Para lograr el ‘thriller’ más tenso no hacen falta pistolas ni policías: basta con un poco de gente tóxica, o para ser precisos, una pareja que es como un agujero negro que todo lo atrapa y destruye. Hablamos del dúo de (extraños) enamorados de ‘Dime mentiras’ (Disney+, tercera temporada desde el martes, día 13; estreno con doble episodio)la impulsiva Lucy Albright (Grace Van Patten) y el más calculador y aún peor persona Stephen DeMarco (Jackson Blanco), inevitablemente conectados desde los primeros días de universidad. Solo saben sacarse lo peor el uno del otro, pero alargan hasta casi una década una relación que no solo les marca a ellos mismos, sino a todos los que los rodean.
¿Por qué insisten en estar juntos, más allá de la necesidad de Hulu de aprovechar el éxito de esta creación de Meghan Oppenheimer con base en una novela de Carola Amante? ¿Es solo porque no elegimos a quien amamos? “No, no elegimos a quien amamos, pero… Estas personas pueden elegir si estar juntos o no estarlo, y se han decidido a continuar haciéndose daño la una a la otra.“, opina Van Patten, que da vida a Lucy, en entrevista por videollamada con EL PERIÓDICO. “Y creo que una vez estás atrapada en esa clase de ciclo vicioso, es realmente difícil salir de ahí. Además, ello saben que no podrán encontrar a nadie que les entienda del mismo modo, a su peculiar modo disfuncional. Creo que por eso les resulta tan difícil la idea de romper esto”.
Al principio de la esperada tercera temporada, los reconciliados Lucy y Stephen se prometen el uno al otro que esta vez las cosas irán bien. ¿Lo creen realmente o es autoengaño? “Creo que lo piensan de verdad”, dice Jackson White, un tipo amable, no como su personaje. “Hacen muchas cosas con segundas intenciones, pero diría que Stephen quiere que funcione”. Grace añade: “Para Lucy, siempre hay una leve señal de alarma sonando en algún lugar de su cabeza, pero ella es capaz de suprimir ese ruido con facilidad y decirse a sí misma que todo será diferente por fin, que él la tratará de otra manera.“.
En el bucle toxico
La tercera temporada arranca, como acabó la segunda, en 2015, en el día de la boda de la dulce Bree (Misal del gato) con Evan (Branden Cook)el buen tipo de intensidad reprimida con que Lucy tuvo un desliz del que Bree acaba de saber por culpa de, claro, Stephen. Lucy le pregunta a Pippa (Sonia Mena) y esta le da la respuesta que debe dar una buena amiga: “Lucy, te arruinó la vida en tu segundo año de universidad”. Saltamos entonces a aquellos días, a inicios de 2009, para ser precisos, cuando Bree y Lucy se preparan para volver al campus tras haber pasado juntas el paréntesis de Navidad.
“Volver con Stephen es psicótico”, le dice Bree a su mejor amiga, como recogiendo la opinión de la mente colmena de los espectadores de la serie. Pero ha de admitir que ella también tomó decisiones dudosas el pasado semestre; la primera, mentir con el profesor casado de 45 años al que encarna Tom Ellisex ‘Lucifer’. Tampoco se entiende demasiado el regreso de Pippa a los brazos de Wrigley (Casa Spencer), que parece menos un gesto romántico sincero que uno de compasión; él ha perdido a su hermano y ella quiere cuidarle. Más pronto que tarde, todas las decisiones equivocadas derivan en terremotos emocionales.
La palabra es ansiedad
Antes de rodar la serie, Van Patten y White, que son pareja (bien avenida) en la vida real, estudiaron un puñado de películas sobre parejas tóxicas u obsesivamente enamoradas. “Queríamos ver cómo eran sus dinámicas”, comenta ella. “Recuerdo que vimos desde ‘San Valentín azul’ (relato no lineal de la historia, orígenes y disolución de un matrimonio encarnado por Ryan Gosling y Michelle Williams) a ‘Vaquero de ciudad’ (con John Travolta y Debra Winger como joven pareja casada que se debate entre el amor y el odio)”. White recuerda un título no mencionado por su novia: ‘Querido Juan’adaptación de Lasse Hallström del libro de Nicholas Sparks sobre una relación impactada por la distancia, la guerra y, simplemente, los cambios de la vida. “Pero la serie es única”, apunta Van Patten. “La clase de cosas que se hacen el uno al otro… Eso es raro de ver en cualquier historia y es lo que hace a la serie diferente“.
Si hay una palabra que define ‘Dime mentiras’, o el resultado de plantarse a verla, esa es ansiedad. Sus responsables no dudan a la hora de colocar al espectador en situaciones moralmente turbadoras. Según sus protagonistas, en esta temporada se rebasan todos los límites de incomodidad. Jackson: “Durante tres años se han ido acumulando los secretos y los errores. Ahora, todo el mundo ha de lidiar con las repercusiones. Hablo realmente de todo el mundo. Todos los que están en la órbita de nuestra pareja sufren alguna clase de reacción adversa”.
¿Se llevan Grace y Jackson mucho de este equipaje emocional a casa? ¿O han aprendido a vivir sus vidas como si nada tras bajar de la montaña rusa que debe ser cada día de rodaje? Jackson: “Puede ser difícil. A mí personalmente no me gusta que mi trabajo consista en decir cosas bastante horribles a una persona importante en mi vida. Puede ser un poco duro. Pero, poco a poco, he ido aprendiendo a divertirme con ello ya saber dejarlo todo a un lado cuando salgo al exterior”.
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