El domingo pasado, la australiana Rose Byrne se llevó el Globo de Oro a la mejor actriz de comedia o musical por ‘Si pudiera, te daría una patada’ y todo parece indicar que el 22 de este mes obtendrá su primera candidatura al Oscar. Allí seguramente se las tendrá que ver con la favorita para llevarse la estatuilla dorada, la irlandesa Jessie Buckley, la protagonista de ‘Hamnet’. La actuación de ambas, gane quien gane, son de lo mejor que se ha visto en el año. ‘Si pudiera, te daría una patada’, de Mary Bronstein, comenzó su larga trayectoria en el Festival de Sundance, y luego fue a Berlín, donde esta actriz de 46 años asociada a comedias ligeras obtuvo el Oso de Plata a la mejor interpretación femenina. En la película, Byrne encarna a una madre de una niña discapacitada cuya vida parece estar a punto de desmoronarse en cualquier momento, algo que no necesariamente ayuda al peculiar psicólogo que interpreta a Conan O’Brian.
¿Cómo llegó este proyecto?
De la manera tradicional: mi agente me envió el guion y me dijo que le prestara atención, algo que no me pide con frecuencia. Así que me senté a leerlo y lo devoré. Me pareció visualmente impresionante y además tenía mucho humor. En el guion el hámster se describe como el personaje de Jack Nicholson en ‘El resplandor’ tratando de romper la pared. En cada página lograba poner humor a pesar de que la situación era muy oscura. También hay muchos elementos de terror. Me pareció que tenía mucha magia, porque funciona de una manera diferente para cada tipo de público: en Nueva York el público lo demostró una comedia sofisticada, en Toronto los estudiantes lo tomaron como una historia interactiva de terror, para la audiencia de Berlín era un drama psicológico… Es una película muy difícil de describir porque incorpora muchos géneros.
El eje es el tema de la maternidad.
Claro. En mi caso particular, como madre de dos hijos, me sentí muy conectada con la historia. La película logra capturar el ritmo incansable de ser padres. Esa madre, Linda, se encuentra en una situación muy difícil, y por suerte no muchos padres tienen que atravesar lo que vive ella, pero la directora tiene una forma muy inteligente de incorporar esa naturaleza incansable, y mostrar cómo esta obligación todo el tiempo a una madre a comprobar cuáles son sus limitaciones. A mí me interesaba mucho entender cómo ella sobrelleva esta situación porque es un personaje muy específico, que nunca había visto antes.
¿Por qué se sintió identificado con ella?
Linda vive una situación muy específica, porque tiene una hija muy enferma. Mary Bronstein fue siempre mi conexión para entender todo ese aspecto de la historia. Ella vivió una situación así, que le inspiró para escribir el guion. Y yo también hable con muchas madres de niños con necesidades especiales. La verdad es que ser madre no es una experiencia monolítica. Cuando hablaba con estas madres, cada una había tenido una vivencia diferente, en relación a cómo había afectado su trabajo, su pareja, a sus otros niños… Lo que me tuve que plantear era cómo me podía identificar yo y, por tanto el público, con ella. Esa fue la clave. La relación con los hijos puede ser muy dura, porque ven lo mejor de ti… y también lo peor. Hay un cliché que dice que nadie puede enseñarte más sobre ti que ellos, pero es que es exactamente así, son los mejores maestros. Eso es precisamente lo que pasa en la película, que presenta una versión muy extrema de esta situación. De todos modos, me sorprende cómo la gente que no tiene hijos se ha conectado con la película. Es que Linda es antes una cuidadora de su hija que una madre. Atender a su hija no es algo que le provoque placer. Lo siente como un problema y parte de su crisis. Que Mary se haya atrevido a mostrarlo así es un verdadero desafío porque las madres no han permitido sentirse de esa manera. Ella te muestra que uno puede sentirse limitado por ellos y aún así amar a sus hijos.
¿Cómo fue el trabajo con la directora?
Extraordinario. Ella estudió para ser actriz en la Universidad de Nueva York. Para prepararle para la película, trabajó con Conan O’Brian durante un año y lo mismo hizo con el rapero A$AP Rocky. Y, cuando empezamos con los ensayos, nos pasamos 5 o 6 semanas en la mesa de su cocina, analizando cada página del guion y cada línea de diálogo. Fuimos diseccionando todo poco a poco y fue un verdadero regalo, como preparar una obra de teatro. No es algo que pase a menudo en el cine. Esto fue un lujo. Si no lo hubiésemos hecho así, hubiera quedado todo bastante desconectado. Pero como estábamos muy preparados, cuando llegamos al rodaje, simplemente nos dejamos llevar. Fue un espacio muy creativo para mí, y para la película. María es una fuerza de la naturaleza. Es pequeñita, pero es imparable y empujó todo esto cuesta arriba. Le llevó 8 años terminar la película. Y la filmamos en 27 días, con un presupuesto muy limitado, aunque es una película muy ambiciosa. No hay efectos especiales, todos fueron hechos de manera práctica: cuando se cae el techo, las escenas con el hámster, las olas…
¿Cómo se salpica la historia de momentos de humor, a pesar de que es tan oscura?
Fue transitar por una cuerda floja, porque cuanto más extrema sea la situación, más divertida puede resultar. La comedia es difícil porque es subjetiva: lo que para mí es gracioso no necesariamente va a serlo para ti. No hay forma de saber cuál va a ser la reacción del público y por eso tienes que hacer las escenas de la manera más realista posible. Aquí lo adscribimos a la comedia, aunque fuera en los momentos más oscuros, como en esas escenas tan extrañas con A$AP Rocky o el hámster. Sabíamos que si exagerábamos demasiado las escenas, iban a quedar ridículas, y si no lo hacíamos la audiencia se iba a aburrir, porque el tema es muy pesado. Reír da la oportunidad de relajar la tensión.
Se la percibe como un comediante…
Es que yo siempre estoy buscando el chiste. La comedia ha sido una experiencia creativa liberada para mi después de haber estado haciendo papeles muy serios durante mucho tiempo. Este es el tipo de comedia que más me gusta porque surge de algo muy dramático. Lo que hago en la serie ‘Platonic’ es mucho más tradicional y ligero, allí trabajamos mucho con la improvisación.
¿Fue duro rodar toda la película en tan solo 27 días?
Obviamente fue muy exigente, pero yo soy muy eficiente a la hora de mantener las cosas separadas: el trabajo es el trabajo y mi casa es mi casa. A mis niños realmente no les importa si tuve un día muy pesado antes de abrir la puerta, y eso es muy bueno, porque cuando vuelvo a mi casa soy simplemente una mamá. Eso me permite conservar mi energía. He estado haciendo esto durante mucho tiempo, por lo que se cómo protegerme cuando lo necesito. De todos modos, cuando me iba del rodaje, seguía en contacto constante con Mary revisando lo que habíamos hecho porque estaba obsesionada con el personaje y con tratar de lograr el objetivo que nos habíamos propuesto. Todo funcionó bien hasta que terminamos de filmar, y entonces sí colapsé, porque mi nivel de adrenalina anterior había sido altísimo. Debo admitir que me costó ver la película terminada, porque no disfruto viéndome a mí misma.
