Primero fue la autobiografía. Luego el reportaje y el ensayo. Desde hace décadas, el cómic ha demostrado su capacidad para articular relaciones preferidas desde la no ficción. Los ejemplos de cómic periodístico se han multiplicado y eso ha hecho que, en muchas ocasiones, hayan abusado de una narración bienintencionada pero plana y poco creativa, incapaz de aprovechar las posibilidades del medio.
No es el caso de La esperade Mario Trigo (Garbuix Books), un trabajo inteligente, narrado con viveza y con un notable sentido del ritmo. Un libro articulado en doce capítulos que no pierde jamás el interés gracias a un elegante dibujo capaz de combinar la vertiente narrativa del cómic con las posibilidades más explicativas que permite la información gráfica. Viñetas, composiciones de página y secuencias que convierten este reportaje ensayístico en una lectura muy estimulante.
La espera parte de un encargo real que recibió el propio autor, quien fue durante años jefe de redacción de la revista Revista Altaïr así como ilustrador. Combinando estas dos facetas de redactor y dibujante, recibe el encargo de pasar unos días en las montañas de León esperando avistar una manada de lobos en su hábitat natural. Verlos y retratarlos con su lápiz.
El cómic es el resultado de esa expedición, es la historia de una espera —la del lobo— que se mezcla con otra espera más íntima, la del hijo de Trigo, que está a punto de nacer. Y así esa espera deviene deseo: porque se puede esperar algo como también se puede desear algo, nos recuerda el autor. Siguiendo estas dos esperas, el cómic alterna momentos donde la naturaleza y el paisaje son los protagonistas, junto con secuencias en las que lo cotidiano se materializa de forma austera, por ejemplo, en una llamada telefónica durante la noche.

Junto al relato profesional y personal, que actúan como dos voces que dialogan en el libro, se suman otros pasajes dedicados a la representación cultural del lobo en pinturas, novelas o películas, que conforman un rico imaginario sobre este animal fascinante y esquivo, vinculado a menudo con la maldad. El lobo, recalca Trigo, es “el malo del cuento”. Los evangelios tampoco hacen un retrato halagüeño.
Uno de los pasajes más originales del libro es el que hace referencia a la construcción del embalse de Riaño, una obra que se gesta durante décadas y que supuso la desaparición de nueve pueblos anegados bajo el agua. Su historia, que se explica con el apoyo de fotografías antiguas, tiene que ver también con el lobo y con los cambios en su ecosistema.

El autor incide también en debates controvertidos, como los que hay entre conservacionistas de la naturaleza y cazadores o granjeros. ¿Hay que prohibir totalmente la caza del lobo? ¿Es un peligro para el ganado? Como exige la buena praxis periodística, Trigo da voz a las distintas partes implicadas para que, como lectores, tengamos una información plural que va más allá de un par de frases tópicas.
Con estos elementos, La espera se convierte en un libro estimulante sobre la naturaleza y la memoria ya la vez en una declaración de amor a los paisajes agrestes de los Picos de Europa y al mundo salvaje. La espera Es un ensayo que recalca el valor de la paciencia en tiempos acelerados y que reivindica la necesidad de sentarse a observar. Observar para comprender. Y tener tiempo para hacerlo. Características propias del periodismo que aquí, felizmente, se encarnan en un valioso cómic.

El apunte
Más lobos, más naturaleza.
A quienes, tras leer La esperade Mario Trigo, deseen seguir con lecturas similares, debemos recomendarles otra novela gráfica que tiene como protagonistas al lobo y los rocosos paisajes de las montañas francesas. Se trata de el llopde Jean-Marc Rochette, publicado en catalán por Símbol Editors. Un soberbio trabajo sobre este fascinante animal narrado por un autor que conoce bien la montaña y que logra el milagro de trasladar al dibujo el vigor y la belleza de los grandes paisajes naturales.

