Manolo García no pensaba volverse a subir a un escenario hasta la reunión de El Último de la Fila del año que viene, pero el nuevo álbum, ‘Drapaires poligoneros’, no podía quedar inédito en directo. El oficio manda: los “drapaires” no descansan, ni los “zapateros”, personajes todos, o ‘alter egos’, que pasearon este jueves por el Auditorio del Fórumen un concierto del Suite Festival.
Pertinente jugada, la de dejar reposar el repertorio de El Último en esta gira otoñal, que ya habrá tiempo para eso en los aquelarres de estadios del próximo año. ‘Arena en los bolsillos’ (1998), su primer álbum en solitario, tiene muchos temas populares y fue el otro pilar de la noche con razón de ser. Una decena de canciones de aquel debut individual y otra decena de ‘Drapaires poligoneros’ fueron turnándose con la asistencia de una banda pulcra y amplia (hasta cuatro guitarristas), en un escenario con guiños oníricos (proyecciones naturalistas, las figuras de estilizados flamencos), por un Manolo García con su voz cálida y carnosa en excelente estado.
En lo suyo hay un cuidado artesanal y una vibración orgánicaun tacto manifiesto en la primera pieza, la titular del nuevo disco, su estreno en catalán, de fibras acústicas, que cantó sentado y acompañándose de los bongos. No tardó en caer ‘Zapatero’, subiendo el tono. Las canciones de aquella cosecha del 98 sacudieron la memoria sentimental: ese alarde vocal en la álgida ‘Como quien da un refresco’ y la marejada de ‘Sobre el oscuro abismo en que te meces’, con los perfiles de violín de Olvido Lanza; la declaración de impotencia de ‘Pájaros de barro’ y la invitación al viaje pausado de ‘A San Fernando, un ratito a pie y otro caminando‘. Aunque aludió a “la nostalgia, el recuerdo”, subrayó que “solo tenemos el presente” y que por eso sigue haciendo discotecas.
Canciones nuevas como ‘Fuego fatuo’ o ‘Lustre o lumbre’ se desarrollan en bellos contornos y ese fondo poético tan suyo, en el que parece tratar de tocar el misterio con la punta de los dedos. Sonoridades con su punto de ensoñamiento, pellizcos de enseñanza flamenca y crecientes inyecciones de guitarra rock (‘El celoso’).
En el calor de la noche, un García desencadenado, decididamente terrestre, Despotricando de los bancos, la bolsa, los sueldos insuficientes, Carlos Mazón.… Celebrando que en Australia se prohíban las redes a los menores de 16 años. En el largo bis repescó temas de otras discotecas, como ‘Nunca el tiempo es perdido’, y acabó poniéndose ranchero con ‘Volver, volver’ y ‘El rey’. Pero antes de la quema de naves, una única cita a El Último, esa garantía de algarabía llamada ‘Insurrección’, que nunca falla, apuntando al horizonte de esa reunión familiar que se vislumbra para muy pronto.
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