Jonathan Nott (Solihull, Inglaterra, 1962) ha causado buena sensación en su presentación oficial como nuevo director musical del Gran Teatre del Liceu. El maestro, residente en Lucerna (Suiza) desde hace 27 años, asumirá el cargo la próxima temporada y durante cinco temporadas dirigirá dos óperas en cada una y varios conciertos.
Empezará con la tetralogía de Wagner con una nueva producción del ‘Anillo’ con dirección de escena de Tobias Kratzer a partir de la 2026/27. Pero Nott no podía esperar tanto para conectarse con los músicos y el público del Liceu, así que esta primavera dirigirá la orquesta con el programa de ballet ‘Nijinsky by Neumeier’, del 12 al 15 de abril, con Ballet de Hamburgo y música de Chopin, Schumann, Rimski-Kórsakov y Shostakovich.
Josep Pons, el maestro catalán que se ha transformado y catapultado a la Sinfónica del Liceu estos últimos 14 añosha dejado el listón muy alto. Nott es plenamente consciente. “Pons ha liderado una etapa de éxito”, ha reconocido. “No he venido a destruir nada. Necesito poder construir ya la vez sentirme libre con mi orquesta. Pero soy más mago que constructor”. El maestro, que también es experto en Reiki, considera que la música es clave para transportarnos a otra dimensión: “La música te hace levitar, te eleva del suelo”. Para Nott la música demuestra que existe otra dimensión. “Utilizo la música como prueba de la existencia de otro mundo, llámenle cielo si quieren, pero ese es el mundo del que venimos y no tiene gravedad. No quiero música que me enganche a la tierra y me haga sentir seguro sino levitar con ella. La música te hace volar. Hay otros directores que no les gusta esto y prefieren sentirse todo el rato en control para sentirse seguros”. Él es todo lo contrario.
Nott ya conoce el Liceu. Se acercó a ver ‘Rusalka’ en verano y también ha estado en el estreno de la nueva producción de ‘Tristan und Isolde’. Está convencido de que su nuevo destino le encaja como anillo al dedo en esta nueva etapa de su vida, desvinculado ya de otros compromisos. El maestro, que ha dirigido a orquestas top en los principales auditorios del mundo, ha sido titular de otras prestigiosas formaciones con las que ha mantenido una fructífera y larga relación. Durante 12 años fue responsable de la Sinfónica de Tokio y durante 16 estuvo al frente de la Sinfónica de Bambergde la que fue director titular entre 2000 y 2016.
Pasión por la ópera
“Yo soñaba con ser el mejor tenor del mundo, quería ser Franco Corelli. Pero como no tengo el don para cantar he dirigido mucha ópera. De hecho ha estado presente en mi vida cada día porque cualquier nota tiene que ver con el canto, la línea musical, el color, el fraseo, la respiración. Por eso cuando me llegó la invitación para ser el director musical del Liceu pensé que era una señal”.
“Cualquier nota tiene que ver con el canto, la línea musical, el color, el fraseo, la respiración”
Sabe que en el Gran Teatre podrá trabajar con “los mejores cantantes del mundo”, pero también le gusta la idea de ponerse al servicio de un teatro que va más allá de la ópera a través de proyectos sociales, educativos y culturales. “Provengo de una familia trabajadora. Mis padres fueron los primeros en su familia que fueron a la Universidad. Y yo me hice director porque la mayor alegría es poder acompañar a alguien y hacer que brille y dé lo mejor de sí. Evidentemente, hay que tomar decisiones pero la música es intrínseca de la sociedad: todos cantamos. Y cuanta más música hay en tu vida, más tu vida se vuelve como la música. Cuanto más cantas y bailas, más conectas con otros”.
“Provengo de una familia trabajadora. Mis padres fueron los primeros en su familia que fueron a la Universidad”
Para Víctor García de Gomar, director artístico del Liceu, el estilo de Nott se caracteriza “por su precisión y transparencia”. y su capacidad de articular grandes arquitecturas sinfónicas sin perder el aliento narrativo ni la tensión dramática”. Ha destacado también su “autoridad serena y su compromiso con el arte”.
Su repertorio es amplio, incluye Monteverdi, Cimarosa, Haydn, Verdi, Puccini, repertorio francés y alemán. “No me considero un experto en música contemporánea. He dirigido ‘Wozzeck’, pero no ‘Lulu’, he hecho ‘Butterfly’, ‘Boheme’ y ‘Tosca’, pero no ‘La fanciulla del West’ o ‘Manon Lescaut’. Hay muchas cosas que me encantaría poder dirigir en el Liceu”. Entre los objetivos que se ha marcado destaca proyectar el Liceu internacionalmente. “Me gustaría llevar el Liceu por el mundo. Y si me invitan a un festival internacional dedicado a Mahler me gustaría ir con mi orquesta”.
Jonathan Nott, en el Liceu. / Quique García / EFE
El nuevo director no vivirá en Barcelona más que temporadas cortas, adaptándose a las necesidades de los proyectos que dirija. “Calculo que dedicaré siete semanas a cada ópera que dirija”. Admite que en su trabajo a veces hay que tomar decisiones difíciles y que lo principal consiste en “hablar, reunirse, encontrar y compartir ideas”. En su próxima visita espera tener la oportunidad de hablar con Pons. “Es una responsabilidad enorme sustituir a Josep Pons. Cada orquesta del mundo quiere un director sensible a la genética musical de la formación y que le ayude a tener el sonido más rico posible”.
“Es una responsabilidad enorme sustituir a Josep Pons”
Sabe que los problemas de sonoridad en una sala y en el foso son un clásico. “El primer año habrá que valorar el material genético de esta orquesta y coro y ver qué se puede hacer”. Es imposible conseguir ese sonido perfecto de las grabaciones pero aspira a conseguir la mejor sonoridad posible en el Gran Teatre. Tiene ganas de hablar del tema con Pons y con responsables de la casa. “Ni el foso del Liceu será el más cómodo ni la acústica de la sala será la más fácil. Pero ningún coliseo es perfecto. Cada teatro tiene sus cosas, algunas mejores, otras peores y hay que adaptarse e intentar mejorarlo. Seguro que habrá cosas que se puedan hacer como redistribuir los músicos de otra manera. Ya experimentaremos”.
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