Marcos Morau define la novela’La muerte y la primavera‘ como «la más radicalmente sinfónica de Mercé Rodoreda». «Mil muertes y mil primaveras -dice- en la armonía disonante de todas las versiones e inversiones de un tapiz literario que, sin decidirse a … terminarlo, la escritora tejió con obstinación hasta el final porque, pensando su universo según la norma del mito, no sabía resignarse a cerrarlo en una trama única».
El texto -inconcluso- de la autora catalana, que ha sido calificado como «un cuento de hadas negro y macabro», y que mezcla en sus páginas cotidianeidad y horror, es la falsilla sobre la que Marcos Morau y La Veronal han creado este espectáculo, estrenado el verano pasado en la Bienal de Venecia. El creador (el término ‘coreógrafo’ se le queda corto) se sumerge en un universo al tiempo terrestre y místico, ritual y oscuro, radical, inquietante y perturbadoramente bello.
La Veronal cumplió el pasado año dos décadas de vida. En este tiempo se ha convertido en una de las principales referencias de la danza en España gracias sobre todo a la desbordante creatividad de Marcos Morau, un artista que moldea el escenario y fabrica en él fascinantes esculturas que aúnan lo visual, lo sonoro -el trabajo de María Arnal es irresistible-, lo poético, lo coreográfico, lo filosófico incluso…
‘La mort i la primavera’ es un ejemplo perfecto de la arquitectura escénica de Morau: misterioso, sugerente, turbador, magnético, violento, cruel, abrumador… Morau entrelaza con perfección palabra, imagen, música, voz, sonido, movimiento, color, oscuridad… para lograr una pieza que embriaga los sentidos del espectador a través de su insistente catarata de estímulos.
Pero debajo del iceberg sensual que ofrece ‘La mort i la primavera’ se esconde una profunda reflexión sobre la naturaleza humana y su actitud ante la muerte, sobre sus ritos, a veces crueles o carentes de sentido; sobre sus silencios y su empeño en dar la espalda a aquello que le desagrada, sobre su falta de compasión, su afán de opresión y represión; Todo está en la novela de Rodoreda y Marcos Morau le da cuerpo sonoro de una manera perturbadoramente bella.
