El escritor catalán Víctor del Árbol (Barcelona, 1968) ha hecho justicia literaria y poética con Las buenas intenciones (Destino), su última novela y también el cierre definitivo a una trilogía negra, El sicario sin nombreque ha tenido con el corazón en un puño a millas de lectores. Del Árbol puso en el circuito literario a su inspector Julián Leal en Nadie en esta tierra, en 2023. Enfermo y deudor de un caso estremecedor, El tiempo de las fieras (2024), recoge la muerte de Leal y un legado que otros deberán esclarecer. Hasta este volumen, en el que personajes como el sicario, buscan la manera de reconstruir su vida al margen del delito y de la culpa. También lo hará la periodista Clara Fité, pero el poder, el miedo y la conciencia son demasiado arrolladores como para que las segundas oportunidades entierren el pasado. Un cuaderno robado y dos niños desaparecidos están en el nudo de un libro trepidante, asfixiante, muy sicológico. Incluso el crimen, en la palabra de Víctor del Árbol, merece una reflexión profunda. Premio Nadal en 2018 con La víspera de casi todoDel Árbol atesora una importante obra, traducida sobre todo en Francia y en Italia. Su futuro lo perfila, también, sin fronteras entre géneros. Lo importante es escribir, asegura Del Árbol.
¿Su intención es, ahora sí, cerrar con ‘Las buenas intenciones’ esta saga?
Sí, sí, yo creo que tal como lo tenía pensado desde el principio, los personajes han cerrado su círculo vital. Se han ido despidiendo.
Y las de Víctor del Árbol, ¿cuáles son a partir de ahora sus intenciones?
Mis intenciones son siempre las mejores. Lo que acabamos haciendo es otra cosa. Me apetece plantearme otros retos, que se irán alejando de la novela negra, explorar otros terrenos narrativos. Me atrae el hecho de contar una narración pura y dura. Me apetece alejarme de lo que he hecho. Novela romántica no haré (risas), puede pasar, pero… Hay varios proyectos en la cabeza. Tengo que cribarme bombardea la realidad continuamente, voy a seguir escribiendo sobre lo que soy yo, mis obsesiones, identidad, raíces, contradicciones, el sentido del pasado. Sea lo que sea, tendrá un tono sicológico.
Los escritores tenemos la pausa, desde lo íntimo, las tragedias y las vidas truncadas que hay en preguntas sin responder.
Con la velocidad a la que van la vida y el drama, quizás tenga que abrirse a nuevos géneros no contemplados.
La inmediata de las cosas, del mundo que va a una velocidad terrible, te da unas claves de información inmensas, pero no tenemos tiempo para procesarlas. Lo que intento es buscar el detalle, la tramoya de la noticia. Vosotros, los periodistas estáis subyugados por la inmediata, lo que hoy es importante, mañana lo es menos. Los escritores tenemos la pausa, desde lo íntimo y lo personal, desde las tragedias y las vidas truncadas que hay en las preguntas sin responder. Lo que pasa con las noticias es que hay tantas y es tan rápido que pasan enseguida y las historias humanas es lo que hacen que pervivan. Eso hace la literatura. Podría contar la historia de un emigrante español en EE UU ahora mismo, o la un opositor que vuelve en un tren en busca de un futuro y no llega.
El caso ficticio de José Luis Vera de su novela ¿recuerda demasiado al del parricida José Bretón?
Nada en relación con Bretón. Lo que yo narro viene de un caso real que me contaron en Calabria en los años 80 con la enemistad de dos familias, cuyos hijos eran amigos. Dos cayeron en una poza y los otros, los que lo vieron, callaron para que no se enfadaran con ellos. Y cuando los niños confesaron, los primeros ya estaban muertos. El punto de partida siempre es la realidad, pero aprovecho para convertirla a mi manera.
La ficción pone el énfasis en lo humano, reflexiona sobre ello. Es lo que más me apasiona de ser escritor.
Los crímenes de Sarajevo, donde se tiroteaba a la gente como piezas por dinero parecía un delirio de escritor, pero no lo es. Usted los incluyó en su segunda parte, El tiempo de las fieras. ¿La verdad es tan brutal como la imaginación?
Es verdad que a veces los escritores cuando dedicamos a pensar sobre la realidad, parecemos visionarios. Esos crímenes están en la base de El tiempo de las fieras. Pero yo leí lo de los safaris a finales de los años 90. Pasó desapercibido o no sé por qué, yo estaba más concienciado con esos temas. Me quedé con eso y decidí investigarlo. Lo que me parece muy interesante en la literatura es la justicia poética, dar voz a esas cosas que pasan inadvertidas.
La ficción pone el énfasis en lo humano, reflexiona sobre ello. Es lo que más me apasiona de ser escritor.
¿El pasado siempre vuelve, también en lo personal? Usted fue cura primero, mosso d`Esquadra después y, finalmente, escritor.
