Alfonso de Vilallonga tiene la agenda repleta. El 7 de febrero se estrena la película de Isabel Coixet ‘Tres adioses’, de la que firma la banda sonora. Su música acompaña la filmografía de la directora desde 1996: ‘Cosas que nunca te dije’, ‘A … los que aman’, ‘Mi vida sin mí’, ‘La librería’, ‘Nieva en Benidorm’ y ahora esta producción italiana titulada ‘Tre Ciotole‘ (Tres Cuencos). «Lo de cuencos no sonaba en español y se cambió por adioses», advierte. En la composición influye la sensibilidad del director. «Coixet prefiere las melodías melancólicas sin caer en lo cursi -apunta-. Trabajo también con Pablo Berger en ‘Blancanieves’ y ‘Robot Dreams’, una película que arrasó en China».¿Raíces musicales de Vilallonga? «El cabaré berlinés, que no tiene por qué ser cutre. En Alemania es un género con tanta tradición como el flamenco en España. El music-hall parisino de Piaf y Montán: canciones que explican historias. Las rancheras mexicanas. El jazz que estudié en Estados Unidos. En bandas sonoras, Niño Rota».
La primavera de 2013, con la ola secesionista a punto de tsunami, Vilallonga -que además de compositor es barón de Maldà-, grabó el videoclip ‘Estado de Maldà (Estado propio)‘: «Para daros una pista / no soy independentista / porque soy independiente…» La cantó en catalán para dejar claro «que soy tan catalán como ellos, señor / pero si me llamo Vilallonga / bailo la misma conga / desde el tiempo de la picor…» El sobrino de José Luis de Vilallonga. «Cuando empecé a dar conciertos me metían en las páginas de Gente», recuerda. «De segundo apellido Serra / hago el amor y no la guerra / desde antes de TV3…»
No era un ambiente propicio. Todo el mundo tragaba con el «derecho a decidir». Unanimidad intimidadora. «Cuando salió la canción, hacía dos meses de mi Goya por ‘Blancanieves’. En Cataluña nadie te dice las cosas a la cara, luego te insultan en las redes sociales. No me insultaron mucho, pero me dejaron de contratar en los sitios de la estelada». Advino la república de los ocho segundos y en 2019, cuando las batallas callejeras tras las sentencias a los golpistas, Vilallonga reincidió con ‘El lamento de los burgueses oprimidos’, sátira sobre la burguesía que creyó que Cataluña sería la Dinamarca del Sur. «Los socialistas han extendido el ‘procés’ a toda España», observa.
El 17 de febrero pondrá la tercera banderilla canora con ‘La Progresía Pía’ en un concierto en el Poble Espanyol de Montjuïc. Iba a ser una sátira sobre los progresistas, pero progresista sonaba mal en una canción: «Opté por ‘progresía’, más coloquial, de barra de bar… una canción sencilla pero no obvia, que se pegue al oído sin engancharse y, por encima de todo, que sea alegre. La llamada ‘canción protesta’ siempre me ha deprimido». Como sale la protesta, mencionamos los conciertos homenaje a Lluís Llach por su actuación del 76… «Cuando empecé a cantar con mi hermana tenía sus canciones en el repertorio, las de Serrat y Moustaki. Llach compuso muy buenos temas y en Madrid tenía predicamento. Hoy es un personaje funesto… ¡Cómo se quedarán sus seguidores madrileños!»
‘La Burguesía Pía’ cuenta con un hilarante videoclip en el que han participado amigos de Vilallonga como Patricia Jacas, Stefano Palachi, Minnie Marx, Carlos Cañeque, Lina Lambert o la coreógrafa Sol Pico. La letra va de quienes venden utopías revolucionarias y son ‘establecimiento’ puro y duro. «Lo de pía viene más del verbo piar que de la piedad en sí, no creo que nuestra progresía sea muy pía; en cualquier caso, no más que la Inquisición», matiza. El buenismo inquisitorial que identificamos con la censura ‘despertó’. Vilallonga vivió diez años en Estados Unidos, de 1983 a 1993: la corrección política que se contagió a Europa: «Hacía cabaré político, cantaba a Piaf, rompía un televisor y criticaba a Bush. En aquella época escuché el verbo ‘cancelar’. Lo que se vive ahora, ya lo viví allí». En esta España de 2026 «en el reino del terror y de la cursilería la progresión pía a la izquierda del sofá», dice la canción. Viejo.
