Lluvias, viento, nieve, hielo… las últimas semanas en Escocia y el norte de Inglaterra han sido moviditas. Algunos registros muestran que ha habido precipitaciones prácticamente todos los días de 2026, dejando uno de los inviernos más lluviosos de los que se tienen constancia.
La costa británica ha sido una de las zonas más afectadas por las tormentas, que además han provocado la aparición de huellas de 2.000 años de antigüedad en una playa de Angus, entre Dundee y Aberdeen (Escocia), uno de los pocos lugares del Reino Unido donde se han descubierto marcas de este tipo.
Pies humanos y animales
Los rastros de pies humanos y animales hechos en la época de Boudica, Jesús y el apogeo del Imperio Romano, fueron revelados temporalmente por las arenas movidas de la bahía de Lunan y avistadas por Ivor Campbell y Jenny Snedden, dos residentes de la zona.
Ambos estaban paseaban a sus perros Ziggy y Juno por las pintorescas playas cuando observaron que los daños causados por la tormenta en las dunas habían revelado una nueva capa de arcilla en la que Ivor notó unas peculiares marcas. Por eso llamó al arqueólogo municipal Bruce Mann.
Sospechando que se enfrentaban tanto a un descubrimiento importante como a una carrera contrarreloj para protegerlo, Mann solicitó la ayuda de expertos de la Universidad de Aberdeen, que mandaron a un equipo de investigadores dirigido por la profesora Kate Britton.
Los arqueólogos escoceses trabajaron en medio de corrientes de más de 88 km/h mientras eran azotados por la arena. Contra viento y marea lograron preservar las huellas. Marcas de este tipo apenas se habían encontrado en un puñado de yacimientos de Inglaterra como el estuario del Severn, Formby (Merseyside) y Happisburgh (Norfolk), pero nunca se habían encontrado en Escocia.
“Sabíamos que nos encontrábamos ante un descubrimiento realmente excepcional que ofrecía una instantánea única en el tiempo, pero también era evidente que el mar pronto se llevaría de vuelta lo que se había descubierto tan recientemente”, explica en un comunicado Kate Britton.
Los expertos tuvieron que trabajar con rapidez. “Y en las peores condiciones que he encontrado en un trabajo de campo arqueológico: el mar entraba con fuerza, y cada marea alta arrasaba partes del yacimiento, mientras que la arena arrastrada por el viento lo dañaba simultáneamente”, añade Britton.

Todo ese caos meteorológico contrastaba con la delicadeza con la que los investigadores de la Universidad de Aberdeen trataban de limpiar, estudiar y documentar el sitio. “Se convirtió en una carrera contra los elementos”, recuerda la profesora escocesa.
En solo 48 horas, todo el lugar quedó destruido. Con la ayuda de Jenny e Ivor, que llevaban cubos y preparaban tés, el pequeño equipo de arqueólogos -que incluía al profesor Gordon Noble, a los investigadores postdoctorales Will Mills y Elinor Graham y a los estudiantes de doctorado Sarah Barakat, Thomas Warrington y Tayla Sanders- lograron registrar y cartografiar el yacimiento, así como capturar modelos 3D y moldes físicos de las huellas.
Descalzos sobre la arcilla
De vuelta al laboratorio, seleccionan restos vegetales encontrados justo debajo de las huellas para datarlas por radiocarbono, lo que confirma que se hicieron hace unos 2.000 años. El análisis de las marcas identificó ciervos rojos, corzos y otros animales, así como humanos que caminan descalzos sobre la arcilla ahora semifosilizada.
“Las fechas de finales de la Edad del Hierro -apunta el profesor Noble- concuerdan con lo que sabemos sobre la rica arqueología del cercano valle de Lunan. Es muy emocionante pensar que estas huellas fueron realizadas por personas en la época de las invasiones romanas de Escocia y en los siglos anteriores al surgimiento de los pictos”.
“Es increíblemente raro ver un registro tan delicado, que se ha conservado en tan solo unas horas. Es una instantánea de lo que la gente hacía hace miles de años y nos revela cómo esta playa, ahora arenosa, fue en su día un estuario fangoso donde los humanos quizás cazaban ciervos o recolectaban plantas silvestres como el hinojo marino”, destaca el doctor William Mills.
Un dron pudo capturar varias imágenes del lugar en los raros momentos en que el viento amainó en la costa de Angus. “La logística para documentar este sitio excepcionalmente frágil fue muy compleja, pero en breves períodos de calma aprovechamos para obtener fotos que nos permitieron mapear las huellas con precisión milimétrica, a pesar de que el conjunto ya se ha perdido”, concluye la doctora Elinor Graham.

