Es 20 de enero de 1983 y en el Salón Azul del Congreso Nacional, edificio sin actividad parlamentaria porque el país está bajo el Proceso de Reorganización Nacionalel cuerpo de Arturo Umberto Illia Está adentro de un ataúd, cubierto por una bandera argentina y otro radical. El cajón está escoltado por seis candelabros con velas que arden con sobriedad y un Cristo que agoniza en la cruz. La quietud de esa escena es engañosa: en el salón y en las escalinatas del Congreso se agolpa gente de distinta edad para despedir al expresidente. ¿Qué pasó para que esa misma persona? derrocada en 1966 en medio de la indiferencia de la mayoría, ahora convoque, ya fallecida, a una multitud? es Arturo Illia. mi padre (Planeta), leandrouno de los tres hijos del histórico dirigente radical, recrea la vida de “Don Arturo”, como lo llama él aún hoy, en un acercamiento que es más un registro de impresiones personales y políticas que una biografía en sí, y quizás por eso su lectura lejos está de ser tediosa.
Leandro Hipólito Illia, maestro, abogado y militante radical hasta la actualidad, recibe un Clarín en un luminoso departamento del barrio porteño de Belgrano, mientras por las calles cercanas todo es ruido y nerviosismo prenavideño. Las horas finales de la vida de su padre, el gobierno que no llegó a durar tres años, la relación con el peronismo y el presente de la UCR aparecen en la charla. A un par de metros, en una biblioteca, contempla la escena una edición de El Quijote en tres tomos, que era lectura de cabecera del expresidente.
–¿Qué recuerdos tiene del día del velatorio?
–Mi padre no quería ver a mucha gente. Eran pocos los que lo podían ver. Era un tipo muy especial en ese aspecto. No quería que se supiera ni siquiera que estuviera enfermo. En Córdoba se decidió traer su cuerpo acá. Lo trajimos al Comité Nacional y luego al Salón Azul del Congreso, porque él había sido diputado nacional. Don Arturo, con su muerte, “abre” el Congreso. Ahí lo velamos y al otro día sale el cortejo. Está junto a Hipólito Yrigoyen, Leandro Alem, Elpidio González…con los próceres del radicalismo, en el Panteón Radical del Cementerio de la Recoleta. Saúl Ubaldini fue al velatorio, nos sorprendió gratamente. Cuando pasó del Congreso por Callao estaba la sede del PC y desde ahí tiraban rosas sobre el cajón. Eso me sorprendió también. Y me sorprendió la multitud que nos acompañó. El libro dice lo que hizo mi padre, y yo viví eso.
–¿Cuáles fueron las lecturas de Illia?
–El libro de él de cabecera era El Quijote. Se lo habían dado cuando era senador radical, tiene una dedicatoria de 1935 de Raúl Bustamante donde lo define como “un verdadero quijote de la democracia”. Y leía mucho a Dostoievsky y era muy amigo de Cortázar, tomó varios cafés con él en París. También leía a filósofos griegos. Siempre yo lo veía con un libro. Había leído a Sartre también.
–En su libro hay una lista de 18 puntos destacables de la presidencia de su padre. Hoy ese programa sería visto como de izquierda…
–Sí, de alguna manera frente a una visión ortodoxa. Pero con una visión amplia vemos que todos los países comercian con todos los países. Vemos el desarrollo de China y el crecimiento de su clase media. Don Arturo tenía la convicción de que la Argentina no podía depender de sus compradores tradicionales.
–En el libro destaca la política educativa, llevado adelante por Luz Vieira Méndez. No es algo que se le reconozca a Illia ese aspecto…
–Tuvo el presupuesto educativo más alto de la historia, hizo millas de escuelas, hizo un plan de alfabetización. Los tres pilares fundamentales de su gobierno eran la anulación de los contratos petroleros, la Ley Oñativia, sobre los medicamentos y la educación.
–¿Podría comentar sobre la Ley Oñativia? En general se habla más de la anulación de los contratos petroleros que firmaron su padre que de esa norma.
–Es la prensa la que le ha dado más importancia, a una cosa sobre la otra, pero una medida preservaba los recursos naturales y otra los recursos humanos. La Ley Oñativia era para controlar la calidad de los medicamentos y había laboratorios europeos que patentaban cinco veces la misma droga, había prácticamente una estafa con los derechos de autor. Se hizo hincapié, sin expropiar, en el control efectivo de los medicamentos. Los laboratorios se enfriaron, sobre todo los extranjeros. Son temas muy complejos, ese sector maneja un gran poder. Mi padre conversó, antes de la anulación de los contratos petroleros, con el embajador de Estados Unidos, en la Casa Rosada, (el canciller) Zavala Ortiz le había dicho que quería verlo urgente. Yo estaba en una piecita al lado del despacio presidencial, escuchando algunas conversaciones. A las 11 de la mañana llega Zavala Ortiz con el embajador. Desde la otra pieza, el embajador, entre nervioso y enojado, le dice a mi padre: “Usted tiene que anular la anulación de los contratos petroleros”. Mi padre le dice: “¿Esto es en nombre del gobierno de Estados Unidos”? “Sí, en nombre del gobierno y de las empresas”. “Esto que usted me está diciendo me lo va a tener que poner por escrito”, respondió mi padre. Y se terminó la conversación.
–Luego de ser diputado, en 1952 Illia vuelve a ejercer la medicina. ¿Qué hace en los meses anteriores a septiembre de 1955?
