En 2006, Albert Serra presentó la que se considera su primera película, Honor de Cavallería. Antes había dirigido, en 2003 y sin estreno comercial, Crespia, pero fue con su siguiente obra cuando llamó la atención de todo el mundo. Llegó al festival de Cannes, a la Quincena de los realizadores. Dos años después repetiría sección con El cant des Ocells; y ya en 2019 ascendería a la sección ‘Una cierta mirada’, donde logró el Premio Especial del Jurado por libertad. Tres años después se consagraría con pacificación, su primera presencia en la Sección oficial del Concurso del festival más prestigioso del mundo. Las críticas fueron unánimes y hasta estuvo nominado al César a la Mejor película y a la Mejor dirección.
Por ninguna de esas películas estuvo nominada al Goya. Mientras el resto del mundo se rinde ante el niño terrible del cine español, la Academia de Cine lo ignoraba una y otra vez. Ni siquiera fue nominado como dirección novel ni en categorías técnicas. Tampoco la increíble fotografía de Artur Tort… Nada.
