Mara Mariño, colaboradora de 20minutosperiodista y escritora, dio un vuelco al feminismo con su anterior libro Todo lo que mi novio debe saber sobre feminismo. El título ha sido útil en la forma de entender mejor este movimiento social creciente y necesario, y también en lo personal. Mara, de 33 años, se va a casar próximamente con quien no solo ha comprendido su forma de ver la vida sino que la asume como propia; es decir, hay muchos hombres que abrazan postulados sin sentirse marginados ni distintos, simplemente iguales a ellas, quizás, porque como sugiere, comparten cosas tan simples como limpiar un retiro en casa. La autora hace coincidir esta feliz noticia con la publicación de su nuevo libro. Sexpidemia (Loto Azul) una bajada en forma de ensayo a las redes sociales y su turbia visión de la sexualidad, la masculinidad y el machismo que interiorizan los adolescentes en los entornos digitales. Y descubre por qué es una herramienta convertida en un arma de muchos y peligrosos filos. A veces, un abismo negro.
Anuncia en la primera página que se casa. Escribir de machismo, masculinidad y sexo ¿le ha permitido cribar, llegar al hombre ideal?
Al final la criba ha sido tener un novio feminista y tener un proyecto de futuro y ver los ideales del feminismo reflejados. Si me permito compartir mi vida, proyectos personales y una rutina, es porque ambos estamos en la misma página: cómo vemos el reparto de tareas domésticas, la crianza de futuros hijos, nuestro desarrollo profesional, nuestras aficiones, los círculos sociales… Que podamos volcarnos en lo mismo. El feminismo es algo tan sencillo como el hecho de que las dos personas se hagan cargo de limpiar el baño, que es la cosa más pequeñita. Es algo muy de base, pero hay que empezar por ahí.
Cristina Fallarás tenía que estar en mi libro por su influencia sobre mí y por todo su trabajo.
El prólogo es de Cristina Fallarás, ahora una de las voces más autorizadas contra el machismo, aunque también está cuestionada por ciertos sectores.
Para mí, Cristina Fallarás ha sido y sigue siendo una de las figuras más relevantes en cuando a mi autoconcepción como feminista. Lo que he ido leyendo de ella, lo que le he ido escuchando, siento que es con lo que asentado, junto a otras personas que también me han influido, las bases de lo que es para mí moverme en este mundo siendo mujer. A partir de lo que ella escribió, se iban interrelacionando los hechos: yo veía cómo la violencia sexual que se vitaliza tiene una base común y una ideología machista. Sentía que Cristina tenía que estar aquí por su influencia y por todo su trabajo.
¿Cómo es de oscuro Internet en temas sexuales, que es en parte de lo que va este libro?
Lo más oscuro de Internet como concepto es que no parece oscuro para nada. Las madres y padres que permiten que sus hijos estén todo el tiempo conectados a dispositivos y que se muevan libremente por Internet, no saben hasta qué punto sus hijos llegan a lugares y narrativas, que les está moldeando sobre cómo serán como hombres y sus comportamientos futuros hacia las mujeres. Solemos pensar que las cosas que suceden son excepciones, cuando en realidad se accede a ello con tan solo un hacer clic. Para escribir este libro he estado metida en esos ‘recovecos’, espacios que se pueden hacer desde Telegram y YouTube tranquilamente. No te piden ninguna verificación de edad. Para hacer desnudos, simplemente te piden que marques una casilla donde dicen que eres mayor de edad. Pero no te obligan a meter el DNI, un documento identificativo con tu cara… no piden absolutamente nada. Lo oscuro de esta digitalización tan machista es que está a plena vista, tiene un acceso rápido, gratuito y facilísimo.
Ha hablado de los padres como filtro necesario, pero ¿y los colegios, cómo deben hacer frente a esta epidemia?
