Antes de que la melatonina se popularizara como ayuda externa para dormir, lo mejor era contar ovejas. Umberto Pasti (Milán, 1957) tiene otro método: imagina cómo sería su alfombra ideal. Los colores, los nudos, los medallones pérsicos que lo adornarían… Vaya, es su manera, quizás inducida por su afición a coleccionar trozos de alfombras –pedazos, no completas, ojo. En todo caso, son rasgos que el autor italiano ha atribuido también a su alter ego en la novela.arabesco(editorial Alcantilado, traducción al castellano de Luis Arias García), como muchos otros. El principal, su amor por los jardines. No en vano, Pasti posee y gestiona un jardín en Rohuna, en el nordeste de Marruecos, para preservar millas y millas de especies nativas en peligro.
La novela sigue ese hilo salvaguardador. Está escrita en primera persona, la de un coleccionista que se ve empujado a preservar en su casa el espíritu exuberante de la Tánger de hace cuarenta años. Se esforzará para recuperar los vestigios de la ciudad entre sus paredes, pero también en su jardín.
El autor italiano mezcla estilos literarios para denunciar todo aquel progreso que destruye paisajes y tradiciones.
La historia se le presenta al lector gracias a otro personaje, el fantasma de Diego Mullor, un caricaturista andaluz que se exilió en Tánger cuando Franco tomó el poder en España. Es esta suerte de espectro de distintas formas y tamaños, al principio indefinidos, quien empuja al protagonista a escribir la historia de la casa. Está interesado, porque Umberto vive allí ahora, pero fue Mullor quien la levantó.
arabesco mezcla realidad con ficción. “Casi todo lo escrito es inventado, si bien es verdad que también hay muchos elementos autobiográficos –reconoce Pasti– y el yo que explica la historia se parece mucho a mí porque tenemos cosas en común, como el coleccionismo y el amor loco por Tánger”. Mullor también es un batiburrillo entre lo imaginado y lo real: “Es un señor que he encontrado en mis lecturas, pero realmente no vivió en aquella casa”.
La lectura de arabesco requiere, porque atención es también una mezcla de géneros literarios, en ocasiones muy diferentes: ahora parece un ensayo de historia del arte marroquí, luego un caso policial con asesinato incluido. También adquiere un aire gótico con la presencia de este fantasma, a menudo envalentonado y maleducado. “Mi intención era hacer un arabesco de géneros literarios diferentes”, explica.
Todos estos estilos y afanes de preservar la memoria, objetos de coleccionista y especies tienen un motor: la nostalgia. En un momento dado, Mullor le reprocha al protagonista que esté “hundido” en ella. “No me gusta la nostalgia –dice Pasti–. A mí me gusta la época que vivimos, pero al mismo tiempo soy un enamorado del pasado”. Se expresa así porque vive en Tánger desde hace muchos años y ha visto cómo el progreso ha destruido los vestigios de una ciudad que se siente suya: “En Marruecos eso fue tan rápido, tan concentrado y con tan poca conciencia del patrimonio artístico y cultural que tenían…”, se lamenta.
A Pasti le habría gustado “un desarrollo armonioso”, sobre todo con “las clases subalternas”. “Hoy en día, nuestros vecinos labradores, que sembraban y cultivaban la tierra, han desaparecido y donde estaban sus jardines ahora hay chalets de hormigón armado; los fotogramas sobreexpuestos del mito tangerino se abarquillaron y acabaron reducidos a cenizas”, escribe enarabesco.
Pero también se está destruyendo el paisaje. “Como las cosas que colecciona el protagonista, los paisajes son parte importante de la identidad de un pueblo”.
De aquí que haya creado ese jardín en su casa de Tánger y ese otro enorme en Rohuna. “Un jardín es un drama, porque es un encuentro de especies amenazadas”, resalta al autor. Desde Rohuna – donde intenta salvar la esencia de Tánger y que se describe en su libro anterior, Perdido en el paraíso– se impulsan además trabajos sociales. Hoy es una asociación. Mañana, una fundación. porque Pasti quiere que tras su muerte se perpetúe su acción: con el dinero de los visitantes –recuerda Pasti- limpian la bahía, las niñas tienen acceso a los estudios, se mejoran las instalaciones escolares, etcétera.
Lo dice con una sonrisa y con buen humor. Como el que demuestra a menudo el protagonista de arabesco en contraposición a Mullor. “La elegancia que más admiro es el buen humor”, escribe el Umberto ficcionado y dice el Umberto de carne y hueso. Se explica: “La elegancia es una manera de ser natural, de estar en armonía con lo que te rodea. En nuestros días, cuando las cosas son tan tristes a nivel político, internacional y cultural, conseguir estar de buen humor es elegante. Además, con este panorama, creo que un cierto grado de felicidad es uno casi un deber, una obligación que tenemos”.

