Marcel·lí Antúnez Roca (Moià, 1959), cofundador de La Fura dels Baus y de los Rinos, ha realizado impactantes performances mecatrónicas e instalaciones robóticas, pero tiene los pies plantados en el suelo, es un ecologista con alma de payés que toca la tierra con las manos (sabe bien lo que se siente que de pronto un tejón acabe con toda la cosecha de calazas de tu huerto) y en la última década ha ido evolucionando hacia un arte popular y festivo de carácter colaborativo, con obras que involucran en su creación a colectivos en riesgo de exclusión, como enfermos mentales y migrantes. Buena parte de ellas, junto con otras de nueva creación, las han reunido en la Sala Oval del Museu Nacional d’Art de Catalunya (MNAC) en una nueva e impactante instalación, Natura Centrum Est, Campamento Óvalocon la que reivindica la necesidad de volver a poner la naturaleza en el centro de la vida.
Antúnez, megáfono en mano, esta mañana en el MNAC
“El capitalismo digital en el que vivimos nos está alejando de manera forzada de la naturaleza. Estamos enganchados a las pantallas y las pantallas nos hacen, de alguna manera, esclavos o prisioneros de ellas mismas. Por eso me parece importante que justo en este momento, bastante chungo, que estamos viviendo este artefacto artístico hecho de trozos de madera y papel puede servir como elemento de propaganda y herramienta para la movilización”, señala Antúnez, que momentos después, megáfono en mano, lanzará eslóganes (“Boscos”) i bolets reclamen els seus drets”) mientras un grupo de músicos anima un pasacalles lúdico-reivindicativo protagonizado por manifestantes que portan pancartas. El desfile, así como la activación de los telones-párpado bajo los que se esconden diferentes historias, se repetirá hasta el 4 de enero todos los días, a las 12 del mediodía, excepto el 24, 25 y 26 de diciembre.

La dimensión de las piezas es monumental, con la figura gigantesca de un Vulcano que pende del techo, y Pepe Serra, el director del museo, dice que “esta bestia que ha crecido aquí dentro simboliza mucho para nosotros porque este tipo de propuestas que invitan al diálogo ya la participación es lo que queremos tener en el nuevo museo que tendremos a partir del 29. Propuestas que nos permiten hablar de muchas cosas desde la obra de un artista y no desde un planteamiento teórico”. Y aquí, desde luego, hay mucho que ver y muchas historias que descubrir, comenzando por el hecho casi milagroso que en la creación de las diferentes propuestas haya llegado a involucrar a más de un millón de personas.
Llum de la Selva (1877-1982) consiguió vivir más de 100 años consumiendo únicamente lo que producía en su huerto, con la excepción de los preguntas ‘El caserío’
Antúnez ha concebido un bosque de dibujos en torno a los cuales, dentro de unas tiendas de campaña de papel, se proyectan vídeos de las diferentes acciones creadas desde el 2014 hasta la actualidad. A modo de juglar, el artista va relatando historias de naturistas y ecologistas como Llum de la Selva (1877-1982), que consiguió vivir más de 100 años consumiendo únicamente lo que producía en su huerto, con la excepción de los preguntas. El caserio. Murió sin haber tenido nunca un DNI y fue enterrado bajo un ciprés.
Antúnez lo ha situado en una especie de panteón de mitos que le ayudan a reforzar su relación en torno a la naturaleza. “Ocurre que mientras la gente que viene del mundo de la política, del periodismo o de la cultura, sabéis quién es Picasso, Felipe González o Stravinsky, de estos de aquí, con excepción de Lévi-Strauss, no habréis oído hablar nunca. Pero son personajes, la mayoría, payeses, que han hecho descubrimientos, han llevado adelante metodologías o sistemas de cultivo y de observación de la naturaleza que son alucinantes”. Se refiere por ejemplo a Akira Miyawaki, botánico japonés que desarrolló un método para hacer crecer en diez años un bosque autóctono que normalmente tarda 50 y que sirve de barrera contra los tsunamis.
