Pedro Sánchez “es imponente, un hombre con grandeza / es la esperanza contra la fachosfera / él es capaz de sumirte en la miseria / y tú ser feliz como un día en la feria”. Esta definición del presidente del Gobierno es una de las estrofas que han hecho famosos a los Meconios. Este dueto de tintes humorísticos formado por Sergio C. Martínez y Mario Camps saltó recientemente a la fama después de que Isabel Díaz Ayuso, fan declarada de la banda, subiera al escenario del concierto que celebraron en Arganda del Rey.
Comedia, la presidenta madrileña se limitó a cantar feliz navidad con la formación satírica valenciana, pero el vínculo con las letras mordientes había quedado claro, tan claro como que a Ayuso le gusta la fruta igual o más que la música de Depeche Mode. No en vano lleva en el brazo un tatuaje con el símbolo del disco Aniquiladoruno de los más conocidos de la formación británica, que a su vez se ha convertido en favorito de la nueva derecha liberal. Incluso uno de sus fundadores, Martin Gore, tuvo que desmentir cualquier vínculo con el movimiento conocido en los países anglosajones como la extrema derecha y mucho menos con los predicados que defienden.
La ideología conservadora ya no se esconde tras la canción melódica tradicional y apolítica, que fuera tan del gusto de las élites franquistas. No, su senda recorre actualmente los mismos caminos de la música de masas, acercándose al pop, el rock, el rap y la música urbana, así como las bandas de inspiración cristiana, como la exitosa Hakuna.
El pensamiento conservador ha llegado a las masas dulcificando su mensaje, al tiempo que da la espalda a las ideas extremistas de la música ultra.
Vox apuesta ahora por géneros populares, como demostrar en sus fiestas Europa Viva, un baño de masas que el partido de extrema derecha celebra anualmente en Madrid, donde, además de los Meconios, han accionado artistas como el ex-Barón Rojo Sherpa o los raperos Santaflow y Angie Corine, que han llevado a sus letras el discurso patriótico y contrario al feminismo que defiende desde hace años el partido de Santiago Abascal.
Al mismo tiempo, los políticos del PP acuden a conciertos de bandas cristianas para asegurar su público mientras unos y otros dan la espalda al movimiento ultra, minoritario pero persistente.
“¡Viva el comunismo!/Ja, te imaginas?/Que entro en mi casa y tengo un okupa en la cocina/Que de todo lo que gano, la mitad va pa’ la vecina/Y la otra mitad pa’ Pedro pa’ que viaje a Filipinas”. Estas son las letras que defiende Angie Corine, que con más de 700.000 seguidores en Instagram se ha convertido en la musa del rap de extrema derecha. Esta youtuber mitad polaca, mitad estadounidense y afincada en Madrid es una de las conocidas de los Meconios, que en el 2022 protagonizaron una polémica cuando organizaciones defensoras de la memoria histórica pidieron que la Fiscalía actuara por el tema Volver al 36donde cantan: “Somos la resistencia, somos fachas/ los podemitas son la democracia./ Si votas al PP eres franquista/ y si te gusta Bildu un pacifista”.
“No nos gusta que nos digan lo que podemos o no podemos hacer, creemos en la libertad y en que todo es criticable” afirma el Meconio Sergio Martínez. “Es verdad que ahora criticamos al gobierno o al wokismo porque creemos que son muy criticables y además dan mucho juego a nivel humorístico”, añade para matizar que “el día de mañana no nos cerraremos a criticar al PP o VOX, tampoco es que se nos pueda encasillar aunque del contenido de nuestras canciones seguramente se pueda sacar esa conclusión”.
Los Meconios han apostado por la sátira política de trazo horrible empujados por el éxito que consiguen, eso sí, sin renunciar a lo que piensan. “No vamos a hacer una canción a favor de Podemos porque pensamos que va a ser comercial, pero buscamos hacer cosas que nos vayan a dar rédito. El Rufí es porque pensamos que va a funcionar” comenta el tema dedicado a Gabriel Rufián, que “Se hizo político para poder trincar/con el cuentito dels ‘Països catalans’”. De ahí que dejen claro que no cobran de ningún partido, “no estamos casados con ninguna sigla, defendemos la libertad y que somos muy españoles y mucho españoles, como diría Rajoy”.
Esta mezcla de sátira y política provoca que, al buscar su música, el algoritmo recomienda bandas tan opuestas como Ojete Calor, adalides del subnopop, y Estirpe Imperial, veterana formación de la escena neonazi. “Con Ojete hay parecidos, entiendo que pueda relacionarse con ese electropop de los 80 o 90 en canciones como la de Sara Santaolalla o Pedro Sánchez, pero ellos hacen subnopop y nosotros meme político, memepop”, comenta Martínez, que descarta cualquier relación con Estirpe Imperial, “pero el algoritmo de Spotify es un poco caprichoso”.
“Los Meconios tienen una ideología conservadora, tradicional, pero los grupos de extrema derecha ya son xenófobos, racistas, incluso misóginos” apunta la profesora de Periodismo y Comunicación Isabel Martín-Sánchez para distinguir la diferencia entre la música de derecha y la de extrema derecha, que desde los años 80 defienden bandas vinculadas al movimiento RAC, siglas de Rock Against Communism (rock contra el comunismo) que hasta la fecha era la única música que expresaba públicamente sus predicados derechistas, neonazis en muchos casos y habitualmente minoritarios.
