Hay cineastas que hablan de películas y otros que hablan de una forma de vivir. Mia Hansen-Løve pertenece claramente al segundo grupo. Este sábado, en el D’A Festival de Cinema de Barcelona, la directora francesa recibió el Premio de Honor y dejó una idea que retoma su relación con el cine: “El cine es como una droga”.
No era una provocación. Hansen-Løve grababa así sus inicios como actriz —en Finales de agosto, principios de septiembre (Olivier Assayas, 1998)— y el impacto que tuvo en ella descubrir un rodaje siendo aún muy joven. “En el plató la vida se aceleró y me sentí viva”, explicó. Desde entonces, rodar no es solo una práctica creativa, sino una necesidad.
Ese vínculo casi físico con el cine atraviesa también su obra. En el coloquio posterior a la entrega del premio, en conversación con el crítico Philipp Engel, la cineasta defendió una forma de filmar centrada en los personajes y en la empatía. “No podría rodar sobre un personaje que odiase”, afirmó. “Se debe rodar a favor del personaje”.
Una cineasta contra la inercia de la industria.
En un contexto marcado por la estandarización de los lenguajes audiovisuales, Hansen-Løve reivindica una vía propia. Su cine rehúye tanto la espectacularidad como los mecanismos más evidentes del drama. “Es fácil provocar emociones de forma mecánica, pero no me interesa”, señaló. En sus películas, la tensión no pasa por el sobresalto, sino por lo emocional.

Tampoco hay fascinación por la técnica. Frente a los grandes dispositivos de producción, la directora insiste en una idea más sencilla: mirar. “Me interesa construir la mirada de los personajes”, explicó, subrayando una concepción del cine donde lo esencial no está en el aparato, sino en la relación con lo filmado.
Esa relación se extiende también a los espacios. Antes de rodar, Hansen-Løve dedica tiempo a conocer los lugares, a habitarlos. No es un método casual: su cine, dijo, está hecho de “pequeños tránsitos cotidianos”, difíciles de ensayar y más cercanos a la vida que a la representación.
Filmar pese a todo
El reconocimiento en Barcelona llega en un momento complejo. La directora trabaja en su próximo proyecto, una película biográfica sobre Mary Wollstonecraft, figura clave del pensamiento feminista y madre de la escritora Mary Shelley -madre a su vez de frankenstein-. Un proyecto ambicioso que está resultando especialmente difícil de financiar.
“El tema de la financiación puede llegar a ser agotador”, admitió. Lejos de plantearlo como un bloqueo creativo, lo describe como una batalla en la que lo importante es no perder el sentido inicial. Para mantenerse conectado con la película, recurra a la música, a las canciones que imagina que acompañarán a los personajes: “Eso me devuelve al origen, al porqué de todo el esfuerzo, a la historia que quiero contar”.
Tras varios años sin rodar, Hansen-Løve no habla de pausa, sino de proceso. Su cine —como quedó claro en su paso por el D’A— sigue dependiendo menos de las oportunidades que de la necesidad. Y, sobre todo, de una fidelidad radical a su propia forma de mirar.

