En un momento en que la palabra “empoderamiento” está a punto de volverse un lugar común y superficial, El club de directores ejecutivosnueva docuserie de Amazon Prime Video, propone algo más complejo: mostrar qué significa ejercer poder cuando se es mujer en industrias que durante décadas fueron diseñadas por y para hombres.
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La serie, estrenada el 23 de febrero, sigue la vida profesional y personal de la multiganadora extenista profesional. Serena Williams, la cantante y actriz Thalíala exmodelo y diseñadora de modas Dee Ocleppo Hilfiger, las empresas loren equitación y Winnie Harlowel inversionista Hannah Bronfman y la diseñadora de joyas Isabela Rangel Grutman. No se trata solo de celebridades, modelos o influenciadoras, todas son fundadoras, inversionistas o líderes de empresas en diferentes sectores. Son mujeres que toman decisiones, que manejan equipos, que construyen marcas globales y que asumen riesgos financieros.
Pero la narrativa de El club de directores ejecutivos no gira solo alrededor del éxito y el dinero. “Ser mujer es un superpoder”, afirma Hannah Bronfman. “Podemos liderar con empatía. Podemos hacer muchas cosas al mismo tiempo y realmente logramos resultados”. Dee Ocleppo Hilfiger coincide: “Hacemos malabares con todo. Los hijos, la casa, el trabajo… probablemente más de lo que la mayoría de los hombres tiene que hacer”.
El concepto de “superpoder” apareció varias veces durante la conversación con todas las protagonistas, pero no como romantización o idealización. En la pantalla, Ese superpoder se traduce en jornadas larguísimas, decisiones incómodas y conversaciones difíciles.
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Redefiniendo el carácter
Uno de los ejes centrales de la serie es el carácter. En posiciones de liderazgo, el carácter femenino sigue siendo leído con lupa y juzgado de forma despiadada.
“Es importante saber que está bien decir ‘no’ con una sonrisa”, sostiene Thalía. “No tienes que ser fuerte de una manera específica. Somos sensibles. Somos poderosas. Y está bien decir ‘no'”. En esa frase que la artista mexicana lanza con mucha tranquilidad hay una ruptura silenciosa con el viejo modelo de liderazgo basado en la dureza como única credencial de autoridad.
Los datos globales muestran que esta conversación aún está lejos de cerrarse. Según el Foro Económico Mundial, al ritmo actual tomaría más de 130 años cerrar completamente la brecha económica de género… y más de 150 años si se habla específicamente de paridad económica. A nivel mundial, las mujeres ganan en promedio entre un 20 y un 23 por ciento menos que los hombres, aunque esta cifra varía considerablemente según la región y la metodología utilizada. En las grandes corporaciones, los cargos de mayor pueden seguir ocupados mayoritariamente por hombres.: la realidad es que aunque las mujeres representan el 42 por ciento de la fuerza laboral global, ocupan apenas el 31,7 por ciento de los puestos de liderazgo sénior.
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Encontrar la voz propia
Durante la conversación con las protagonistas, hablamos acerca de ese momento en el que cada una de ellas dejó de ajustar o acomodar su voz para encajar. “La primera vez que decidió no ajustar mi voz fue cuando habló públicamente de mi proceso de infertilidad”, cuenta Hannah. “Existe la idea de que cuando pasas por tratamientos o pérdidas debes sufrir en silencio. Yo sentí lo contrario. Quise refugiarme en mi comunidad. Cuando compartí mi vulnerabilidad, la conexión se profundizó de una manera que nunca imaginé”.
Thalía recuerda el inicio de su carrera artística: “Tenía un plan. Letras diferentes, una estética diferente. Me dijeron que era demasiado sexual. Tenía 18 años y entré en una depresión fuerte. Pero entendí algo: este es mi mensaje. Quiero hablar de esto. Quiero vestirme así. Llorar un poco más, hacerme más fuerte y hacer lo que me hace feliz. Después de eso, esas canciones despegaron”.
En el terreno empresarial, la voz también se construye contra etiquetas heredadas. “Durante mucho tiempo fui vista como la esposa de…”, admite Dee. “Ese era mi título oficial. Cuando empecé a diseñar bolsos, decidió usar mi nombre. Quería mi identidad. Mi propio lugar en la mesa”.
