El Gobierno ha anunciado que estudiará la prohibición de la entrada de menores a las corridas de toros. Y no sólo impedir su asistencia: también se plantea prohibir su participación en espectáculos taurinos y en actividades como la caza. La propuesta irrumpe en un momento … de fuerte tensión política y social en España y reabre un debate ya abordado jurídicamente, que se podría considerar una manera de desviar la atención en pleno luto por los recientes accidentes ferroviarios.
Las primeras reacciones en el mundo del toro no se hicieron esperar. Victorino Martín, ganadero y presidente de la Fundación Toro de Lidia, fue más claro: «Es una iniciativa que viene del grupo político Sumar, cuyos representantes siempre han intentado tomar que perjudiquen a la tauromaquia», señalaba.
El ganadero recordaba que se trata de una recomendación sin carácter vinculante: «Hasta ahora han conseguido muy poco. Esperamos que este atropello tampoco lo consigan». Y añadía un matiz que apunta directamente al fondo del asunto: «No hay ningún estudio científico que lo respalde. Al contrario: los estudios existentes indican que la tauromaquia es positiva para la formación y desarrollo de los menores».
También alzó la voz Diego Urdiales, referente del toreo clásico. El riojano no ocultó su malestar: «Siento una profunda vergüenza ante un Gobierno que se dedica a prohibir la cultura e imponer sus gustos, alejando a los menores de la historia viva de nuestro país». Una reflexión breve, pero contundente, que incide en la idea compartida por buena parte del sector: que el intento de veto supone un ataque directo no sólo a la tauromaquia, sino al propio acceso a la cultura.
También reaccionó Borja Jiménez, una de las figuras emergentes del escalafón. Con serenidad, pero sin ambigüedades, el torero advertía de la maniobra política que hay detrás: «Hay aspectos mucho más importantes a tratar como para desviar la atención con propuestas que no tienen una relevancia real en la sociedad», afirmó.
El mensaje de Fernando Robleño, director de la Escuela Taurina Yiyo, era claro. Él, que también empezó de niño, conoce mejor que nadie a esos menores a los que ahora se pretende apartar: «En una escuela taurina, los chicos y chicas tienen un comportamiento, una educación y unos valores muy por encima de la media de su edad». Robleño ve a diario a esos chavales que sueñan con ser toreros: «Todos muestran una dedicación ejemplar. Gracias a poder ir a los toros y torear desde pequeños muchos hemos cumplido nuestro sueño». Y sentencia: «La tauromaquia transmite valores educativos que no son comunes en la sociedad».
Desde el campo bravo, Juan Pedro Domecq fue más duro en su diagnóstico. «Cuando hay un gobierno descendido de lo que tiene que hacer -que es gobernar-, sin proyecto y sin objetivos, lo que busca es tapar sus carencias atacando a quienes no tenemos nada que ver: la tauromaquia», expresaba.
Para el ganadero del mítico hierro de la divisa blanca y roja, la medida supone un ataque directo a la libertad: «Es otra locura más de un gobierno perdido en su corrupción y en su desdicha. Y tristemente quieren que lo paguen los menores y la Fiesta».
La visión empresarial la aportó Pablo Lozano, ganadero y gestor taurino, que puso el foco en la dimensión cultural del toreo: «La cultura no tiene edad. Nosotros tenemos una tradición tan amplia, tan ligada a nuestro pueblo, que no tiene sentido poner cortapisas a quien quiera acudir libremente, porque nadie está obligado a ir. La tauromaquia representa valores que forman parte de nuestra identidad».
Mientras tanto, los datos contradicen la premisa sobre la que se sostiene el informe. En estos cinco años, la presencia de jóvenes y niños en las plazas no ha dejado de crecer. Y no parece, a juzgar por su entusiasmo, que ninguno haya salido traumatizado de por vida. Más bien al contrario: muchos se encuentran en la tauromaquia valores que la sociedad parece estar perdiendo -el respeto, el esfuerzo, la responsabilidad, la verdad frente al riesgo-, y que quizás convendría recuperar. Tal vez ésa sea la verdadera explicación de por qué cada vez más jóvenes se acercan a los toros, y no al revés.
