El último libro de Elvira Sastre no solo está compuesto de palabras, sino que en sus páginas también hay fotografías que reflejan su cotidianeidad. Se aficionó a captar instantes para revelarlos después y ahora va con una cámara analógica todo el día en el bolso. México, Madrid, Buenos Aires o su pueblo de Segovia son algunos de los lugares que aparecen en este volumen publicado por Alfaguara con el título En defensa de la memoria. Un trasunto de diario de viaje en el que, además, da la bienvenida a su sobrino, León.
Todo el libro tiene un aura de melancolía. “Soy una persona profundamente nostálgica”, dice Sastre a elDiario.es, pero especifica que se refiere a la “nostalgia buena”. “Siempre he estado muy anclada a las cosas que he vivido, pero no desde el pensamiento de que no va a ser nada mejor de lo que ya he vivido, sino del reconocimiento de las cosas buenas que viví”, sostiene. Ella considera que es algo generacional, porque hubo una parte de su vida (es milenario) en la que no había tanta incertidumbre como actualmente y el planteamiento de existencia era parecido al de sus padres: estudiar, trabajar, esforzarse y avanzar para llegar a un lugar mejor. “De repente, eso se rompió cuando ya era demasiado tarde para educarnos de nuevo en la precariedad en la que estamos ahora”, declara.
