Cuando Carlos Tristeza comenzó a escribir lo que ha terminado siendo el ensayo El ruido de las estrellas (Lunwerg), no pensó que fuera a publicarse. El cantante y compositor reconoce que, precisamente por ello, no tuvo reparo en exponerse como lo ha hecho en sus páginas. Se palpa de la manera en la que ha abrazado su vulnerabilidad, compartiéndola de forma explícita y con generosa transparencia.
Aquellas reflexiones que partieron de un momento de crisis de identidad se convirtieron en el contexto inseparable de las que posteriormente volcaría sobre el proceso de creatividad. Fue entonces cuando decidió unirlas, y que de manera conjunta materializaran su nuevo libro. Sintió que debía incorporar ambas líneas de pensamiento y no esconder las más íntimas por una cuestión de pudor, que es algo que, como artista, defiende que “debes aprender a manejar. Aceptar que no puedes tenerlo porque a veces es una censura muy grande”.
