La victoria franquista en la Guerra Civil española se fraguó gracias en buena parte a una ofensiva que blandió unas armas distintas de las que se disparaban en el frente bélico: el hambre, la propaganda, la diplomacia y la infiltración en el corazón de la cúpula republicana. Militarmente, en los últimos meses del conflicto, «la República está en un escenario complicado desde la batalla del Ebro (que terminó en noviembre de 1938), pero aún tenía muchas grandes ciudades, importantes bases navales, puertos, medio millón de combatientes y una población de diez millones de habitantes, además de un ejército todavía fuerte en Levante y en el Centro». Fue entonces, apunta el historiador Gutmaro Gómez Bravo, cuando el cuartel general de Burgos (que Franco se desarrolló como base de operaciones y capital del bando sublevado) desplegó una estrategia que buscaba rendir al enemigo más que combatirlo: se volcó en captar a la población y volverla en contra de la República y en promover que toda esa masa se rindiera en vez de permitir que alargaran la contienda o hicieran una guerrilla. Ese fue el trabajo de la inteligencia, del SIPM (Servicio de Información y Policía Militar franquista)».
Franco saluda a lasalida del cuartel general en Burgos durante la Guerra Civil, el 10 de octubre de 1938. / AP
Así currículum este catedrático de Historia Contemporánea en la Universidad Complutense de Madrid algunas de las conclusiones de la investigación que ha vertido en ‘Cómo terminó la Guerra Civil Española’ (Crítica). Tras bucear en documentos, muchos inéditos, de archivos internacionales (alemanes, rusos, franceses…) y españoles, como los «manipulados» de la Fundación Francisco Francoque cotejó con otros, detalla el papel de aquella moderna y muy bien planificada estrategia de inteligencia del SIPMdirigido por el coronel y jefe Nacional de Seguridad José Ungríaque además contó con la decisiva «instrucción y ayuda de la inteligencia nazi», léase la Gestapo de Heinrich Himmler. “La Legión Cóndor no solo era la aviación sino una unidad de élite de inteligencia que les enseñó el modelo alemán desde el principio: el sellado de fronteras y la encriptación, la policía secreta y la información… Eso dio a Burgos una ventaja tactica que les condujo al final de la guerra. Fue un ensayo de la Segunda Guerra Mundial».
“Todas las comunicaciones de los republicanos fueron interceptadas por Burgos”
Aquella estrategia culminante en la rendición incondicional de la República. «Franco no quiere un armisticio, ni mediación internacional. No quería que pareciera una negociación política. Tampoco quería división interna en sus filas. Quería a los republicanos rendidos, capturados y doblegadosy el partido únicoque ya tenía controlado. Todo eso tuvo consecuencias para la población, porque al no haber armisticio, los que lucharon no fueron considerados combatientes sino delincuentes». Y de ahi la posterior y brutal represión.

Francisco Franco y el general Fidel Dávila (de espaldas), jefe del Ejército del Norte, comen desde un puesto de mando situado en el Coll del Moro durante la batalla del Ebro, entre octubre y noviembre de 1938, hacia el final de la Guerra Civil. /EFE
La propaganda de los rebeldes enviaba mensajes a la población ya los militares republicanos, por ejemplo «lanzando octavillas en las ciudades y en el frente para fomentar la colaboración y la deserción, con mensajes como el de ‘si no tiene las manos manchadas de sangre, no tiene nada que temer’». Promesas que luego no cumplieron.
“Los franquistas se habían infiltrado en la República mucho más de lo que pensábamos”
Explica el también autor de ‘Los descendientes’ (2025) que el hambre fue el Caballo de Troya de la inteligencia militar franquista. «La población es ajena a la operación militar. Tras mil días de guerra, la gente estaba cansada, pasaba hambre y quería el final de la guerra.y el mensaje que lanzaban desde Burgos era que todo era culpa de Negrín (presidente de la República)), que ‘daba alimentos solo a las tropas’. Y allí donde llegaban reactivaban el agua, la luz… Desarollaron al máximo la guerra psicologica».

El presidente de la República, Juan Negrín, y el general Vicente Rojo (a su derecha), con otros altos jefes del Ejército republicano, en la despedida a las Brigadas Internacionales, en octubre de 1938, en Poblet (Tarragona). / Juan Guzmán / EFE
Y recalca: «Negrín no tenía aparato militar para contrarrestar al de Franco. Todas las comunicaciones de los republicanos, que eran en abierto, eran interceptadas por Burgos, donde usaban el cifrado. Llegó un punto en que Negrín quedó aislado». «Los franquistas se habían infiltrado en la República mucho más de lo que pensábamos –destaca–. Los militares profesionales de ambos bandos se conocieron entre ellos porque habían sido compañeros de armas.se habían formado en la misma escuela, así que los de Franco captaron y absorbieron a sus homólogos republicanos, que estaban ya quemados con la deriva de la guerra y sabían que no había nada que hacer. Por ello conocían hasta los mapas de la logística republicana».
La quinta columna madrileña
«Muy importante fue el papel de la quinta columna madrileña», recalca, formado por un grupo de élite afín a Franco que se conjuró a finales de 1938 como el consejo asesor Dirigido por el líder de Acción Católica, José María Taboada, y trabajó en la sombra de la república preparando el camino para la llegada del ejército nacional. «En él estaba el decano del Colegio de notarios, directores de empresas eléctricas, ferroviarias, gente que controlaba los archivos de justicia, la prensa y los movimientos diplomáticos, y la posición de los católicos en un momento en que el Vaticano abogaba por un armisticio. Iniciaron la negociación para la rendición, hasta el punto de que los republicanos creían que hablaban con el partido único de Falange».
La batalla de la diplomacia
Apunta el historiador además cómo el SIPM gana también la batalla de la diplomacia en el extranjero. Blanquea la imagen de Franco en el exteriorque era «complicado porque estaba dentro del eje italo-alemán», corta la comunicación de Negrín con Londres y París a través de sus embajadores, logra que Los aliados reconozcan, aunque primero sea en secreto, el régimen de Burgos. cuando estalin ya ha retirado su apoyo a la República, y evita la mediación internacional que quería Negrín. Ya tenían vía libre para forzar la rendición incondicional y declarar «cautivo y desarmado» al enemigo.

‘Cómo terminó la Guerra Civil española
Gutmaro Gómez Bravo
crítica
400 páginas
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