Anda Luis Landero entregándose con denuedo, conforme pasan los años, a su vocación de narrador, como si sintiera no tener cosa más importante que hacer que transmitirnos esa verdad recibida de generaciones de campesinos en su Extremadura natal. La narración y el gusto de … contar historias que, en su elemental suceso sin importancia aparente, contienen toda la sabiduría que la Humanidad ha sido capaz de contener.
Para narrar y saber contar, no es necesario ser muy culto, tampoco es preciso haber vivido aventuras reales. El prodigioso mecanismo de la fantasía y la imaginación que a todos alcanza lo permite. Cervantes nos dejó esa misma lección en su Quijote cuando se reunió en la venta a arrieros y mozas, segadores y caminantes, y los puso a oírse contar historias. Antes de esa vuelta de tuerca magistral de que la historia de su caballero andante por La Mancha fuera famosa, la venta de Juan Palomeque ha oído otras muchas sin moro sabio responsable.
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‘Coloquio de invierno’
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Autor
luis landero -
Editorial
Tusquets -
año
2026 -
Páginas
303 -
Precio
21,90€
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Mucho de venta tiene esa casa montañesa en la que se refugian y viven incomunicados los diez personajes de Landero en ‘Coloquio de invierno’cuando la gran nevada conocida como Filomena, sin cobertura en los móviles, les deja sin otra cosa que hacer que contarse historias en voces narrativas alternantes.
No esconde Landero que el artificio brillante en ‘El Decamerón’, de Boccaccio. Pero no es libro metaliterario al uso. Landero mete a la tradición literaria que conoce lo mismo que a la filosofíaa Platón, a Ortega, a Spinoza, con la voluntad de que sus referencias, siempre de grandes clásicos, no estorben el fluir de las historias.
Porque hay que decirlo: lo que Landero enseña en este libro, como venía haciendo con dos anteriores (el homenaje al aprendizaje de su historia campesina en ‘El balcón de invierno’, y luego el de la enseñanza de los libros, en ‘El huerto de Emerson’), es que la vida se contiene toda en los cuentos. Es más, hay vida a condición de que alguien la cuente. Aunque ocurre que no todo el mundo sabe hacerlo.
Esa lección de la vida como narración y de la narración como vida no la ofrece Luis Landero como contenido del que su libro trata, sino como signo, en la emergencia del hablar mismo. La experiencia que me ha mantenido atento y bien despierto, conforme leía estas historias, ha sido la del encantamiento, ese embrujado que te produce la suspensión de toda la realidad circundante, de meterte y revivir cada historia en un fluir que atrapa, porque alguien ha sabido contar.
Es muy importante, en la docena de historias que aquí se suceden, su carácter pequeño, le ocurre a la gente del barrio; trabajadores en oficios; algún profesor idealista, en exceso enamoradizo de sus alumnas; a un electricista que elige dejarlo todo para vivir en un banco en la calle junto al perro que se le pega, para vivir el sol, la luz, la vida. La gente es trivial, pequeña, pero sus historias no lo son, en cada uno de los personajes se albergan. sentimientos universales reconocibles como el miedo al compromiso del amor o los celos. La historia del celoso es memorable, y reconocible como posible a cualquiera.
Esa es la grandeza de este libro: todos reconocen como cierto o posible aquello que oyen contar, como si en los genes se nos hubiera transmitido, junto al apetito por la comida o el sexual, esta otra necesidad de oír historias. Muy pocos alcanzan a contarlas como Landero.

