Aunque Miki Ramírez, conocido como Mr. Kilombo, anunció su concierto diez días antes de llegar a Bogotá en diciembre, se encontró con un escenario lleno en La Mecánica y con un público que lo recibió coreando las canciones de su más reciente álbum, ‘Todo este caos’ (2024).
Este compositor español, que hace más de dos décadas. inició su carrera musical tocando en cafés madrileños como el Café Libertad 8 –núcleo de la nueva época de la canción de autor–, aún tiene la capacidad de generar un sentimiento de cercanía e intimidad en sus presentaciones, aunque su público ya no cabe en un café.
Cuando le preguntan si en su música conviven el reggae, el rock, el ska y los ritmos latinoamericanos, responde que no se siente representado, que simplemente es un cantautor. Con sus letras sensibles, su música recorrió más de 50 ciudades el año pasado, en una gira con la que dio cierre a la etapa de promoción de ‘Todo este caos’para regresar a su casa en Menorca a surfear, descansar y darse cuenta del tiempo de componer nueva música.
En su paso por Bogotá, el Sr. Kilombo conversó con EL TIEMPO sobre su disco, sus referentes musicales y su próximo álbum.
Mr. Kilombo en su concierto en Bogotá. Foto:Sebastián Parra Castro
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¿Cómo ha sido estar de gira con ‘Todo este caos’?
Estamos terminando, llevamos muchos shows con este último disco y luego vamos a hacer un ‘parón’ largo porque realmente necesito reestructurar y pensar cosas nuevas. Entonces, ahora me da mucha nostalgia que estemos terminando, y en los shows quiero cantar más canciones de ‘Todo este caos’ porque nunca sé cuándo van a aparecer canciones nuevas que van a desplazar del repertorio las antiguas. Entonces, nunca sé cuándo va a ser la última vez que cante una canción.
Al componer, hago las canciones que me interesan a mí, no soy capaz de visualizar lo que voy a producir en el público. Y ese momento de notar emoción cuando no lo esperaba me parece una magia tremenda. Pero tampoco sé cómo van a evolucionar en mí, no sé cuáles me van a emocionar más y cuáles menos con el paso del tiempo; esa es una de las partes bonitas: notar que las canciones están vivas.
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¿Le pasó eso con alguna de las canciones de esta disco?
Con ‘Todo este caos’. Era una cosa más personal, de un momento complicado que retrata una cosa que me daba más pudor, y no pensaba que fuera a ser tan fácil cantarla; y ahora mismo la canto abiertamente y hay una respuesta muy bonita.
En este álbum hubo muchos cambios en los músicos y en la producción. En medio de tantas variaciones, ¿cómo se mantuvo una misma línea artística?
No lo sé, porque al final el único método que tenemos es el ensayo-error. Este disco me ha dado la sensación a posteriori de que está hecho de retazos. Cuando me senté y escuché todo de arriba a abajo, a mí me produjo mucha paz notar que había una cosa que esencialmente se mantenía, pero ese debate siempre está ahí, y creo que hay que tomarlo desde la sensibilidad y desde la escucha, no desde las decisiones lógicas.
Este disco me ha dado la sensación a posteriori de que está hecho de retazos.
Pensando en la letra de ‘Huye’, sobre no ubicarse en el lugar donde otros esperan que uno esté, ¿en algún momento se ha sentido presionado por el público o por la industria a tomar las decisiones “lógicas” que menciona?
Creo que esa presión es inconsciente y sutil. Como soy un músico totalmente autogestionado, no hay ninguna persona diciendo: “oye, deberías hacer esto”. Veo que los músicos van a un ritmo, que la gente publica a un ritmo y yo no quiero ir a ese ritmo.
Me da mucho vértigo la velocidad que ha tomado la industria musical porque creo que hay mucha diferencia entre una buena y una mala canción y, a veces, diferenciarlas a primeras no es fácil, pero el tiempo te lo dice. Por eso tiempo necesito. Parece que se le dedica más tiempo a hacer que tu canción se ubique en un lugar que a hacer la propia canción; Entonces, prefiero que las canciones hablen por sí solas. Si le gusta a mucha gente, genial. Y si le gusta a poca, también. Y si no le gusta a nadie, pues ya me iré a hacer otra cosa. (Risas)
Mr. Kilombo en la gira de su último álbum ‘Todo este caos’. Foto:Sebastián Parra Castro
¿Qué otros elementos hacen parte de su proceso creativo?
