Hace unos días, El País publicado que, en noviembre, en una reunión con la cúpula de la Conferencia Episcopal Española, León XIV se había mostrado preocupado por los intentos de instrumentalizar la Iglesia de la ultraderecha. No es habitual que un papa corra el riesgo de recordar que la Iglesia o la religión pueden ser una herramienta manipulable y que lo haya hecho indica que el Vaticano, que cuenta con servicios de inteligencia con mucha experiencia acumulada, no solo ha tomado nota de la fervorosa estrategia que persigue tal objetivo, sino que además ha puesto otra en marcha para neutralizarla. En el contexto presente, sería impensable que su contraestrategia no tuviera en cuenta la relación entre las ultraderechas nacionales europeas, el nacionalconservadorismo cristiano estadounidense y la nueva estrategia nacional de EE.UU., que contempla, entre sus objetivos, la recristianización de Europa.
Desde hace unos años, la bibliografía sobre el papel de la religión en la política exterior estadounidense se ha consolidado como un género académico en alza y, como el Vaticano es, por tradición, un lugar donde se piensa leer, resulta fácil imaginar. Religión y política exterior estadounidense, 1945-1960: el alma de la contención (2008), de William Inboden, uno de los estudios más citados en este campo, convertido en lectura de referencia. Inboden, admirador del teólogo protestante de la guerra fría Reinhold Niebuhr, fue miembro del Consejo de Seguridad Nacional con George W. Bush y ahora es rector de la Universidad de Texas. Su libro narra, con nostalgia, cómo las administraciones de Truman y Eisenhower promovieron el relato de la guerra fría como una guerra religiosa articulando la visión de EE.UU. como nación cristiana consagrada a Dios con el uso de la religión como arma contra el comunismo ateo. Y, en un momento en que la historia hace malos ripios con furia épica, ofrece una perspectiva muy útil para comprender la orientación de la cruzada ideológica de los actuales dirigentes estadounidenses y sus aliados europeos y la retórica con que buscan influir, en la que el anticomunismo sin comunistas interpreta un papel peculiar.
La nueva estrategia de EE.UU. contempla la recristianización de Europa
Eisenhower, a quien se denominaba el “líder del mundo libre”, fue el presidente que, en 1953, precisamente el mismo año en que la CIA montó el golpe de estado contra el gobierno democrático de Mossadegh en Irán, firmado con Franco, a quien se describía como la “centinela de Occidente”, los pactos que permitieron a EE.UU. Instalar bases militares en España y al régimen franquista sumarse al concierto de las naciones.
En aquel tiempo, la propaganda estadounidense para lograr el alineamiento de la jerarquía católica española hablaba de los estrechos vínculos que unían dos naciones defensoras de los profundos valores espirituales de la civilización occidental. Las maniobras culturales conjuntas de instrumentalización de la Iglesia detectadas por el Vaticano tejen con los mismos hilos.
