“Al meu carrer hi ha gent d’arreu / que penca i beu, que sua i menja, / i es llevarn amb el primer sol, / i van al futbol cada diumenge”, cantó Joan Manuel Serrat, con Joan Albert Amargós al piano, después de recibir la Medalla de Oro de la Generalitat. Tal vez la elegida porque si exceptuamos el fútbol, el fragmento es todavía un retrato fidedigno de buena parte de Catalunya.
El cantautor y Núria Espert recibieron la distinción porque su vida y su carrera hacen “honor a la palabra”. compromisoun compromiso con el arte y la cultura, la libertad y la democracia y con los demás. Un compromiso ejercido con Catalunya y más allá porque la defensa de los valores humanos no entiende de fronteras”, dijo el presidente de la Generalitat, Salvador Illa, para quien los homenajeados proyectan “los valores de la mejor Catalunya: abierta, solidaria, acogedora, cívica y culta por todo el mundo, de Latinoamérica a Japón”, sin obviar que además “han promovido la fraternidad con el resto de España: aquello que algunos se empeñan en enfrentar, nuestra riqueza artística y cultural, vosotros lo fortalecéis con algo imbatible, compartir una canción, unos versos o una actuación teatral”. “Núria Espert y Joan Manuel Serrat son profundamente catalanes y, precisamente por eso, profundamente universales”, insistió el presidente, que también recordó que “son dos figuras que van mucho más allá de la excelencia artística”, porque “un país que quiere ser grande debe reconocer a las personas que lo hacen grande”.
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Glosando la figura de Espert, Mario Gas recordó que de la galardonada “se pueden extraer muchas lecciones”, especialmente que “una persona de su valía puede seguir aprendiendo siempre”, ya que actuaba “como si empezara cada día, lo da todo y obliga a sus compañeros a darlo todo”. Espert no pudo asistir al acto –envió una nota de voz de agradecimiento en que también deseaba “felices fiestas y un pacífico año nuevo”–, y su nieta Bárbara Lluch, después de recibir la Medalla, recordó la pasión y el sacrificio como una de las enseñanzas de su abuela: “La he visto actuar con huesos rotos, a 40 de fiebre, subirse al escenario a dos días de la muerte de mi abuelo, aprender inglés a los 50, o dirigir Rigoletto en Covent Garden con una depresión aguda… es una superheroína, pero cuando se baja del escenario es mi abuela, sin artificio, con preocupación, sin divismo, con curiosidad, amor y ternura y cariño. Siempre será la que me contaba los cuentos más raros antes de dormirme, como una princesa de hielo que se llamaba Turandot, el de Penélope o el de una casa muy rara en la que vivía Bernarda Alba…”.
Raimon Obiols señaló cinco motivos por los que Serrat recibe el reconocimiento: “Es un gran cantante y un gran poeta, con voz propia, que se vale de una lengua que es al mismo tiempo sencilla y rica, y hace canciones que vibran en el corazón de multitudes para los que es una referencia”, y con “las canciones ha demostrado la enorme eficacia de la bondad inteligente, de la fraternidad, la libertad y la belleza en confrontación permanente contra el odio, la codicia y la violencia liberticida”, pero además “es un símbolo de la Catalunya crisol, la que se hace y se rehace en la mezcla de nuevas y viejas semillas”; Además, “cantando en casa y yendo por el mundo ha hecho más catalanohablantes y catalanófilos que nadie, y encima “ha hecho universal el Poble Sec y lo ha hermanado con todos los Poblesecs del mundo, que son muchos sobre todo en el sur global. El arraigo en su barrio y su país lo hacen universal porque lo une al sentimiento del pueblo llano de todo el mundo”.
Serrat: “Me sorprende el rechazo a que un obrero se reconozca como obrero, una clase que hace avanzar a un país”
Llegado su turno, y antes de volver a cantar –aunque se haya retirado de los escenarios, de vez en cuando y en actos especiales no evita volver momentáneamente–, el cantautor recordó que cuando decidió dedicarse a la música, “no fue muy bien recibido familiarmente”, pero al mismo tiempo tuvo “la suerte de tenerlos como espejo para reflejarme en aquella familia estable, trabajador… que amaban llamarse trabajadores. Hoy me sorprende el rechazo que hay a que un obrero se reconoce como obrero, una clase que avanza y hace avanzar a un país”.
Además de dar las gracias a la familia de origen y la elegida, hizo extensivo su agradecimiento “al barrio donde nací, al país donde he nacido, al que amo”, y concluyó que “solo en una democracia de justicia y libertad, solo con un sistema que refuerce la tolerancia, nuestra capacidad de convivir, de tratar de entender al que es diferente, encontraremos un camino que nos conduzca al futuro”.
No sonó una reivindicación, pero quizás hay que recordar cómo acaba la canción: “I a poc a poc se’ns fa malbé / el nostre carrer” (Y poco a poco se estropea / nuestra calle).
