Hubo días en Hollywood en que los fabricantes de ropa que forman el núcleo de productores quisieron introducir en el mundo entero sus ideas de belleza femenina —completamente orientales— y los tipos voluminosos abundaban.
Entonces los grandes artistas del cine tenían cuerpo y curvas. Sobre todo de lo último. Fueron aquellos días cuando Nita Naldi, Váleska Suratt, Betty Blythe, Clara Kimball Young, Pauline Frederick, Peggy Hopkins, Joyé y el resto de amazonas dominaban la escena.
Pero los gustos fueron cambiando. Broadway, que hasta ahora ha sido el patrón que Hollywood desea imitar, comenzó a emplear coristas delgadas—la figura “boyish” es decir, sin curvas—se acentuó, y entonces surgieron las jovencitas de cara placentera y cuerpecitos silfídeos que tanto hemos admirado.
Marion Davies, Nancy Carroll, Janel Gaynor, Mary Bryan, Carol Lombard, Jeanette Mac Donald, Rosita Moreno, Lolita del Río, Lupe Vélez, Enriqueta Soler, June Collyer, Jean Arthur, etc., forman las avanzadas del tipo femenino en su más alta clasificación.
Pero se ha notado recientemente cierta tendencia en Broadway a volver a las “curvas”. Empresario hay que está alimentando a sus coristas con leche fresca de vaca, mantequilla y otras proteínas, con la esperanza de verlas llenarse un poco y ofrecer a sus públicos algo en la línea de curvas.
Y también vuelve a notar cierta tendencia hacia los cuerpos más altos. Hollywood no ha querido quedarse atrás y recientemente Marlene Dietrich ha hecho creer a los fabricantes de ropa que fungen de empresarios en la capital del cine que el público mundial requiere nuevamente la presencia de las palmeras femeninas.
Juliette Campton es tal vez el ejemplo más vivido de esta nueva tendencia.
Juliette es el tipo de voluptuosidad tropical con cuerpo suficientemente alto para que se pueda ver bien. Es esbelta ya a pesar de que tiene 168 centímetros de alto solamente pesa 58 kilos.
La historia de este agradable joven es muy parecida al del innumerable grupo de artistas de Broadway y de Hollywood. De distinguida familia del sur de los Estados Unidos, desechó la vida social por el teatro. La familia iba hacia Maine en viaje de recreo. Cuando el tren se detuvo cerca de Nueva York. Juliette tomó las de Villadiego. Con un nombre supuesto logró encontrar un puesto en un bataclán del Broadway sensual.
Porque a pesar de todo lo que se dice en contra de Broadway como paraíso de las doncellas errantes, los empresarios de esos adorables bataclanes siempre tienen un lugarcito vacante para las damitas de presencia extraordinaria, sonrisa placentera y voluntad generosa.
Existen en Broadway centenarios de agencias de teatro. Allí se inscriben las jóvenes que desean trabajar en el teatro. Cada vez que un empresario pide a la agencia determinado tipo, ésta, que tiene bien clasificadas a sus solicitantes, no tiene dificultad en proporcionárselo.
En Nueva York el tipo más abundante es el hebreo. En una ciudad donde se albergan más de un millón de israelitas, es natural que las jovencitas morenas, de nariz algo aguileña, labios llenos y ojos grandes, abundan. Pero las hebreas generalmente son pequeñas. Y cuando el empresario necesita una docena de jóvenes de tamaño para una revista de modas, o para un bataclán especial, la agencia generalmente encuentra entre las solicitantes del exterior, el tipo preferido.
Entre los nombres de muchachas inscritas en las agencias de Broadway hay muchas altas, procedentes de las islas británicas, de los países escandinavos y de Alemania. Estas generalmente son rubias. Pero cuando la demanda del empresario exige que la muchacha sea trigueña, delgada, alta, bonita, bien vestida, de buena presencia, etc., entonces no es tan fácil encontrar el tipo.
