Si uno mira los nominados al Goya a la Mejor dirección puede establecer una conclusión rápida sobre el momento actual de la industria del cine español. Alauda Ruiz de Azúa, Oliver Laxe, Carla Simón, Albert Serra y los Moriarti (Aitor Arregi y Jose Mari Goenaga en esta ocasión) conforman un quinteto finalista de un nivel altísimo. Sus cinco películas han estado en festivales internacionales. Sirat y Romería en la Sección Oficial de Cannes (donde la primera ganó el Premio del jurado); Tardes de soledad y los domingos ganaron la Concha de Oro en San Sebastián en dos ediciones consecutivas, y Maspalomas Compitió en el último Zinemaldia y logró la Concha de Plata a la Mejor interpretación protagonista para José Ramón Soroiz.
A ese grupo se podría unir, sin problema, el nombre de Eva Libertad. Nadie duda de que si la directora no compitiera en dirección novel hubiera estado nominada. Sorda Logró críticas y premios en la Berlinale de 2025 y luego se coronó con la Biznaga de Oro. Seis cineastas que están ahí por encima de nombres como los de Alejandro Amenábar, Alberto Rodríguez o Agustín Díaz Yanes. Pesos pesados, con carreras más dilatadas y, sobre todo, propuestas que, a priori, parecían casar más con el gusto de la Academia.
