplo, para la de cirujano o médico. Si tuvieran demasiada empatía no podrían hacer su trabajo, empatizarían y no podrían.
Y aprenderán a desenvolverse bien en sociedad…
Actúan muy bien. Son gente inteligente y saben lo que tienen que hacer. Pero no sienten nada y no tienen esa empatía. Y esa es Elvira, que no quiere al novio de su hija porque es un chaval de la calle, un tipo sin oficio ni beneficio. No es lo que ella ha previsto. No es el arquitecto de éxito ni es la persona relevante de lo alto de la pirámide. Es un chavalujo que además seguramente sospecha que está utilizando a su hija para acostarse con ella y que tendrá cinco más por ahí.
Es clasista.
Totalmente. Yo he conocido esto. Yo conocí a alguien cuya familia me despreciaba porque no era de su clase. Yo no sabía lo que era eso y lo conocí. No sabía que existía ese sentimiento. Quizás lo que nos ocurre a los que nos dedicamos al cine o que tenemos un reconocimiento público es que nos aceptan en muchos lugares como artistas. De repente nos llevan a un ámbito de gente muy pija ya mí se me acepta, pero, cuidado, que hay gente que te desprecia en función de tu clase social y yo no lo había vivido. Yo soy de Vitoria, sé que hay gente muy pija, pero no había vivido eso y lo he vivido. Y esta mujer es clasista, muy clasista, y ese chico le puede dar un nieto. Y eso es lo que no quiere. ¿Cómo va a tener un nieto con ese zarrapastroso, con ese chaval con una chupa de cuero?
También está esa otra escritora que representa el éxito comercial, con miles de seguidores en las redes sociales…
La fama como tal o el éxito popular o el éxito de cara a la galería es el vacío, es la soledad, porque, si ese es tu fin, te vas a encontrar un día con que arriba de la montaña no hay nadie. La gente dice apreciarte, pero no es cierto; la gente que te aprecia de verdad es alguien que te conoce, y el aprecio te lo puede dar esa gente o tú mismo, pero el aplauso ajeno nunca te va a llenar. Al revés, te va a vaciar, ¿no? Te va a hacer sentir muy solo.
¿Eso también lo ha vivido personalmente? Usted triunfó siendo muy joven, sobre todo después de bolsa de aire…
Si. A veces me preguntan si me reflejo en mis personajes. Y digo que en todos. No puedo contar lo que le pasa a un personaje si no lo conozco. No estoy reflejando mis experiencias personales, porque no me ha pasado eso, pero lo que está sintiendo cada uno de esos personajes yo lo conozco: yo sé lo que estoy diciendo, yo sé lo que es sentirse no querido, sé lo que es sentir quiero tirarme a la vía del tren. El éxito y el vacío de esto es mentira. Hacer. Todo eso yo lo he conocido, si no, no podría ponerme ni en los pies de esos personajes, ni narrar la historia, ni dirigir a los actores.

