La Ley de Eutanasia en España, vigente desde 2021, abrió una puerta a la muerte digna para pacientes con sufrimientos insoportables. Sin embargo, para quienes padecen enfermedades psiquiátricas, esa puerta parece tener múltiples cerrojos.
El caso de Pere Puig Ribas, un vecino de Reus de 54 años, ponele rostro a una realidad estadística cruda: de las 361 eutanasias practicadas en Cataluña en los últimos tres años, solo cinco han sido por trastornos mentales.
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Pere convive con una depresión severa crónica y resistente desde hace dos décadas. Su cotidianidad, según relata, es un ciclo ininterrumpido de ansiedad las 24 horas y ataques de pánico diarios que lo mantienen postrado en una cama la mayor parte del tiempo. Con una discapacidad reconocida del 68 por ciento y una degradación física que le ha hecho perder 10 kilos de masa muscular, Pere ha solicitado la prestación de ayuda para morir en tres ocasiones.
Las dos primeras fueron denegadas; la tercera espera una respuesta que él define como definitiva.
“Desde hace tres años me paso el día en la cama y tengo una discapacidad del 68%, pero la comisión de la Eutanasia considera que mi depresión no es imposibilitante“, afirmó Pere Puig Ribas en declaraciones ofrecidas a ‘El Periódico’.
Pese a que los informes médicos confirmen que padece un sufrimiento crónico e intratable, el órgano administrativo encargado de evaluar las solicitudes no ha considerado que su condición cumpla con todos los requisitos de la normativa.
Pere Puig Ribas padece un sufrimiento crónico e intratable Foto:iStock
Un debate ético y burocrático.
La complejidad de estos casos radica en la propia naturaleza de la enfermedad mental. A diferencia de una patología terminal como el cáncer, donde el pronósticos es más claro, en la psiquiatría la evaluación de la “capacidad de hecho” —la aptitud del paciente para decidir por sí mismo— y la irreversibilidad del cuadro generan intensos debates entre los especialistas.
Albert Tuca, oncólogo y presidente de la Comissió de Garantia i Avaluació de Catalunya (CGAC), explica la cautela con la que se abordan estos expedientes.
“Algunos pacientes con enfermedades mentales tienen tratamientos que pueden mejorar su condición. Son Casos muy complicados, que abordamos con muchísima prudencia.“, aseguró Tuca al mencionado medio catalán.
Por su parte, desde la entidad Dret a Morir Dignament (DMD) señalan que los pacientes psiquiátricos enfrentan barreras burocráticas mucho más altas. Montserrat Sala, médica jubilada y voluntaria de la organización, advierte que muchos ni siquiera llegan a entrar en el proceso de análisis legal porque su solicitud es frenada en la primera instancia por el médico de familia o el consultor.
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“Muchos de los pacientes con trastornos mentales no entrar en el análisis de la prestación de ayuda para morir“, señaló Sala a ‘El Periódico’.
El entorno familiar y el historial clínico.
El apoyo a la decisión de Pere es unánime en su círculo íntimo. Sus hijos, hermanas y su mejor amigo han enviado escritos a la comisión dando fe de un padecimiento que, según una de sus hermanas, arrastra desde hace 40 años.
Su hija Sara describió la situación de su padre como un sufrimiento constante que “no se puede aguantar ni tolerar más”.
La historia clínica de Pere refuerza su argumento de falta de alternativas. El paciente presenta intolerancia a 15 fármacos distintos, incluyendo la esketamina, un medicamento de uso exclusivo para depresiones resistentes con ideación suicida. Según su testimonio, ha agotado las terapias convencionales y alternativas sin encontrar alivio.
A Pere Puig Ribas no le quieren practicar la eutanasia. Foto:iStock
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El panorama de la eutanasia por salud mental en cifras revela la excepcionalidad de estas aprobaciones:
- Solo el 1,38 por ciento de las eutanasias totales en Cataluña corresponden a enfermedades mentales.
- Entre 2021 y 2024 se presentaron 824 solicitudes de ayuda para morir en la región, de las cuales solo 33 fueron por causas psiquiátricas.
- De esas 33 peticiones, apenas recibieron cinco luz verde (tres por depresión grave, una por trastorno afectivo y otra por anorexia nerviosa).
- En países con leyes de larga data como Bélgica o Países Bajos, estos casos representan apenas entre el 2,5 y el 3 por ciento del total.
- Los diagnósticos más frecuentes en estas solicitudes combinan trastornos depresivos (55 por ciento) y trastornos de ansiedad o estrés postraumático (42 por ciento).
Mientras la comisión delibera sobre su tercer intento, Pere Puig mantiene su postura de no volver a intentarlo por la vía legal si recibe una nueva negativa, evidenciando el límite al que puede llegar un paciente cuando siente que su autonomía y su dignidad se han desvanecido en un laberinto de trámites y valoraciones médicas.
*Este contenido fue escrito con la asistencia de una inteligencia artificial, basado en información de conocimiento público divulgada a medios de comunicación. Además, contó con la revisión del periodista y un editor*.
