Orquesta Sinfónica Radio de Frankfurt
★★★✩✩
Interpretes: Alain Altinoglu, director
Lugar y fecha: L’Auditorio (23/III/2026)
Tocar con el mejor Stradivarius no garantiza la profundidad de la interpretación. Tampoco lo logra una gran orquesta como es esta de la Radio de Frankfurt, de una solidez y calidad admirables que se agradece que nos visite. Si esperamos una gran interpretación, los mejores productos no determinan de por sí el óptimo resultado.
Las giras de estas grandes orquestas, resultanas en taquilla, permiten disfrutar, pero no llegan a ese sentido del arte: la emoción. Podios soñados que son campo de pruebas para jóvenes directores (y agencias) que quizás algún día logren conjuntar sensibilidad y experiencia; Podría mencionar varios, pero sería otro tema. De momento, exigiría a imperialistas como Putin o Netanyahu, o el tardío aprendiz de brujo Trump, parar de destruir derechos humanos y dejarnos disfrutar del arte de dirección como Gergiev por ejemplo.
La Novena de Mahler, como la más consistente y profunda de Bruckner, u otras, son grandes obras de arte cuya manipulación merece reflexión. La densidad artística de las secciones de cuerda de esta orquesta (da gusto la calidad de los chelos, o la consistencia de primeros violines), sensible y rica –siempre digo que ese ámbito de orquestas de radio alemanas es ahora el mejor–, sus fabulosas maderas y elocuentes metales y percusión piden sensibilidad al cocinero de turno.
La gestualidad (no la gesticulación como en este caso) en la dirección es para la comunicación entre los músicos, y no aspavientos de cara al público. Hasta Don Quijote se confundió con aquellos molinos….
Mahler es íntimo e intenso hasta a veces en sus rasgos más simples (la bella cantilena del Hermano Jacques … de sus comienzos), y esta sinfonía –que ya le pilla algo cansado– tiene todos sus ingredientes. Esta orquesta hace lo que se le pide, es fantástica, y el director no distingue entre la tensión hacia dentro o la exterior. Escasa gestión del tempo, y confusión entre volumen sonoro (alto o bajo, véase el vacío final) e intensidad expresiva –junto a un gesto propio de foso– fueron algunas de las virtudes expuestas. Teniendo tanta calidad a su disposición, los pocos momentos conmovedores llegaron hacia el final en los grandes metales.