Estas formaciones, como los disueltos Batallón de Castigo o los barceloneses Jolly Rogers, utilizan la música para atraer y retener a la gente, especialmente joven, a los postulados de la ultraderecha. “Utilizan la música porque es un elemento amable, bajo la diversión te están calando un mensaje que, si lo escuchas de un político o un discurso tradicional, no entra tanto”.
Vestimenta y simbología son algunas de las características destacadas de los aficionados a esta música, de la cruz de Borgoña de los tercios a la cruz gamada. “Es un universo que les sirve para llegar a esa ideología de forma más benévola” comenta Martín-Sánchez, que recuerda cómo Estirpe Imperial tuvo su caseta en un acto de Vox donde vendía todo tipo de material con simbología nacionalista, “es una indumentaria dirigida a gente joven, lo mismo que está haciendo Trump con la gorra”, comenta. “Quienes van a esos conciertos llevan esa vestimenta, hacen los mismos gestos, cantan la misma música, es un movimiento coral que provoca una identidad frente al otro”.
La banalización de la simbología fascista ha calado en la juventud hasta el punto que el cara al solhimno del falangismo, ocupó hace cinco años el quinto puesto entre las canciones más escuchadas de Spotify. “No saben lo que significó, hay un desconocimiento de la dictadura y lo ven como algo bonito, porque realmente es un poema cantado, y se viraliza”. Si estas tendencias no van a más es porque chocan contra el muro de la ley de delitos de odio, “no crecen porque judicialmente no se les permite, hay una fiscalía de delitos de odio constantemente vigilando” apunta la profesora.
Esto lleva a que las formaciones de extrema derecha se comuniquen a través de canales privados para evitar la persecución en redes sociales. “En cuanto un grupo sube un vídeo los supervisores lo quitan inmediatamente, pero sus fans son muy activos y siempre están tratando de zafarse de esta censura”. De ahí que sea relativamente fácil encontrar estas canciones en las redes, “llegan a un público minoritario, pero llegan”.
Estas bandas suelen estar ligadas al mundo de los hooligans del fútbol y muchos de sus miembros han pasado por prisión. Es el caso de Batallón de Castigo, formado en la prisión de Alcalá Meco por internos de ideología neonazi, o Torquemada 1488, banda ligada a las Brigadas Blanquiazules del Espanyol, que con su nombre homenajeaban al inquisidor que tuvo a los judíos en su punto de mira. “Forman un universo de propaganda ultra que utiliza la música en encuentros donde incluso utilizan juegos de tipo medieval, les atrae esta puesta en escena que emboba”.
Sin significación política clara, pero seguida mayoritariamente por un público de pensamiento conservador, se encuentran las formaciones de música cristiana, que han proliferado en los últimos años con notable éxito. Destaca entre ellas Hakuna Group Music, formación que el pasado 12 de enero Reunión a 12.000 personas en el Palacio de Vistalegre de Madrid para presentar su última discoteca, túun trabajo que quiere ser “de alabanza a Dios por ser Dios”, según relató la portavoz del grupo, Macarena Torres.
Esta banda nace a partir del movimiento Hakuna, fundada por el sacerdote José Pedro Manglano, numerario del Opus Dei, con motivo de la Jornada Mundial de la Juventud del 2013 celebrada en Río de Janeiro. Un año después nació la formación musical, que a lo largo de este tiempo ha publicado siete discos con más de 14 millones de reproducciones en Spotify, 387 millones de visualizaciones en TikTok y 150 mil seguidores en sus redes sociales con el tema Huracán como mayor éxito, alcanzando el cuarto puesto en Spotify.
El éxito de Hakuna Group Music es el elemento más visible de un movimiento que cuenta con grupos de oración y formación además de organizar acampadas y otros eventos. Sin vinculación política alguna y “al servicio de la sociedad en su sentido más amplio”, como destaca Macarena Torres, la agrupación está amparada tanto por el papa Francisco como por León XIV.
En España, y más en concreto en Madrid, Hakuna ha celebrado conciertos multitudinarios como el que Reunión a más de 60.000 personas en la plaza de Cibeles en el 2023, o el lleno en el Movistar Arena del 2024, con 17.000 personas. En una de sus últimas actuaciones multitudinarias, el pasado 22 de diciembre, estuvieron presentes Isabel Díaz Ayuso y Alberto Núñez Feijóo para cantar villancicos con la banda, que se instaló en el balcón de la Real Casa de Correos de la capital española.
“Tampoco es que hayamos tenido la intención de convertirnos en eso, pero al final creo que es un poco la canción protesta del siglo XXI” reflexiona Martínez sobre el papel de los Meconios. “Muchas veces se ha asociado a los grupos punk, en Catalunya hay grupos con marcados tintes independentistas y no se pone el grito en el cielo. Sin embargo con nosotros parece que Franco se vaya a subir al tablado, y ni mucho menos” es sólo que la música se adapta a los tiempos para todos los gustos.

