Luz Arcas (Málaga, 1983) es un verso suelto en nuestra danza. Poseedora de un lenguaje propio y poderosamente sugestivo, sus trabajos son un iceberg que esconden mucho más que lo que muestran. Así es también’Morfina‘, una pieza que, dice, nace del … estudio de lo ritual y todo aquello que se da «en paralelo a la realidad», como el sueño, el trance o lo espiritual, y que se sitúa en el origen y motor antropológico de la danza.
El punto de partida de ‘Morphine’ son los textos de Emmy Hennings, una de las creadoras de Cabaret Voltaire, que daría inicio al movimiento Dadá, y que fue, además de performance, mendiga, morfinómana, prostituta, estuvo en la cárcel y fue una mística cristiana. Se cruzan también por la pieza las lecturas de la espiritista Agustina Gonzálezla teoría de los siete cuerpos, el proceso de desencarnación o la tradición folclórica de Andalucía; el trabajo con el director Pedro G.Romerocon la cantaora Inés Bacán y con el músico Xavier Erkizia.
Escuchando a Luz Arcas -«bailar para conectar con fuerzas invisibles, luminosas y oscuras, provocar y sostener el trance, generar acontecimientos, lanzar ofrendas, peticiones»- resuena la memoria de Isadora Duncan, que rompió a principios del siglo XX las reglas de la danza, donde reinaba el ballet, y sentó las bases de la danza contemporánea. «¡Mi hija se llama Isadora!», dice. «¡Es muy fuerte! Cuando aparece la danza moderna lo hace contra la danza como entretenimiento burgués, contra el concepto de ballet, contra una concepción muy masculina de la danza de gran formato y cuerpos apolíneos… Isadora aparece para hablar con el más allá y para volver al origen de la danza, que se sitúa no en las cortes palaciegas del siglo XVIII, sino en el pasado más lejano, en la cultura griega. Y esa es la clave de esta obra, que la siento un poco manifiesto; es pensar que el origen de la danza era un cuerpo haciendo gestos para que lloviera, o para quedarse embarazada, o… Hay una conexión mágica»
Hay en las coreografías de Luz Arcas un trabajo conceptual muy intenso, pero ¿cómo se lleva eso al público con el movimiento como único, y limitado, modo de expresión? «A mí me interesa la danza para los otros cuerpos precisamente porque creo que en ese gesto mágico se convocaba a la gente. Y siempre es conectar o pedir para tu pueblo. De hecho, mi compañía se llama La pharmaco, que es el chivo expiatorio, veneno y remedio al tiempo».
Necesidad de trascendencia
Tiene la creadora un norte. «Siempre busca la bellezapero creo que tengo una visión de la belleza un poco particular. No es que sienta que soy especial ni nada de eso, pero muchas veces a mí me han me han dicho que no busco la belleza, o que es violenta. Pero para mí la belleza siempre es conmoción, y yo busco la conmoción, la subversión. La belleza siempre es subversiva, siempre cuestiona, siempre lo revienta todo, y por eso paraliza, congela o lleva la acción, pero es siempre impactante».
Lo que trata de comunicar en ‘Morphine’, sigue Luz Arcas, es «esa necesidad que tenemos de trascendencia del cuerpo, algo súper inspirador. Y no sé si lo consiguió o no, pero me interesa más la propia necesidad que la forma». Aspira también a que su lenguaje sea totalmente libre y no tenga cortapisas. «En esta obra, por ejemplo, me resultaba muy interesante toda la búsqueda del cuerpo jondo; extraer en mi cuerpo la memoria colectiva de mi tierra, Andalucía, sin una mirada formalista o pegada a un lenguaje concreto, sino casi más como una energía que alimenta. Y de alguna manera se ha conformado dentro de mi cuerpo una especie de territorio que ya siempre está, y siento que puedo ir más lejos con esas raíces puedo ir más lejos. Estudié unos años danzas tradicionales indias, que me interesaban mucho por la parte percutiva y por la capacidad narrativa del gesto; también por lo devocional, son danzas que siempre quieren hablar de los grandes temas de los dioses».
Y en ‘Morphine’, sigue, ha dejado que su cuerpo «transite mundos muy abiertos, a la vez muy bailados y creo que extremos. La obra está marcada por dos energías muy claras y muy extremas, que son lo sagrado y lo impuro; la devoción y la marginalidad, lo desechado. Están las dos en un territorio un poco extraño, en lo que deseas ver y no ves y en lo que no deseas ver y ves».
Flamenco
Confiesa que interpretar esta obra, un solo, le impone mucho. «Tengo que estar muy muy fina, muy concentrada, porque requiere también una preparación previa fuerte, Es un ejercicio interpretativo muy sutil, más que otras piezas mías que son muy físicas; ‘Morfina’ es también muy físico, pero requiere un estado muy inspirado, muy sensato. Y él de conseguir que esté esa hipersensibilidad».
En la obra, añade, está toda su trayectoria, «todo lo que me ha dado el flamenco, todo lo que me ha dado la danza contemporánea, todo lo que me ha dado mi trabajo con el objeto, que es algo que llevo profundizando mucho tiempo; todo lo que me ha dado mi trabajo sobre los ritos, los trances, los éxtasis… Mi lenguaje es muy ecléctico.lo mismo que esta obra, que recoge un poco de todas las cosas que él trabajó siempre».
El flamenco es un universo al que, especialmente en Andalucía, es difícil resistirse. No lo hace Luz Arcas, que abordó directamente «y de una manera explícita» el flamenco en el ‘ciclo de los milagros‘. «He querido que todo lo que he aprendido del flamenco, que es muchísimo, esté en esta pieza, pero sin referencia explícita. Creo que el flamenco está hecho para la transgresión y para la subversión, y es un mundo con el que me siento muy conectado y que me acoge además mucho».
