Los hermanos Lozano han sido galardonados con el XVII premio Taurino ABC como «representantes de una generación histórica que ha contribuido de manera decisiva al impulso, a la preservación y al desarrollo de la tauromaquia en todos sus vertientes, como empresarios, ganaderos, apoderados … y toreros».
Ese fue el veredicto del jurado, reunido este lunes en la casa de ABC. Presidido por el teniente de Hermano Mayor de la Real Maestranza de Sevilla, Marcelo Maestre, estuvo compuesto por Santiago de León y Domecq, Juan Antonio Ruiz ‘Espartaco’, Victorino Martín, María Dolores de Cospedal, José María Álvarez del Manzano, Beatriz Badorrey, Joaquín Moeckel, François Zumbiehl, Rosario Pérez y Ángel González Abad como secretario.
Se premia a una de las casas taurinas clave para contar, analizar y comprender la historia del toreo desde mediados de la pasada centuria. Nos vamos hasta el primer tercio del siglo XX en una pequeña localidad toledana, Alameda de la Sagra, en donde en el seno de una familia con hondas raíces ganaderas crecen las ilusiones de futuro de cuatro chicos y una chica, que se derivarán en la dirección del mundo del toro. Pablo, Eduardo, José Luis, Manolo y Conchita.
Pablo destacó de inmediato en los ruedos, tomó una alternativa de lujo en Barcelona de manos de Luis Miguel Dominguín en 1951, y, como ‘la muleta de Castilla’, tuvo durante años el reconocimiento de los aficionados. José Luis probó como novillero y Eduardo encontró su sitio en los despachos. Los tres unieron sus fuerzas en los años sesenta centrados en la organización de festejos y el apoderamiento de toreros. Años más tarde llegó la ganadería.
En sociedad con otra casa de tradición taurina, los Dominguín, surgió el primer aldabonazo. La Oportunidad en la plaza de Vista Alegre, todo un acontecimiento que traspasó los límites del toreo y se convirtió en un fenómeno social a mediados de los años sesenta. Entre las millas de maletillas que acudieron al reclamo de la convocatoria para novelas, surgió la personalidad del jovencísimo Palomo Linares. Los Lozano se hicieron cargo de la carrera de una de las figuras del toreo más populares y el tándem solo camino por la vía del éxito.
Pasión por el encaste Núñez
El grupo ya estaba totalmente rodado, ya finales de aquella década dieron el salto a la cría del toro bravo. También en este campo llegaron los éxitos. Los hierros de Hermanos Lozano, El Cortijillo y, especialmente Alcurrucén, con la base del encaste Núñez, han marcado el devenir de muchas temporadas.
Fue el momento de lanzarse a la conquista de América, en Colombia y Ecuador centraron sus poderes. La gestión de plazas como Bogotá, Medellín, Manizales, Calí, Cartagena y Quito se contaba con éxitos como empresarios. Fueron años de una actividad frenética, con los aficionados volcados con sus toreros y con las figuras españolas del momento, que colmaban los carteles. En España la actividad de la Casa Lozano no decaía, al contrario.
Valencia, Zaragoza, Toledo, Albacete, Vista Alegre, y Pontevedra, de la que son propietarios, son ejemplos de su buena gestión. A la vez que como apoderados, a Palomo Linares «nuestro hermano pequeño», le siguieron diestros de la talla de Espartaco, César Rincón, El Cordobés, Manzanares, Vicente Barrera, Manuel Caballero, Sebastián Castella, El Juli, Eugenio de Mora, Alvaro Lorenzo, y ahora Roca Rey, en manos ya de los continuadores de la saga.
Su salto a Las Ventas
Y así hasta 1990, cuando dan el paso definitivo al hacerse con las riendas de Las Ventas. Hasta 2004 gestionó la primera plaza del mundo en una etapa floreciente, que contó con el respaldo de la afición. Consolidaron la Monumental y revalorizaron definitivamente la feria de San Isidro al conseguir un acuerdo con Canal+ para televisarla íntegramente, lo que supuso un gran impacto a nivel nacional e internacional.
En 2020 falleció a los 89 años Pablo, sabio del toro y del toreo, y se mantiene José Luis, la mente lúcida en la estrategia, y Eduardo, la pausa y la serenidad empresarial. Un equipo que entró de lleno en la historia del toreo a ambos lados del Atlántico.
La gestión, lanzamiento y consolidación de muchas plazas de importancia y la dirección de las carreras de numerosas figuras ha demostrado un profundo conocimiento de las bases del toreo. Tan profundo como el manejo de la alquimia de la sangre brava. Fiscal y Jabatillo en Las Ventas, Atrevido en Bilbao, o Fígaro, indultado en Aranjuez, son algunos ejemplos de magisterio.
En ediciones anteriores, el galardón ha recaído en Miguel Ángel Perera, Sebastián Castella, Enrique Ponce, José María Manzanares y su cuadrilla, Victorino Martín Andrés, Manuel Jesús ‘El Cid’, Miura, Espartaco y López Simón, la afición -representada en la Infanta Doña Elena-, Morante (en 2016 y 2021), Juan José Padilla y Roca Rey, los cirujanos taurinos, El Juli, Curro Romero y Victorino Martín García.
