Son casi las 14 horas y Granada se prepara para tapear. El barullo de la plaza Romanilla, en pleno centro, no distrae una pizca a Laura García-Lorca, la sobrina del poeta y dramaturgo de Fuente Vaqueros, que abre con delicadeza una carpeta. No uno cualquiera. Esta venta de la cámara acorazada que hay sobre el archivo del Centro Federico García Lorca, que contiene originales del autor de La casa de Bernarda Alb a. Del portafolios extrae una pequeña lista escrita a mano por su tío en la que aparecen títulos de obras de teatro. Detrás, observan el tesoro los bibliotecarios Paqui Rodríguez, Lydia Sánchez y Javier Álvarez, que son el alma del recinto.
“Esta cartilla es muy simbólica, ya que muestra sus planos de presente y futuro”, asegura mientras la lee con detenimiento. Algunas están empezadas; otras son solo eso, títulos, a la espera de que se escriban, pero cuyas tramas ya estaban ideadas en su cabeza, como Carne de cañón oh Las monjas de Granada. No pude desarrollarlas. En agosto de 1936 le fusilaron.
Esta cartilla es muy simbólica, ya que muestra sus planos de presente y futuro”
Pese a que este 2026 se cumple 90 años de su asesinato, su obra sigue muy viva. Nunca ha dejado de estarlo, pero en los últimos años coinciden en el tiempo varios proyectos que han tratado de dar final a esos trabajos que quedaron a medias. “Más que acabarlos, yo prefiero decir que dialogan con ellas, ya que son obras que siempre permanecerán abiertas. Lorca dejó un laboratorio de exploración y de búsqueda poética en marcha y, al menos, en mi aproximación, no es con la idea de concluir nada, sino de mostrar la naturaleza abierta de ese laboratorio, truncado por su asesinato. Se asemeja a la técnica japonesa del kintsugi pero al revés, es decir, que Lorca nos dejó hebras de oro y nosotros tratamos de poner arcilla”, reflexiona Alberto Conejero por teléfono, quien en más de una ocasión se ha dejado ver por el centro.
Este dramaturgo, que obtuvo el Premio Nacional de Literatura Dramática en 2019, firma la obra de teatro El sueño de la vida con la que horneó los dos actos que a Lorca le quedaron sin escribir en Comedia sin título obra con la que se han atrevido otros directores, como Marta Pazos, y que reflexiona sobre la función social del teatro. Si bien El sueño de la vida Fue aplaudido por centenares de espectadores, también generó polémica, precisamente por la “osadía” –en palabras de la crítica– de dar voz a Lorca. “Unos pocos interpretaron que esto era como pintar encima de un cuadro. No es así. Llevo años estudiando a Lorca. Se criticó hasta el título, que era del propio Federico”.
No es el único trabajo con el que Conejero se ha atrevido a dialogar. A día de hoy forma equipo con los Javis en el guion de su próxima película, La bola negra que se estrenará en octubre, con un elenco presidido por Penélope Cruz y Guitarricadelafuente.
“Lorca dejó un laboratorio de exploración y de búsqueda poética en marcha”, dice Conejero
Laura García-Lorca también muestra a La Vanguardia las cuatro páginas que se conservan en el centro de este ejercicio teatral, que en su subtítulo ya se remarca que es un “drama de costumbres actuales”. Los dos primeros folios recogen los personajes que participarían: Carlos, de 20 años, que se presupone que lleva la voz cantante; el estudiante de filosofía Enrique, de 18 años y enfermo; o el militar don Burgundórfero.