El papel de los colegios es un terreno muy complicado, porque si las personas que están en la docencia tuvieran la capacidad, la energía y el tiempo de abordar estas situaciones, podríamos pedirles cierta responsabilidad. Estamos en un sistema en el que los profesores están con muchísimo trabajo, agotados, incluso tienen dificultades a la hora de abordar casos de intimidación en el entorno, en el propio centro. Pedir que estén al tanto de lo que sucede en la esfera digital, es pedir demasiado. Eso no significa que no se deba formar al profesorado en estas violencias, pero también a los alumnos, Igual que te forman en ética, en conocimiento del medio…, que te eduquen en información digital nacional y reglada. Para que no solo se pueda de las malas prácticas, sino también de los buenos usos. No solo que se mencionen estas herramientas, sino por qué se utilizan o de qué maneras no hay que emplearlas.
La cosificación y la sumisión son las dos caras de la moneda para controlar a las mujeres y cómo viven su libertad.
Explique la diferencia entre cosificación y sumisión, conceptos muy a la orden del día.
Cosificación entra dentro de sumisión. Cosificación es cuando a una persona la reduce a un objeto, no como a un igual, la miras en un plano inferior. Eso es una manera de someter a una persona. Si hablo de sumisión sexual en el libro es para hacer una clara diferenciación. Está por un lado la cosificación (te puedo consumir en Only Fans, en un vídeo pornográfico, mediante la prostitución o que te creen un ‘deep face’). Y por otro lado, está el castigo. Es que todas esas cosas que he podido crear, ni no responde o no haces lo que deseo, el castigo puede ir desde difundir imágenes hasta ataques organizados en redes sociales a las divulgadoras, como la violencia sexual mediante envío de fotos de genitales… Esas son las dos caras de la moneda de la sumisión sexual para controlar a las mujeres y cómo viven su libertad y su vida.
La pornografía ocupa buena parte de sus reflexiones. ¿Usted la prohibiría? ¿Cómo se controla entre menores?
Lo complicado con esto es que no está solo en una página web. Ha encontrado otras vías de escape y llega a los menores de edad a través de los videojuegos, de los grupos de WhatsAppde aplicación de sudokus con publicidad de porno… Estamos hablamos de que esas fisuras no son ni fruto del azar ni algo que podamos atajar de la misma forma. Si la prohibimos nos damos por hecho que eso va a desaparecer. Pero es inalcanzable, porque es una industria que mueve mucho dinero, por la cantidad de gente que está viendo esto y por el hecho de que es generador de la demanda de la prostitución. Este es otro sistema de opresión sexual que también genera muchísimo dinero. Si cortas el porno, estás cercenando ese circuito económico y cortas el grifo de quienes se llenan los bolsillos a costa de las mujeres que ejercen esa actividad. Si por mí fuera, la prohibiría, no creo que en una sociedad de igualdad pueda existir esto de manera constante que muestra imágenes de mujeres violentadas, que reciben actitudes delictivas, degradantes… no veo que pueda tener espacio en una sociedad que creemos. Eso ya configura cómo nos ven los hombres. Lo importante es que ellos satisfagan ese deseo y se garantizan que esos deseos pueden verse satisfechos. Lo que pasa es que los padres no saben que sus hijos están accediendo a la pornografía a través de estas vías, a mí me siguen muchos padres y madres y me dicen que no se enteran de nada de lo que hacen sus hijos.
La Inteligencia Artificial nos hace desconfiar, nos pone en alerta de que pueden estar pasando cosas
La IA es otro peligro naciente, desde su punto de vista, aplicado a este tema del sexo en internet. Pero está por todas partes, es como poner puertas a un bosque.
