Aforismos, fragmentos, un dietario en el que conviven lecturas, impresiones, sensaciones que intercambian las lecturas con la parte de escritura. Uno de esos libros que te cambia y emociona, que te nutre, La insistencia de Jordi Doce publicado por Pre-Textos. Desde la primera cita: «Una casa en mitad del páramo/una casa para el refugio y el reposo. Luego parten, de buen mañana, y no se les vuelve a ver». Recuerdos de una infancia, «Los descampados de la mente»rumbo al colegio. pantalones cortos, jose escobarproscritos y Konstantínos Kaváfisque en la torre de Babel convive con Jonás. De la ballena donde: «Sopla un aire de fin del mundo». Antonio Gamonedacon el blues castellano: «Volver a la nevera del mundo sin esperar a Dios ni mucho menos su ayuda». blues del amorde Antonio Gamoneda. La canción. El instante.
Una ausencia que se transmuta en presencia, la lectura, la biografía, una vida en el libro, tinta de muerte y recuerdo. Manchas de café en las páginas que construyen una palabra de adiós: «Siempre me sorprende vagamente despertarme cada mañana, entrar en la cocina y no encontrar huellas de ningún vigilante nocturno». Reyes magos fuera de sitio, fuera del tiempo y del lugar: «Vamos de farol en farol porque vamos a oscuras».
Señor de los anillos. tolkien. Extrañismo. El encuentro con el otro. La soledad es tan fuerte que uno acaba por anhelar incluso a sus fantasmas: «Cada noche, al volver a su cuarto, tiene que dar un rodeo para no tropezar consigo mismo, es decir, con lo que el día ha hecho de él.». Citas, sol en los huesos, Vasili Grossman (vida y destino, ¿el por qué?) «El lector se queda en ese limbo, suspendido entre dos mundos, como un Jano fantasmal que sintiera a la vez en sus mejillas el aliento de la vida y la muerte.». Listas y literatura: «Después de todo, el poema es un puente que inventa su río.». Samuel Beckett: «Solo escribe en la parte de tierra recortada por su sombra.». Un diálogo con el lector, un diálogo con la ausencia, avanza en una noche que no parece encontrar el día asignado: «Cuando enfilamos el camino a casa con impaciencia, es que afuera está lloviendo, aunque no llueva.».
Tomo nota, me igualo con docelo acompaño: «También hay huellos en la olla: para roer, para hacer diente» o «Tienda de repuestos de la rueda de la fortuna». Y vuelvo a la idea de ganarse un nombre, las palabras de Juan Keats y de Samuel Taylor Coleridgela canción de Los herreros en la puerta del cementerio. José Sbarra y Jorge Luis Borgesde Londres a Buenos Aires, en el camino: «Y de tanto auscultar mi silencio conocí las virtudes de la elipsis», camino a otros poemas, a otros poetas. «Nos portamos como oficiales arrogantes que, de ningún modo bajarían a la sala de máquinas de ese submarino discreto que es el corazón.».
Volver a la ciencia-ficción, desde la Tierra Media, Úrsula K. Le Guin. Huir hacia los mundos de Philip K. Dickganar un premio de poesía, recibir una buena cantidad de UBIC por ello. En la mezcla se construye, la reflexión humilde del buscador de pepitas, el oro que se ofrece a sus compañeros, Jordi Doce nos da, después de buscarlo, metales valiosos, metales pesados, a sus lectores. En el día de la muerte de Kubla Khan, la lectura del poema, recuerdo de opioel que nos ofrece a sus compañeros, a sus lectores: «No dejes la tarea bien cerrada al acabar el día. Necesitas un cabo suelto del que tirar mañana».
Un libro, el libro, los libros: «El libro es implacable: hará todo lo necesario para existir; uno es sólo el medio, el pretexto -literalmente- que le permitirá llegar a ser». Una imagen que ofrece semillas para una historia: «La mañana como una estación de tren vacía, en la que nadie nos espera y apenas hay actividad, sólo frío y andenes sucios. El sueño nos llevó muy lejos y nunca terminamos de volver». poeta, TS Eliotllevar el ártico en la sangre, infectando a los nuestros. Dos aforismos, dos instantes: «La vida es otra cuando empiezan a cosernos y arreglarnos la ropa con las agujas del reloj.» y «En la sombra siempre hay sitio para uno más».
Más allá hay dragones. Monstruos, Godzilla, el universo de los monstruos, la tierra hueca, las zonas silenciosas, manchas blancas. Inexploradas. Me inquieta a veces la oscuridad, fallecimiento, de estas páginas. Tomo nota del nombre, del apellido, de las palabras justas: Marina Tsvetáyeva con las palabras justas: «La pureza del cuaderno es precisamente su negra.». El juego de lector, autor, cita.
La noche, la noche es la soledad que hinchada de esteroides, se vuelve, abusón de patio (en una esencia prosaica): «El amanecer juega más limpio». Un díptico entre dos poetas, Rafael Cadenas y Vicente Aleixandre. Con los sintagmas, florecer, abismo, relámpago y oscuridad. O el otro, entre Albert Einstein y Max nacidoque buscan necesidad, ejemplo: un átomo en paralelo con el sistema solar. Al final es mentira. No funciona. El universo y la materia son imperfectos. La entropía corrompe. Pero, en la posmodernidad, llega la tercera dicotomía, entre extraterrestres y robots: «Una veta de soberbia humana que justifica el desastre.». Y el instante, el final, la humanidad en el futuro, monos, simios, besos entre especies, playa y la Estatua de la Libertad, enterrada. Dice Jordi Doce que la ficción postapocalíptica es el ensayo de una despedida.
Creación, contemplación y ausencia, la construcción del paso del tiempo, buscar un lugar, la naturaleza como último refugio. Alejada de la ceniza de las calles.
Pensé en M. /tumbada en una cama en el fondo del piso. Escuchamos el hueco de Marta Agudo. Siendo desconocidos, simples lectores, una empatía que se acerca por la literatura: «Pensé en toda la gente que era atropellada sin que yo pudiera evitarlo». El dolor como algo cualitativo, el dolor como algo cuantitativoel terror de la cercanía: el escribir como profanación, los copos de nieve, la calma y la belleza. Llegar a casa, aún en el abismo, que algo del calor compensa la ausencia.