En las dos siguientes hojas, escritas a tinta por una sola cara, ya empieza el primer acto, un diálogo entre Carlos y su hermana, de temperamentos muy dispares. Él, que iba a ser débil y con aire cansado (pero aparece tachado en el folio), termina siendo ágil. Ella, en cambio, denota amor por el esfuerzo y parece más reflexiva. Lo demuestra en frases como: “Si yo fuera un hombre como tú, no pensaría nunca. Me gustaría andar, irme a los ríos, trepar a los árboles”.
Cabe decir que en estas páginas no aparece ninguna conversación entre un joven contándole a su padre que ha intentado entrar en un casino de Granada sin éxito por ser gay, lo que lo convertiría en el primer protagonista explícitamente homosexual, con lo que esto hubiera supuesto para la época. ¿De dónde sale esta trama tan arraigada entre el público? Conejero señala un responsable: Cipriano Rivas Cherif.
“Fue un director de teatro muy destacado que llevó varias obras de Lorca a México. Federico le contó cómo pretendía continuar con esta historia. Nosotros, en la película, hemos tratado de seguir todos los indicios de la obra”. En su listado de teatro en marcha, Lorca tachó el título de La bola negra y lo sustituyó por el de La piedra oscura . Así precisamente bautizó, a modo de guiño, el propio Conejero una de sus obras teatrales, publicada por Antígona, y que se inspira en la vida de Rafael Rodríguez Rapún, el último gran amor de Lorca. Sobre esta obra se sostiene parte de la trama de los Javis.

Además de Conejero y Pazos, otros creadores se suman a las continuaciones de Lorca, como Pilar González España. Esta dramaturga y doctora en Filología Hispánica se decantó por La destrucción de Sodoma.una tragedia de la que solo han sobrevivido ocho líneas. González España bautizó su texto como Las hijas de Lotde nuevo un guiño al autor, pues tenía en mente este título como alternativa a esta versión del conocido relato bíblico.
“Me resulta muy familiar su intensidad emocional y lírica. Por supuesto, eso no significa que yo pueda hacer lo mismo pero, de alguna forma, me sentí invitada a hacer un eco de su obra, a dialogar con ella”. Una oportunidad que surgió hace años en el Laboratorio William Layton de interpretación de Madrid, pues una de las actividades consistía en crear una escena que lo continuaría. “Supe que Federico le había contado a uno de sus íntimos amigos, el escritor y periodista Rafael Martínez Nadal, qué intenciones tenía para esa obra”.
Me resulta muy familiar su intensidad emocional y lírica. Me sentí invitada a hacer un eco de su obra, a dialogar con ella”
El acercamiento del artista plástico Gorka García Herrera tal vez sea el más diferente de todos. El suyo es un proyecto que se vértebra alrededor de la figura de Federico y la estancia que este llevó a cabo en Nueva York. “Cuando Lorca se decidió a publicar Poeta en Nueva York en 1936, lo concibió con texto, dibujos e imágenes fotográficas. Estas últimas no vieron la luz, de ahí que, de cierto modo, podría considerarse como un proyecto inconcluso”, relata por teléfono García Herrera, que explica que el poeta dejó suficientes pistas para reconstruir el proyecto original. De hecho, varias editoriales se han animado a recrearlas en los últimos años.

Pero esa no era la intención del artista plástico. Partiendo de un viaje personal a esa misma ciudad realizada con casi un siglo de diferencia, su objetivo era establecer una serie de vasos comunicantes con aquel que experimentó el escritor granadino allá por el año 1929. Lo hace por dos vías: la creación de cuadros que aúnan paisajes de la ciudad de la Gran Manzana con diferentes versos del libro Poeta en Nueva York ; y la elaboración, a través de fotografías, de un diario visual de viaje que, en colaboración con varias personas vinculadas al mundo del poeta –como los actores Ana Belén y Juan Diego Botto o la escritora Cristina Morales–, dará pie a la creación de unos “libros-objeto” en forma de maleta, que contendrán en su interior diversos elementos del universo lorquiano.

Estos son solo algunos ejemplos que invitan a imaginar cómo habría podido seguir su producción. Su sobrina, que cierra la carpeta de proyectos, concluye: “No me interesan los proyectos de quienes intentan terminar algo de forma literal. Pueden hacerlo, la obra está en el dominio público, pero me parecen más fructíferos los que utilizan esas puertas abiertas para inspirarse como base para sus trabajos propios”.