¿Sigue siendo necesario justificar la ambición femenina? “No. Cero”, responde Thalía. Pero matiza: “Si alguien quiere encasillarte, ese es su problema. Si no pueden acomodarte en su visión, es porque su mente es demasiado estrecha para tu luz. Necesitan oscurecerte. Pero esta luz está aquí para quedarse, les guste o no”.
Si alguien quiere encasillarte, ese es su problema. Si no pueden acomodarte en su visión, es porque su mente es demasiado estrecha para tu luz. Necesitan oscurecerte. Pero esta luz está aquí para quedarse, les guste o no.
La discusión no es menor. Hay estudios académicos que aseguran que comportamientos considerados decididos o ambiciosos en hombres pueden ser percibidos como agresivos o exagerados en mujeres.
En la serie, el tema aparece sin dramatismo pero con claridad. “Crecemos con muchas miradas encima”, reflexiona Isabela. “La confianza siempre es más difícil para una niña. Siempre nos preguntamos: ¿soy lo suficientemente buena? ¿Estoy haciendo lo correcto? Tenemos que recordarnos constantemente que somos creadoras, que estamos logrando cosas”.
Algo que tienen todas en común es que están de acuerdo con que la duda no desaparece con el éxito. Se transforma.
Uno de los elementos que distingue a El club de directores ejecutivos de otros formatos es la ausencia de rivalidad tóxica entre sus protagonistas.
“No tenemos relaciones tóxicas dentro del grupo”, asegura Dee. “Estoy muy orgullosa de que realmente nos apoyamos, nos animamos y queremos ayudarnos y mentorearnos”.
Varias coinciden en que el cambio más profundo no fue externo, sino interno. “Para mí fue mentalidad”, dice Lauren. “Tuve que volver a poner mi cabeza en orden y entender que soy capaz. Que todo es posible si creemos en nosotras mismas”.
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Winnie agrega: “Durante toda mi carrera me dijeron que no tenía un lugar en la industria de la moda. La única manera de avanzar fue creer en mí cuando nadie más lo hacía”.
El síndrome del impostor parece ser un denominador común entre estas mujeres que de lejos vemos como imponentes y decididas. “Me tomó años darme cuenta de que lo que yo hacía valía la pena”, admite Isabella. “Ver a personas usando mi joyería, volver a comprar, ver crecer la empresa… ahí entendí que lo que estaba creando era realmente bueno. Que estaba en el camino correcto”.
Cuando la conversación gira hacia las mujeres que vienen detrás y qué decirles, las respuestas no son uniformes, pero sí claras.
“Nunca dependas de nadie”, afirma Thalía. “La única persona que siempre va a estar ahí para ti eres tú… y puedes cambiar tu historia cuando quieras. La vida no es un solo libro con principio y final. Son capítulos. Puedes empezar desde cero cada día”.
“No dejes que la necesidad de que todo sea perfecto te impida empezar algo”. Agrega Hannah. “Y jamás permitas que lo que los demás piensen de ti te defina. Sé dueña de tu propia narrativa”.
Más allá del ‘show’
El club de directores ejecutivos no es un manual de liderazgo ni una historia lineal de éxito. No es entrenamiento televisiva. Es un retrato de mujeres que han llegado a espacios de poder y que, aún allí, siguen negociando expectativas, prejuicios y dudas internas.
Entre cifras que muestran brechas persistentes y relaciones que evidencian resiliencia, la serie abre una conversación incómoda y necesaria… ser conscientes de que Ejercer poder siendo mujer implica no solo tomar decisiones empresariales, sino también derrotar narrativas.
“Si la gente quiere ponerte en una caja, es su problema”, repite Thalía. “Son sus limitaciones, no las tuyas”.
Y en esa declaración se condensa el tono de una producción que no busca victimizar, sino muestra el proceso completo: ambición, vulnerabilidad, carácter y la convicción de que el poder también puede tener otra voz. Una voz que cada vez suena más fuerte.
ÚRSULA LEVY
Para EL TIEMPO
En redes sociales: @UschiLevy
