Cuando Hasan Hadi era un niño y vivía en su Irak natal en los noventa, bajo el régimen de Sadam Husein, cada mes de abril, su profesor entraba en clase con un cuenco y les pedía que escribieran sus nombres en un papel y los metieran en él. Después, hizo un sorteo y el alumno elegido tenía que preparar una tarta para el cumpleaños del presidente. Después se seleccionaba a otros compañeros para que se ocuparan de la fruta, la decoración, las flores y los productos de limpieza, entre otros quehaceres. Aquel niño, Hasan Hadi, creció y ha decidido dar forma de película a este episodio de su infancia –y la de tantos críticos iraquíes–; y el resultado es La tarta del presidente.
Su tierna y trágica ópera prima le valió para convertirse en el primer director iraquí premiado en Cannes, donde se alzó con la Cámara de Oro a la Mejor ópera prima. Este viernes llega a las salas españolas.
