«Todo el mundo quiere marcharse de Albania», le diría en 1991 a la escritora Lea Ypi, autora de una magnífica obra, ‘Libre’, que daría la vuelta al mundo hace unos años, su querida abuela leman. Se lo diría poco después del hundimiento … del comunismo, cuando unas primeras oleadas de emigrantes albaneses emprendían el camino de Italia, el país del primer mundo más cercano. «¿No te tienta?», le dirá Lea.
Pero su abuela, que sufriría todas las penalidades de la historia –guerras, recomposición de fronteras, cambios de régimen, invasiones de unos y otros–, llevaría la contraria a los que iban en pos de una nueva y esperanzadora oportunidad para ser libres. A ella, como antaño, le recordaba una especie de castigo o exilio precipitado por algo que siempre negoció haber hecho: colaborar con el enemigo, el que fuera.
-
‘Indignidad’
Así pasó cuando un empresario alemán que habían conocido en Tirana durante la guerra les advirtió en 1945, a ellos, una familia de burgueses con un pasado aristocrático, de altos cargos durante el Imperio Otomano, que todo lo malo aún estaba por venir: «Los comunistas ganarán la guerra, los Aliados también la ganarán… No vosotros».
Pero una vez más, la digna y orgullosa abuela Leman, víctima de un tiempo despiadado que desplegaría indignidades a cada paso y que volvería sospechosos a todos, sin prepararlos jamás para el ritmo enloquecido que iban tomando los acontecimientos, con el consiguiente intercambio de poderes y lealtades a cada momento, le respondería, como en aquel final de la Segunda Guerra Mundial: «¿Por qué íbamos a marcharnos? ¿Por qué nos pedía ese hombre, un alemán, que huyéramos, como si hubiéramos sido colaboracionistas? No habíamos hecho nada». Y decidió quedarse en Albania. En la que sería una de las más feroces y aisladas dictaduras comunistas, asumiendo luego todas las calamidades que vendrían: el encarcelamiento durante 15 años de Asllan, su marido socialdemócrata, acusado de «colaborar con los angloamericanos», así como trabajos extenuantes y de gran dureza para ella en el campo, como represaliada.
Lea Ypi (Tirana, 1979) dedicará un libro bellísimo, ‘Indignidad’, a la búsqueda tenaz de unas huellas muchas veces confusas, «confiscadas» por las mentiras de su tiempo, con el fin de componer una posible «verdad» de lo que había sido la vida de su amada abuela con la que creció. «Quizá –dirá– es a mí a quien se le debe la verdad por todos los traumas que sufrió mi familia. A fin de cuentas, debo mi vida al dolor del que fue víctima mi abuela». Un libro apasionante, verdadera lección de lo que la Historia general y oficial no cuenta, que a la vez ofrecía el cautivador retrato de su fascinante familia otomana-griega-albanesa, símbolo de las mil fronteras recompuestas.
Su decisión, que surgió al modo de un auténtico e indignado pistoletazo de salida, fue tomada casualmente, a través de una foto antigua. En las redes sociales un desconocido había colgado una foto de su abuela de joven, elegante, sonriente, echada sobre una tumbona junto a su marido, con unos esquís apoyados al fondo, en su luna de miel en los Dolomitas italianos, en Cortina d’Ampezzo, en 1941. Una imagen tiempo después desconcertante, con la guerra entonces brutalmente extendida por todo el continente. La foto, dada la celebridad de su descendiente, escritora, filósofa y profesora en la London School of Economics, se vuelve inmediatamente viral, desatando todo tipo de comentarios, algunos de enorme virulencia.
Es un relato apasionante que recoge la indefensión absoluta de los individuos en los estados totalitarios.
Es entonces cuando Lea decide ir a su Tirana natal que había narrado excelente en ‘Libre’, cuando era una pequeña pionera enamorada del líder máximo Enver Hoxha, para reconstruir, hundiéndose en cientos de archivos e informes de la policía desclasificados una vez llegada la democracia, una posible interpretación y certezas, tras el vértigo de acusación de las que fue objeto su abuela en aquel tiempo de verdades deformadas, manipuladas o sin cesar borradas: agente extranjero, colaboracionista con el fascismo mussoliniano y luego con los nazis o simplemente espía afectado de «cosmopolitismo».
La figura, en su conjunto, más odiada por la nueva dictadura del proletariado, en un país de campesinos con un alto grado de analfabetismo. Leman había nacido en 1918, en vísperas del hundimiento del Imperio Otomano, en Salónica (‘Salonique la Magnifique’, como era nombrada con nostalgia en su familia, de confesión musulmana), en el seno de una poderosa. familia de terratenientes y altos dignatarios.
Llegado el comunismo, Leman sería sometida a una estrecha vigilancia como «sospechosa de conspirar contra el Estado comunista recién formado». Lea Ypi, en un relato apasionante en el que recoge la indefensión absoluta de los individuos en los estados totalitarios, así como sus frágiles verdades individuales y colectivas, ha escrito una impresionante reflexión sobre la justicia y la integridad moral. Mujeres que lucharon por imponerse a la adversidad de su tiempo mediante una indestructible fuerza moral, «cuya expresión, en el mundo, llamamos dignidad».

