En pleno corazón de Granada, está el Centro Federico García Lorca. En la tercera planta, la sobrina del poeta, Laura García-Lorca, tiene su despacho. Una ventana que va del suelo hasta el techo sustituye una de sus paredes. Un diario contempla las vistas, que califican de “lorquianas”, pues evocan una atmósfera andaluza que parece salida de cualquiera de sus versos. Con ese paisaje de fondo, atiende a La Vanguardia que viaja hasta allí para conocer más sobre este proyecto y todo lo que lo envuelve, a 90 años del asesinato del autor.
Es usted la sobrina de Federico García Lorca pero, también, una de las principales guardianas de su legado. ¿Cuándo toma verdadera conciencia de que ese vínculo va más allá de lo familiar?
Todo empezó en la Huerta de San Vicente. Antes no me había ocupado de nada de la Fundación. Vivían mi tía Isabel y mi primo Manuel Fernández Montesinos y fueron ellos quienes sentaron las bases de la fundación. Pero, a finales de 1994, mi tía me pidió que dirigiera la Huerta de San Vicente.
¿Se esperaba una petición así?
Pues no, pero pensé que, si me lo pedía mi tía, algo tenía que hacer, así que dejó Madrid y me vine para Granada. La idea era convertir la Huerta en el primer espacio de la ciudad dedicada a Lorca. Existía Fuente Vaqueros, pero en la propia Granada no había nada, y eso que llevábamos casi 20 años de democracia. Era evidente que teníamos que hacer proyectos de calidad y poner la figura de Lorca en relación con lo contemporáneo.
¿Se hablaba a menudo en su casa de Federico?
Muy poco. No se hablaba tampoco del exilio. Para todos fue horrible, especialmente para mi padre. Él fue muy cuidadoso de no cargarnos de estos pesares con los que tanto sufría a mis hermanas ya mí. Quería evitar que heredáramos su pena.
¿Cuándo volvió a estar en el centro de la conversación?
Al morir mi padre. Mi tía Isabel, que vivió hasta los ochenta y muchos, y mi madre ya se sintieron más libres de poder mantener una conversación al respecto, sin que mi padre sufriera.

¿Se ha cambiado de parecer en lo que a la tumba del maestro respeta?
Simbólicamente tiene mucha más fuerza para que los restos de Lorca estén mezclados con los de otras víctimas. En el lugar donde podrían estar, no debemos poner una lápida con su nombre. En todo caso, deberían aparecer los de todos los que allí yacen. El centro es el lugar vivo de celebración de su vida y de su memoria.
¿En qué momento nace la idea de crear este centro?
La idea, muy pronto. Desde el fusilamiento en el año 36, mi padre y mis tías sabían que su vida iba a cambiar y que su trabajo iba a ser divulgar su obra y, algún día, cuando se pudiera, crear un centro como este. Tras años en la Huerta, una casita en que solo podíamos hacer actividades con buen tiempo y acoger a un máximo de 340 personas si apretábamos muchas sillas, dimos el paso de abrir esto. Era lo más factible si queríamos mantener y poner de relieve ese diálogo vivo que existe con lectores, espectadores y artistas del mundo.

¿Cuánta gente puede acercarse hasta aquí?
No es solo la que se acerca; es también la que nos hace peticiones y consultas por correo electrónico de forma diaria, que es muchísima. Presencialmente estos días conviven, entre otros, el director del museo Dalí de Florida, con dos bailarines contemporáneos e investigadoras con becas Fullbright. Esta sinergia de académicos y artistas es una maravilla.
Hasta abril, tanto ellos como el resto de visitantes pueden acudir a la muestra Viaje a la luna, inspirada en su única guía de cine.
Otro proyecto sin fin, pero no por su parte. Él le entregó el guion al cineasta mexicano Emilio Amero. Se desconoce si este acabó el rodaje, pero se conservan algunos fotogramas.

