En las ficciones sobre la historia de Roma, el Senado ha sido una institución con mala prensa, presentada como un escenario político de profunda corrupción. Por supuesto, como advierte Santiago Posteguillo, escritor español que ha desarrollado en miles de lectores la obsesión por la novela histórica, no se puede hacer un correlato directo entre el Senado en Roma y los senadores de las actuales democracias. Lo que sí se puede, afirma el autor de ‘Los tres mundos’, su última publicación sobre la vida de Julio César, es establecer paralelismos entre los niveles de corrupción de los políticos del siglo XXI y aquellos que vestían péplum.
“Se dice normalmente que el poder corrompe, pero no creo que corrompa en sí mismo. Lo que pasa es que, tanto en Roma como hoy día, quienes nos representan están sometidos a presiones de distinto tipo. Lo que hay que procurar es que quienes nos representan sean personas con principios coherentes. Porque suele ocurrir que nos prometen unas cosas y luego no las cumplen. Ese es uno de los grandes problemas de la representación política: que no cumplir con aquello que se promete no tener un efecto legal. Julio César sabía de esto.”, explica Posteguillo.
Ciertamente, no podemos comparar el Senado romano con los senadores democráticos. Pero quien lea su novela más reciente encontrará en las palabras del autor valenciano intrigas políticas casi calcadas de las que vemos en las noticias. Para el popular escritor de novela histórica, siempre existirán similitudes entre las formas de hacer política del pasado y del presente, en la medida en que actores con intereses distintos deben llegar a acuerdos apelando a un mínimo común denominador que los una.
LEA TAMBIÉN
“El problema empieza cuando hay confrontación de intereses”, apunta. Una gran diferencia, destaca Posteguillo, es que, a diferencia de los congresos actuales, los discursos en el Senado romano estaban muy bien pronunciados. “Entonces eran grandes oradores, personas muy cultas en general. Eso en España se ha perdido, por ejemplo”afirma.
A propósito de aquel buen decir, en su novela aborda al personaje de Cicerón, un senador modelo de la prosa latina, cuyos escritos permiten entender los últimos días de la República Romana. Sin embargo, usted lo presenta en su novela como un hombre capaz de acciones miserables. ¿Cuál es su balance de Cicerón?
Cicerón supo defensor la legalidad de forma muy honorable y valiente. Pero en su lucha política contra César, fue utilizando argumentos y estrategias que rozaron la ilegalidad. Maniobras y contramaniobras bastante duras. Pero debo decir que, dentro de los oponentes de César, fue el menos radical.
Terminadas todas sus batallas, describe a Julio César llamando a su escriba para dictarle sus ‘Comentarios de la guerra de las Galias’. ¿Cuánto le sirvió este clásico para escribir su novela?
Leer ‘Comentarios de la guerra de las Galias’ escrito por César me aporta información, pero se trata de información que debo filtrar. A veces, en la versión de César hay datos algo, o bastante, adulterados. Eso se confirma con los descubrimientos de historiadores posteriores, a partir de datos arqueológicos que confirman emplazamientos, lugares, personas involucradas en los asedios, etcétera. Por otro lado, el libro te ayuda a entender a César, a entender cómo piensa. Podrás estar de acuerdo o no con él, pero lo entiendes. Eso es lo más importante que me aportó leer sus textos.
LEA TAMBIÉN

¿Su conquista de la Galia, que anexó a la República Romana territorios que incluyen lo que hoy es Francia, Bélgica, parte de Suiza y de Alemania, fue el inicio de lo que consideramos Europa?
Sin duda. Y no solo de Europa, sino de lo que es Occidente. Por eso es tan transformadora y clave la figura de Julio César. Él creó Occidente, lo que no es poco. Es el segundo gran globalizador del mundo, después de Alejandro Magno.
¿Cómo encuentra el equilibrio entre dos enfoques contrapuestos de la historia: la que se dedica a narrar batallas y la que analiza detalles de la vida cotidiana?
Para mí, era muy importante hacer ese doble relato. Por un lado, es muy interesante investigar la logística y las estrategias militares de César en la guerra de las Galias, algo que se sigue estudiando en West Point, en Estados Unidos, por ejemplo. César no hacía ningún movimiento militar sin tener en cuenta la logística. Si algo le preocupaba antes de cualquier batalla, era su línea de suministro.
“Uno de los grandes problemas de la representación política es que no tiene efecto legal el no cumplir con aquello que se promete”.
Su colega Arturo Pérez Reverte comentó hace poco que Europa ha perdido gran parte de su influencia moral en el mundo. En sus propias palabras, dice que se ha prostituido y vulgarizado. ¿Usted cree que Europa hoy en día se ha vuelto una potencia de segundo orden?
Las palabras de Arturo son siempre drásticas pero respetables, aunque yo no las suscribiría exactamente. Sin embargo, lo de “potencia de segundo orden” es verdad. Europa ha abandonado sus funciones en algunos aspectos. No voy a estar de acuerdo nunca con las formas del presidente Trump ni con el 99 por ciento de las cosas que dice, pero no deja de tener fundamento cuando afirma que Europa, desde la Segunda Guerra Mundial, no asume el tema de defensa con fuerza. A mí Europa me recuerda mucho a la Grecia de la antigua Roma, conquistada en torno al siglo II antes de Cristo e incorporada al Estado romano. Roma admira mucho la historia de Grecia, sus filósofos, sus grandes autores de teatro, sus matemáticos. A Europa le pasa lo mismo: tenemos un magnífico escenario, pero lo que Europa quiera decir hoy en el mundo importa bastante menos que hace un siglo. Importa mucho más lo que diga Estados Unidos o lo que pueda pensar China. Y después, el poder residual, pero aún muy potente, de Rusia y otros poderes emergentes de Asia. En ese mundo nuevo que emerge, Europa no ha sabido encontrar su puesto. Y podría que planteárselo.
LEA TAMBIÉN

Su novela inicia con la campaña de César contra Ariovisto: no se trata de una batalla de romanos contra germanos. César tiene en sus filas tropas galas, en las cuales no confía, y podrían volverse contra ellos. ¿Cómo podía combatir a César con tan precarias alianzas?
César avanzaba en un territorio sin poder centralizado. Había más de 15 líderes galos, cada uno con sus propios intereses. Tenía la habilidad de moverse en medio de esa compleja agenda, pactar con unos para que le ayuden en la guerra y aislar a aquellos que no estaban con él. Esto requeriría una gran inteligencia diplomática.
Una muy joven Cleopatra aparece en su novela. Una joven con una notable empatía con la gente, que no teme meter los pies en el fango en una inundación en Alejandría. A propósito de esta escena, no pude pasar por alto la inundación en Valencia y la pésima gestión del gobierno local. ¿Aquella tragedia influyó en el proceso de escritura de su libro?
¡Yo estaba a cincuenta metros del barranco que se desbordó! Perdí mis dos autos en la inundación. No perdí la vida porque decidí no cambiar el coche de estacionamiento. Tuve muchísimos problemas. Sin duda, un escritor redacta desde sus experiencias personales. Lo que no puedo es alterar la historia, pero si narro una inundación, es muy posible que, de alguna forma, eso flore en la novela.
¿Pensar en Cleopatra le sirvió un poco de consuelo personal?
Digamos que de apoyo para reflexionar. Está claro que hubo una interrelación entre el capítulo de mi novela dedicado a la crecida del Nilo y lo que ocurrió en Valencia el 29 de octubre de 2024.
ENRIQUE PLANAS – El Comercio (Perú)