Yo creo que el juego. Cuando me pongo en modo logístico, de resolver cosas y de estar de gira, no escribo. Por eso me doy tiempo cuando termino de girar, para conectar con el juego. Ahí conectado con esa sensación de que todos los músicos tenemos clarísima: sabemos por qué hemos venido aquí.
Ahí hay un trabajo por ciclos de energía: de estar de gira y enfocarte en eso, y después destinar un tiempo a la creación y la composición. Y hay algo casi obsesivo cuando empiezo a escribir porque no puedo parar. Tengo ese momento de concentración fuerte que me encanta y también me gusta que termine. Necesito ponerle fecha de fin.
Un día me dijeron: “un disco no se acaba, se abandona”. Para mí, hay algo cierto en esto porque no me da la energía creativa para seguir todo el rato. Es una energía preciosa, es una efervescencia que también es agotadora; entonces, está buenísimo ponerle un fin y ver que un disco define una etapa, como una especie de fotografía. Finalizan etapas vitales con el fin de los discos.
Parece que se le dedica más tiempo a hacer que tu canción se ubique en un lugar que a hacer la propia canción; Entonces, prefiero que las canciones hablen por sí solas.
¿Cuál fue esa etapa de ‘Todo este caos’?
Es una discoteca que tiene muchas preguntas y no tiene ninguna respuesta. Me abrió la puerta a planteamientos sin dejarlos resueltos. Creo que la siguiente discoteca va en otra dirección. Creo que estamos en un momento de respuestas rápidas y de eslóganes, y para mí, las respuestas requieren más tiempo. Y el nuevo disco se hace preguntas sobre la mediana edad, sobre la idea de: “he vivido más de lo que me queda por vivir”. Me gusta hacer preguntas complicadas y abordarlo desde una perspectiva más sencilla.
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Esas diferentes etapas las ha presentado en nuestros escenarios latinoamericanos, ¿cuál es la conexión que tiene con la región?
Siempre tuve referentes de Latinoamérica: Silvio Rodríguez, Pablo Milanés y León Gieco, por ejemplo. Luego apareció una inquietud por la música más caribeña, por Cuba, y por eso estudié en La Habana una temporada antes de sacar mi primer disco. Ahí conecté mucho con la timba, la vieja trova, la nueva trova y con algunas cosas de la música popular. Pero también, siempre he tenido ganas de recorrer; un espíritu de viaje.
¿Hay influencia de esos referentes en su proyecto musical?
Pienso que los intereses van por delante de las influencias. Yo no sé qué se filtra de las influencias porque yo no aspiro a parecerme a nadie y tampoco sé qué queda de todo lo que escucho; son cosas tan dispares que muchas no tienen nada que ver con mi música. A mí me interesa la canción y la historia que cuenta, la que está debajo. Entonces, a partir de ahí le adorno con las herramientas que conozco y ahí se filtran cosas. Después de viajar a Argentina, se incorpora el bombo legüero porque me encanta la sonoridad. Y después de los viajes por Colombia, aparece algo de los tambores del Pacífico y de la cumbia por ahí, pero siempre son pinceladas.
Un disco define una etapa, como una especie de fotografía, y finalizan etapas vitales con el fin de las discotecas.
Usted empezó a presentarse hace muchos años acá sin tener un público, ¿cómo fue construir público en otro país?
Es una de las sensaciones más bonitas que puedes tener. En ese momento, viajaba y pensaba: “Ya que estoy acá, que tengo mi guitarra, ¿por qué no hacer un show, a ver si de pronto aparece alguien?” En España, tardé en hacerme un nombre. Desde el cuarto disco, empecé a tener un público sólido en diferentes ciudades.
Y acá, empecé a venir sin tener nada de público y fue emocionante notar que empezaba a crecer el proyecto. Entonces, empecé a venir más con la ambición de conocer, escuchar y compartir música. Ha sido un proceso muy bonito y muy lento, y por esa razón, también muy sólido. Siento que hay una complicidad que está construida a lo largo del tiempo.
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Entonces, al abarcar tantos intereses, géneros y búsquedas diferentes, ¿cuál es la identidad sonora en su propuesta musical?
Creo que hay una esencia rumbera que es el hilo conductor de todo, pero para mí no es una cuestión de géneros musicales, sino que la identidad viene de la forma de contar. Para mí, tiene que ocurrir algo que me genere un interés constante. Entonces, hay gente que fabrica ese interés desde la sonoridad o desde un género concreto; en mi caso, lo que crea ese interés son las palabras unidas a la melodía. Además, cualquier cosa que yo haga tiene que poder defenderse con una guitarra.
ELENA BERMÚDEZ RIVERA – Escuela de Periodismo Multimedia
berele@eltiempo.com