Naturalmente cuando Juliette Campton se presentó en la agencia el astuto hebreo vio en seguida la oportunidad. Creo que Juliette solamente tuvo que esperar tres días. Fay Bainter tenía una revista llamada “El ladrón de besos”, y en uno de los grupos figuraba una docena de jóvenes altas y trigueñas.
Juliette Campton hizo su debut en ese bataclán. Florenz Stegfeld, el rey del bataclán, tiene una multitud de espías por los teatros, restaurantes, tiendas, oficinas y calles. Estos espías no tienen otro empleo que el de averiguar dónde se pueden conseguir mujeres extraordinariamente bonitas.
Cuando Juliette llegó a su estreno en “El ladrón de besos”, uno de los espías de Ziegfeld la vio. Se adelantó y cambió varias palabras con ella. En seguida llamó al rey por teléfono. “Fay Bainter tiene una muchacha del sur que podríamos aprovechar”, le dijo al rey.
Aquella noche Ziegfeld ocupaba uno de los palcos delanteros y en el intermedio se hizo presentar a Juliette. Después del teatro fue una cena con Florenz y en los próximos “Follies” Juliette era una de las coristas.
John Murray Anderson por aquel entonces andaba buscando un grupo de muchachas de presencia y de tipo exótico para hacer un viaje por Europa. Juliette fue una de las escogidas y en Londres apareció en el bataclán de CB Cochrane. Tres años trabajó con el gran empresario inglés, yendo luego como corista con Sir Gerald Du Maurier, otro famoso empresario inglés.
En el cine inglés se necesitaba el tipo trigueño y alto de Juliette y después de varias producciones en Inglaterra llegó a Hollywood en 1929, con una maleta llena de recortes. Fue pronto escogida para trabajar en “De mujer a mujer”, “Damas de ocio”, “Marrocco”, etc. Una de las características principales de este agradable joven es que a pesar de tener el cabello de azabache y el cutis trigueño, sus ojos son intensamente azules.
LAS GANANCIAS DE LAS “ESTRELLAS”
¿Cómo invierten sus crecientes salarios los artistas de Hollywood? ¿Despilfarran el dinero en lujos innecesarios, o bien procuran ahorrar para el porvenir? Después de haber hablado con muchas de las estrellas y de haber entrevistado a las principales entidades bancarias de la localidad, no puedo menos que elogiar ante mis lectores las virtudes ahorrativas que adornan a la casi totalidad de las luminarias de Cinelandia.
La depresión bolsista de Wall Street a fines de 1929 fue, sin duda, una lección oportuna para detener los fabulosos dispendios a que se entregaban los privilegiados por la fama cinematográfica. Desde entonces ha prevalecido un conservadorismo acentuado en lo concerniente a inversiones bursátiles; de las acciones adquiridas por puro afán de especulación se ha pasado a los bonos solventes y de rendimiento limitado pero seguro.
John Barrymore, Dorothy Mac Kaill, Norma Talmadge y Charley Murray forman parte de los consejos de administración de varios bancos de Hollywood. Cecil de Mille, el célebre director que produjo el “Arca de Noé”, es su vez vicepresidente de otra entidad bancaria.
Richard Dix, bien conocido por sus creaciones de “cow-boys”, prefiere entregar el cheque de su salario al banco, para que éste administre los fondos. Igualmente hace Richard Arlen, siguiendo los consejos del hermano de la simpática Mary Briand, quien en su calidad de alto empleado de un banco de la localidad aconseja a un grupo de artistas.
Gloria Swanson y Marion Davies, estrellas populares, mantienen pequeñas oficinas para atender a sus asuntos financieros. La segunda posee un hermoso jardín de orquídeas, que provee de esta flor a todas las tiendas de Hollywood y Beverly Hills.
Las hermanas Talmagde—Norma, Natalia y Constance—tienen un administrador muy celoso de sus intereses: Joseph Schenk, el conocido magnate. Poseen extensas tierras en California, varias casas de inquilinos en Los Ángeles y valores de sólida reputación. La habilidad de los esposos.
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