Nacida en 1988 en Llardecans, un pueblo minúsculo del Segrià (Lleida), Lara Costa Freda es desde hace más de una década uno de los nombres más importantes de la ilustración catalana en lo que a moda se refiere. sus acuarelas de frondosas vegetaciones son marca de la casa de este artista orgullosa del mundo rural del que proviene. No conoció el bullicio de la ciudad hasta que se trasladó a Barcelona para estudiar moda. “Venía de un pueblo de 300 habitantes y no sabía quién era nadie, pero lo hice Diseño de Moda en la BAU. Recuerdo que en una de mis primeras clases hablaron de quién era Coco Chanel, y casi me muero, porque para mí Chanel era la colonia de mi abuerla”, recuerda la artista, que, totalmente desubicada decisión ‘ponerse las pilas’ en un curso concentrado en la prestigiosa Centro de San Martín de Londres, donde han estudiado ‘grandes’ como Alexander McQueen, John Galliano, Stella McCartney o Phoebe Philo, entre otros.
En aquel corto año tuvo la oportunidad de trabajar en la semana de la moda británica de la mano de un diseñador que entonces vestía a Lady Gaga. Luego, regresó a Barcelona para terminar la carrera. Pero en el último año, le quedó -casualmente- la asignatura de dibujo. “No me veía pagando un piso en Barcelona solo por una asignatura, así que busqué una alternativa que me aportara algo”, relata Costafreda. Se fue a Brasil de Erasmus. “Al final, después de dibujar mucho, mucho y mucho, mi mano se soltó y fluyó… Fue mágico”, asegura. En Río de Janeiro recuperó la materia pendiente y encontró su estilo: “Empecé dibujando fatal, pero muchísimo. Al final, de tanto repetir, salió lo que tenía dentro”, cuenta; ese mundo vegetal -flores, hojas y naturaleza exuberante- que definen su obra.
En lugar de crear con ordenador o Inteligencia Artificial, prefirió el ‘handmade’ de la acuarelay la ilustraciones en revistas. Algo, aparentemente, de otros tiempos. “Después de cuatro años estudiando moda, tenía muchos contactos y mi primer trabajo remunerado fue para ‘Marie Claire México’donde publiqué unos dibujos sobre un perfume de carolinaherrera“, recuerda. Así comenzaron unas colaboraciones mensuales con ambas marcas, que luego se ampliaron con más firmas de primera categoría. Hermes también la llamada para decorar una ‘pop-up’ en Barcelona. Su cartera de clientes creció con Chanel, Vogue, Fendi, Moschino, Cartier…
Lara Costafreda, en el Hostal One de Barcelona, decorada con sus ilustraciones. / CÉSAR SEGARRA
“Empecé dibujando fatal, pero muchísimo. Al final, de tanto repetir, salió lo que tenía dentro”
Moda y proyectos variados.
“Es quizás la cara más visible de mi trabajo, pero después de haber hecho todo, proyectos supereclécticoscomo papeles pintados, murales, libretas, campañas para Amnistía Internacional, para la editorial Lunwerg, decoración de alojamientos en Barcelona, como el Hotel el One, y el hostal Opera Ramblas, y hasta una intervención artística en la unidad de oncología radioterapica para mejorar la experiencia de los pacientes en el Hospital de Lleida, o el cartel del concierto ‘Barcelona Mestissa’ del Festival Grec del año pasado”, enumera.
¿Los más recientes? El cartel del último festival raimatcentrado en la cultura y agricultura regenerativa de Lleida, y la intervención gráfica de la campaña de Navidad del centro de ocio y compras Pueblo La Rocauna oda a sus raíces ya la belleza austera del paisaje ya los valores de comunidad de sus gentes.

Uno de los murales de Lara Costafreda en La Roca Village. / LARA COSTAFREDA
Costafreda dibuja todo a mano y por capas: cada elemento en una hoja distinta, que luego digitaliza y recompone. Durante años trabajó casi exclusivamente en verdeporque su escáner captaba mejor los matices de ese color. Ese proceso artesanal -y con acuarela- contrasta con la inmediata digital de la mayoría, lo que ha hecho muy reconocible su estilo en campañas globales.
Encontrar su estilo le llevó su tiempo. Costafreda, que durante años también dio clases en escuelas de dibujo y moda como la BAU o LCI Barcelona, cree que “las nuevas generaciones lo quieren todo hecho, pero a esto hay que echarle millones de horas”. Y concreta: “Desde no saber dibujar hasta ilustrar bien hay millones de horas, y además hoy tienes que saber hacer de todo, desde dibujar, comunicar, tratar con clientes, hacer contratos, llevar las redes sociales…”. Por eso, a los que se quieran dedicar a la ilustración, se recomienda “ponerle ganas, entusiasmo y trabajo”.

La ilustradora, atiende a clientes del centro comercial del rascacielos Plaza 66 de Shanghái. / LARA COSTAFREDA
El gran mercado asiático
“En estos 15 años de carrera, la moda inició la primera etapa, pero ahora me dedico a proyectos más grandes -apunta-. Estoy preparando varias para colecciones marcas de Shanghai y de Coreaque son gigantes allí, aunque aquí no se conocen tanto. Una es de juguetes y puericultura infantil y el otro encargo es toda la decoración de Navidad de un centro comercial”. Hoy, casi todo su trabajo es para el mercado asiáticodonde tiene su propia agencia de representación.
“Para dedicarse a la ilustración hay que ponerle ganas, entusiasmo y trabajo”
Y lo hace desde Sudanellun municipio de menos de 900 habitantes del Segrià de donde son oriundos sus padres. “Nací en Llardecans porque mi madre era el médico de allí y le dieron la casa del médico, lo típico de los pueblos. Pero cuando se jubiló, mis padres volvieron a su pueblo, Sudanell”, relata. Ahora ella, después de vivir un tiempo en Barcelona, París, Londres… también en Brasil, Suiza y Grecia, ha instalado su “campamento base” en el pueblo de donde procede toda su familia. “Un día pensé: ‘Lo que me interesa está en el mundo, no en Barcelona’. En el pueblo la calidad de vida es cien veces mejor. Casa grande, todo cerca, hago la compra en un segundo… y me sobra tiempo para hacer otras cosas”, remacha.
el artista reivindica el mundo ruralno para vivir del pasado, sino para “imaginar un futuro más sostenible”.
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