La expresión es que el pasado nunca se va, siempre está con nosotros, siempre estamos evocándolo. La tesis de esta novela, Las buenas intencioneses que somos de alguna manera el fruto de ese pasado. No nos determina pero nos condiciona, porque todo es experiencia.
Esta es una novela sobre la redención, un intento desesperado de exorcizar fantasmas.
En este libro, todos los personajes, los buenos y los malos, intentan pasar página.
Es un punto de vista muy acertado, muy interesante, es una novela sobre la redención, un intento desesperado de todos los personajes de exorcizar sus fantasmas: me hicieron cometer ese error, qué puedo hacer para cambiarlo. Lo que ocurre es que muchas veces por muchas buenas intenciones que tengamos esa redención no es posible. Lo que intento es ejemplificar que tratándose incluso buscando la redención, uno no puede desprenderse de quién es.
Clara Fité, Elisa… ¿Tienen un recorrido en su próxima vida literaria?
No. Soy el dueño de lo que escribo mientras lo escribo, luego no. Aunque he estado pensando mucho en ellos: el propio sicario que es el personaje más complejo, es paradigmático. Otro que me ha dado mucha pena dejar atrás es Soria, pero tenía claro que ese universo se tenía que acabar. Es una novela una trilogía muy pensada, el hilo es el sicario y en cada novela hay un contrapunto. Leal, Soria y Clara son sus ejes. Quería ver cómo cambian las circunstancias a través de lo que les está pasando. Hay tantas historias que contar, tantas voces… me parece un corsé quedarme en este mundo. Estoy muy contento de haber escrito estas novelas y sobre todo, del final.
Soy muy celoso de mis afectos. Le doy un gran valor a la amistad
¿Cómo va la adaptación de sus novelas a la serie?
Hay un proyecto de serie, sí, pero no se puede decir. Esta gente del cine se mueve de manera muy extraña. Se está preparando con Nadie en esta tierra, luego, vendrá la segunda, El tiempo de las fieras. Son historias muy complejas a largo plazo. El proceso para llevarlas a la pantalla es muy proceloso y complicado. Yo estaré como asesor. Y entendió una cosa que es muy interesante: que un guionista no piensa igual que un escritor. Pienso que si en algún momento algo sale mal, no me echarán la culpa. Lo que me parece interesantísimo es ver cómo trabajar. Tú, como escritor, trabajas en silencio y en la tele, ves cómo lo vertical se pone en horizontal. Lo he vivido en el teatro, donde se ha adaptado alguna cosa, pero hay como una distancia con el mundo de la televisión.
Presume usted de tener pocos y selectos amigos. ¿Ha ampliado su círculo de amigos en estos tiempos recientes?
Soy muy celoso de mis afectos. Le doy un gran valor a la amistad. Uno puede tener muchos conocidos más saludados, como decía Pla. Pero los amigos, mejores pocos.
¿Y qué descubrimientos han hecho en materia literaria?
He hecho dos descubrimientos estupendos. Como decía don Quijote, ‘quien mucho viaja mucho conoce’ Uno es un libro de un juez italiano El horizonte de la nochede Gianrico Carofiglio (Duomo). Tiene una belleza muy estética que me ha gustado mucho. Y una escritora, Carolina Lamarche, ha escrito una novela maravillosa. La bella oscuridad(De otros mundos), maravillosa, que habla de una cosa complejísima, que es el desamor en la pareja y la confusión de géneros. No conoció a David Uclés, tuvo el privilegio de estar en el jurado del premio Nadal y aseguro que tiene mucha calidad literaria, mucha valentía narrativa a la hora de construir mundos que parecían nada concordante. Me recuerda un poco cuando leí a Jesús Carrasco en Temperamentoque a su vez, me recordaba a la buena literatura de Miguel Delibes.
Me gustaría que los lectores devoren esta novela. Como cuando te despides de un amigo: ‘Siempre te llevaré conmigo’
Como dice su compañero de editorial Manuel Vilas en ‘El mejor libro del mundo’, ¿va a las librerías a ver si su libro está bien situado?
Es una novela que va a pegar fuerte, yo estoy tranquilo. Y sí, me atreveré una vuelta por las librerías, cuando la escribimos nos olvidamos del pasado. Es una sensación inquietante al mismo tiempo, te da la sensación de que no vale lo que has hecho hasta entonces. Eso te mantiene en ese estatus un poco ingenuo.
Me gustaría que los lectores se quedaran con la sensación de una obra grande, que va más allá de lo anecdótico, y mi ilusión o la pretensión que tengo siempre es que cuando la leas lo quieras devorar. Con el tiempo, que la gente la libera y le aporte otras cosas. Es lo que yo le pido a los buenos libros que tienen mucho sustrato. Es como cuando te desprecias de un amigo al que has querido mucho. Y dice: ‘Siempre te llevaré conmigo’.