La IA se utiliza para hacer cosas importantes, como tener hijos en caso de dificultad, que es algo precioso, pero al mismo tiempo, en la misma sociedad, se emplea para ejercer la violencia hacia las mujeres. Nos hace desconfiar, por eso yo quería poner en alerta que pueden estar pasando estas cosas, ya desde esa lectura, que las personas deciden tomar más precauciones. No soy partidaria de coaccionarnos o de autolimitarnos, pero siento que no se nos dejan otras opciones, porque no hay una legislación detrás que esté avanzando a la velocidad a la que va la IA. Es complicado porque cuando hablamos de reformas, esto parte de un consenso y no tenemos tiempo. Estamos viendo un nuevo tipo de delitos que afectan a miles de mujeres. No es suficiente ni siquiera esa cantidad de damnificadas para que haya unanimidad acerca de cómo regular este tema. Hay países que sí están haciendo cosas para protegerlo, como Dinamarca. Es muy importante que cambie la percepción social, pero también que desde las instituciones se pongan más medidas en marcha. Tiene que ser un agravante, que se ve que se usa para un fin bueno, pero también malo. Se está haciendo a esposas, a mujeres, a niñas, con fotos que se comparten… Es un nivel de violencia y una dimensión que no somos suficientemente conscientes ni hay suficiente alarma de lo que sucede.
¿Cómo reeducar en esto a los nuevos alumnos de las nuevas tecnologías, que las aprenden antes que a hablar ya correr?
Lo que he visto es que hay un interés capitalista muy grande. En el momento en que hablamos de poner vallas al campo, -no dar dispositivos a niños con edades tempranas-, eso se traduce en que no se están consumiendo cosas… Que no se consuman significa que no están contribuyendo a que sean víctimas de la economía de la atención. Eso significa que no están desplazandoseen descargarse aplicaciones, en tener impactos. Lo que como ciudadanía debe ser nuestra prioridad está enfrentando al interés capitalista ya los intereses de las empresas. Elon Musk o Mark Zuckerberg no son empresas públicas, ni instituciones. Son los CEOS de unas empresas que quieren beneficios, no velan por el desarrollo de la sociedad. Podemos tener una mirada crítica de lo que está sucediendo, se pueden hacer movilizaciones, trasladar las preocupaciones, ver cómo se soluciona. Lo que está en juego es cómo nos estamos moldeando como sociedad y como hombres y mujeres. Se tiene que da una educación afectivo sexual y la educación digital, se deben aplicar a la vez. Se tiene que abordar cómo conseguir relaciones respetuosas, sanas, centradas en el consentimiento, el placer y el deseo. Y una ética tan simple como que no voy a hacer a esa persona lo que no me gustaría que me hicieran a mí.
Con 22 años tuve una relación de malos tratos, físicos y sicológicos. Tuve que ir a terapia para ponerle nombre al hecho de ser víctima
Qué experiencias propias aportan. ¿Cuál es su relación personal con el machismo, esa masculinidad mal entendida y todo este mundo de la ‘deepfake’?
Hablando empíricamente, estuve, con 22 años, en una relación de malos tratos tan físicos como sicológicos. Tuve que ir a terapia para ponerle el nombre de que había sido víctima de maltratos si nunca me ha puesto el ojo morado. Pero sí me persiguió con un cuchillo, me empujó por las escaleras. Yo no había aprendido a poner límites, yo debía aceptar todo lo que me dijera la otra persona, venía de una socialización en la que vivía un cuento de hadas, él tenía 8 años más que yo, era una fantasía para mí. Gracias a eso me convertí en una persona segura, sin miedo a expresar lo que deseaba y lo que no. Años más tarde me encontré con una situación en una cita en una aplicación, al ir a acostarnos, recibí una violencia física que no esperaba y no tenía las herramientas para salir de eso. Pensé: ‘Si digo algo va a ser peor’. No sentí que pudiera salir por mi propio pie. Igual la culpa no es mía, sino que él ha interiorizado unos comportamientos que debían tener con las mujeres en el plano íntimo. Al día siguiente él me habló de forma cariñosa. Con el tiempo, analizándolo, se lo expliqué y él se quedó perplejo. Me dijo ‘ojalá me lo hubieras contado porque me habría comportado de otra manera’. Era como si viera el mundo por primera vez. ¿El origen de eso? La pornografia.
