Asistimos a un nuevo atropello contra la tauromaquia, pero sobre todo contra la libertad. Deberían dejar que los padres eduquen a sus hijos según sus propios valores y parámetros, y que tengan la libertad de transmitirles un mundo artístico y cultural que ha … sido, es y será parte esencial no solo de la cultura de nuestro país, sino del patrimonio mundial.
Como no logran imponer otras medidas, intenta atacarla desde la raíz, desde abajo, para evitar que se fomente el mundo taurino. Se trata de un atentado directo contra la tauromaquia.
Desde que niño quise ser torero y puedo afirmar con claridad que la tauromaquia me hizo mejor persona. A través del mundo del toro he interiorizado los valores más importantes que posee: el respeto, la educación, el amor al campo, el amor a la naturaleza, el sentido de la jerarquía… Pero, por encima de todo, la lección más profunda que he aprendido es la de la verdad.
Creo que el mundo del toro es uno de los pocos espacios que quedan donde No hay trampa ni cartón. Existe una verdad absoluta: la de una persona que entrega su vida a un arte ya un animal. De la tauromaquia nace una belleza, una intensidad y una pasión que no encuentro en ninguna otra faceta de mi vida.
Como padre, puedo asegurar que lo que la tauromaquia genera en mis hijos es, ante todo, un amor profundo por la naturaleza y por los animales, un sentimiento de que ningún niño ajeno a este mundo podría llegar a experimentar con la misma fuerza.
Ya es hora de desmontar el mito del animalismo: los verdaderos animalistas son los que cuidamos de los animales día a día, especialmente los ganaderos que dedican su vida y su economía a mejorar su bienestar. Si no fuera por el trabajo del ser humano, muchas de estas razas estarían ya extinguidas.
En estos tiempos de lluvia, mis hijos se ponen unos plásticos, salen al campo, cuidan a sus animales, les dan de comer y están pendientes de cualquier signo de enfermedad para atenderlos de inmediato. Ese vínculo y ese amor por los animales lo han desarrollado porque lo han vivido desde pequeños. Es algo de lo que me siento tremendamente orgulloso y feliz, porque sé que ese día a día lo trasladarán al futuro. Todo lo aprendido en el campo y junto a los animales. les genera una riqueza personal única e irrepetible.
Quiero recordar que la tauromaquia posee un interés histórico y cultural que nadie puede erradicar. Contiene valores trasladables a todas las facetas de la vida. Basta ya de politizarla: se trata de un espectáculo y un arte hecho para el pueblo, y es el pueblo, desde su libertad, quien debe decidir si quiere verlo o no. Lo que debe hacer la política, tal como establece la Constitución y la propia ley de patrimonio, es promover y potenciar la cultura de nuestro país. Y la tauromaquia es cultura.