–Aunque ejerce la profesión tiene muchas reuniones, hace mucha política. Él es realmente uno de los organizadores de la revolución del 55 en Córdoba. Es jefe de los comandos en esa provincia. Ejerce la medicina, hace política y prepara todo ante la dictadura del general Perón.
–Él, que colaboró con el derrocamiento de Perón, a su vez termina derrocado…
–Es cierto… son las cosas de la historia… lo que pasa es que el estado de guerra interno con Perón era muy jodido. Te perseguían, tenías que ser miembro del partido para ocupar cargos, le hicieron un juicio por desacato a mi padre, que fue el único juicio que tuvo.
–A los rasgos autoritarios que efectivamente tenían los dos primeros gobiernos de Perón, por los cuales muchos sectores se le oponían, lo que le sucede es concretamente una dictadura. A Perón no lo sucede un gobierno más democrático…
–No, no hay elecciones ni nada.
El presidente Arturo Illia. Foto: archivo Clarín.–Fusilamientos de heno inclusivos. ¿Cómo recuerda ese período post septiembre de 1955?
–Era chico, pero tampoco estábamos de acuerdo con esa dictadura. No era lo establecido por la gente que estaba en contra del peronismo. No era esa la finalidad, que se perpetuara un gobierno militar autoritario.
–Pero terminó pasando eso.
–Terminó pasando eso… pero mi padre no intervino en eso, estuvo en contra. Mi padre estaba a favor de las libertades.
–¿Qué hace él luego del golpe de 1976?
–Como prohíben los partidos, sigue atendiendo en la Clínica Conde, sigue su vida, va al terremoto del Caucete, en San Juan, como voluntario, en micro. Sigue teniendo reuniones políticas. Es un hombre que ama la libertad, sin dudas.
–Señala en el libro que su padre, en privado, tildaba de “mistificadores” a los periodistas más encarnizadamente críticos con su gobierno…
–Los denominaba así a los que alteraban la realidad. Así se hizo el golpe, así se creó el caldo de cultivo. Los dibujos de Landrú, representándolo como un viejito…
–¿Tenía Illia amigos peronistas?
–(Deolindo) Bittel, gobernador de Chaco, y un neoperonista como (Elías) Sapag en Neuquén. (Jerónimo) Remorino también era amigo de papá. Mi padre nunca le prohibió la entrada a Perón al país. “No hagan nada, si quiere venir que venga”, les decían a los ministros. Isabelita vino después sin ningún tipo de problemas. Mi padre levantó la proscripción del peronismo en 1965, y los peronistas conspiraron igual contra él. Mi viejo reincorporó al peronismo a la vida nacional y eso los peronistas no lo reconocieron nunca.
–¿Cuándo fue que lo vio a su padre más enojado por temas políticos?
–El día del golpe. El último telefonazo que entró lo atendí yo, era (Arturo) Frondizi para solidarizarse con él. Mirá, papá, está Frondizi en el teléfono”, le dije. “Mandalo a la puta que lo parió”, me respondió. Frondizi había estado en contra durante todo el gobierno de mi padre.
Leandro Hipólito Illia presenta su libro Arturo Illia, mi padre. Foto: Maxi Failla.–¿Qué recuerda de las horas finales de su padre como presidente, en la Casa Rosada?
–Yo quería tirar por la ventana al general Julio Alsogaray, y al coronel (Luis) Prémoli que hizo ostentación de arma cuando entró. Entraron cuatro, Alsogaray habló, mi viejo lo sacó zumbando. Después entró (el coronel Luis César) Perlinger con la Guardia de Infantería de la Policía. Y nos sacaron.
–Dado que usted es radical, ¿qué piensa del presente del partido? El actual presidente de la nación se jactaba de pegarle a un punching ball con la cara de Alfonsín, y hay gobernadores y legisladores radicales que lo apoyan…
–La pérdida de identidad del radicalismo viene desde hace mucho tiempo. El radicalismo tiene mucho para dar a la república. La planificación de la economía y un plan nacional de desarrollo marcan hitos de corto, mediano y largo plazo y así los agentes económicos saben a qué atenerse. Hoy no hay un plan.
Leandro Hipólito Illia básico
- Nació en 1946 en la ciudad de Córdoba y es el menor de los tres hijos del expresidente Arturo Illia. En 1962 obtuvo el título de maestro normal en la Escuela Normal de Cruz del Eje.
- Ya radicado en Buenos Aires para acompañar la gestión de su padre, cursó estudios en la Universidad de Buenos Aires, donde se graduó de procurador (1971) y de abogado (1972). En esa misma casa de estudios fue ayudante de la cátedra de Derecho Político a cargo de Carlos Fayt.
Leandro Hipólito Illia presenta su libro Arturo Illia, mi padre. Foto: Maxi Failla.- Su trayectoria política y profesional lo llevó a desempeñarse como asesor del bloque radical en la Cámara de Diputados (1973). Durante la presidencia de Raúl Alfonsín fue designado interventor de la Caja de Asignaciones Familiares para el Personal de la Industria, y posteriormente asumió la presidencia de la entidad con el respaldo de la UIA y la CGT. En 1975 recibió una beca de Cultura Hispánica para estudiar en la Universidad Complutense de Madrid el régimen franquista y su final. En 1985 realizó el curso de Defensa Nacional.
- En 1989 volvió a desempeñarse como asesor del bloque radical, esta vez en el Senado de la Nación. Más tarde fue designado mandatario judicial del gobierno de la ciudad de Buenos Aires hasta 2020. Actualmente ejerce la abogacía.
Arturo Illia. mi padrede Leandro Hipólito Illia (Planeta).
