«Yo siempre quise ser cantor de tango, desde pequeño. Además, tenía la posibilidad de imitar a todos los cantores de tango de la época y eso me daba una satisfacción tremenda, porque sentía que podía protagonizar esas situaciones para, entretener a mis amigos en … una esquina. Y ahí también, en esa situación, descubre mis posibilidades de actuar; de querer hacer un abuelo pedigüeño metiéndome un pañuelo aquí, teniendo a mis espectadores –que eran mis propios amigos– a treinta metros, y viendo a la gente que se iba agrupando a mi alrededor y las monedas que iban cayendo en el brazo extendido. Conseguí armar un personaje y una situación a través de mi necesidad de entretener a mis amigos, que estaban muertos de risa y aplaudiendo, y que desorientaba también a la gente que estaba mirando a un pordiosero y viendo gente que se reía y aplaudía. Fue mi primer éxito».
Lo contaba, hace apenas un año y medio, Héctor Alterio, que tendría a lo largo de su vida muchos más éxitos. El actor argentino ha fallecido en Madrid a los noventa y seis años, según ha comunicado a través de las redes sociales Jesús Cimarro, productor de sus últimos espectáculos teatrales, como ‘En el estanque dorado’, ‘El padre’ o ‘Una pequeña historia’, que ha estado representando hasta hace solo unos días: se trata de un trabajo escrito y dirigido por la propia mujer de Alterio, Ángela Babaicoa, con quien tuvo a sus dos hijos, los también actores Ernesto y Malena Alterio. Ésta publicó, en septiembre pasado, un emotivo post en su perfil de Instagram, en el que junto a una foto de ella de niña en brazos de su padre escribió: «A sus 96 recién estrenados este hombre, que tengo la fortuna de que sea mi padre, no deja de admirarme. Esa cara de Malena chica refleja mi sentir en este presente. Orgullosa e inmensamente agradecida por el papá que me tocó. Mi tesoro. Avanti con tutti».
La familia comunicó así la triste noticia: «Con profundo dolor queremos comunicaros que hoy, 13 de diciembre por la mañana, nos ha dejado Héctor Alterio. Se fue en paz después de una vida larga y plena dedicada a su familia y al arte, estando activo profesionalmente hasta el día de hoy. Descanse en paz».
«Cuando llegué a Madrid no tenía papeles… Con la ayuda de algunos compañeros, pocos, pude ponerme en marcha. Tuve que aprender a disimular mi acento…»
Héctor Alterio (su nombre completo era Héctor Benjamín Onorato) nació el 21 de septiembre en el barrio bonaerense de Chacarita. La temprana muerte de su padre le obligó a trabajar desde pequeño como limpiador, como pintor o como vendedor ambulante. Se encontró en el teatro un refugio y debutó profesionalmente en 1948, con tan solo diecinueve años, en la obra de Alejandro Casona ‘Prohibido suicidarse en Primavera’. Decidido a dedicarse a la interpretación, comenzó sus estudios y fundó en 1950 junto a otros compañeros una compañía independiente, Nuevo Teatro, con la que exploró el incipiente teatro vanguardista argentino. De esa época es también su debut cinematográfico en ‘Todo sol es amargo’ (1965) y sus primeros trabajos televisivos (‘Cosa juzgada’, 1969).
En septiembre de 1974, Héctor Alterio viajó a San Sebastián para presentar en el festival de cine de aquel año la película ‘La tregua’, dirigida por Sergio Renán. Cuando se disponía a volver a Buenos Aires, una amenaza por parte de la Triple A le disuadió de su idea y decidió quedarse en España. Poco después, su mujer y sus dos hijos, todavía muy pequeños, se unieron a él. Madrid fue, a partir de entonces, su hogar. «¡Sí, y lo digo con mayúsculas y con acento!», aseguraba hace solo unos meses quien reía, se consideraba ya madrileño «a la fuerza».
Su adaptación no fue fácil y Madrid fue en aquellos primeros años «mi cárcel y mi salvación –afirmaba–. Vivía Franco todavía y había un sindicato vertical que no dejaba trabajar a los extranjeros. No tenía papeles… Con la ayuda de algunos compañeros, pocos, pude ponerme en marcha. Tuve que aprender a disimular mi acento…»
Héctor Alterio con Ricardo Darín en ‘El hijo de la novia’
Pronto dejó en el cine español, sin embargo, muestras de su categoría, de la mano de Carlos Saura (‘Cría cuervos’, 1976), Ricardo Franco (‘Pascual Duarte’, 1977), José Luis Garci (‘Asignatura pendiente’, 1977). Por su trabajo en ‘A un dios desconocido’ (1977), de Jaime Chávarri, logró la Concha de Plata al mejor actor en el mismo Festival de San Sebastián que le había traído tres años antes a España.
Alterio fue un rostro casi imprescindible en el cine español de la Transición, con películas como ‘La guerra de papá’ (1977), ‘Las truchas’ (1978), ‘Las palabras de Max’ (1978), ‘¡Arriba Hazaña!’ (1978), ‘La escopeta nacional’ (1978), ‘¿Qué hace una chica como tú en un sitio como éste?’ (1978), ‘Memorias de Leticia Valle’ (1979), ‘FEN’ (1979), ‘El crimen de Cuenca’ (1980) o ‘El nido’ (1980).
El fin de la dictadura militar argentinaen 1983, supuso su vuelta al cine de su país natal, aunque permaneció su residencia en España, donde también continuó trabajando. En Argentina, destacó en ‘Camila’ (1984) de María Luisa Bemberg (nominada al Oscar) y, especialmente, ‘La historia oficial’ (1985) de Luis Puenzo, película que coprotagonizó junto a Norma Aleandro, y que obtuvo el Oscar a Mejor Película Extranjera, la primera para Argentina. Con la actriz volvería a coincidir de nuevo en ‘El hijo de la novia’ (Juan José Campanella, 2001), que optó también al Oscar y se convirtió en la punta de lanzamiento del nuevo y magnífico cine argentino.
Fueron, en total, más de ciento ochenta películas y series de televisión a lo largo de casi ocho décadas. No se pueden olvidar ‘Mi general’ (1987), ‘Kamchatka’ (2002), o series como ‘Segunda enseñanza’ (1986), ‘La Regenta’ (1995) o ‘Vientos de agua’ (2006), donde compartió rol con su hijo Ernesto.
En España pisó las tablas por vez primera en 1990. Lo hizo de la mano de Federico García Lorca y su ‘Perlimplín’, bajo la dirección de José Luis Gómez, en una función estrenada en el Festival de Otoño de la Comunidad de Madrid de aquel año. Participó en una docena de espectáculos, entre los que habría que destacar ‘Viaje de un largo día hacia la noche’ (1991), como tituló John Strasberg su montaje de la obra de Eugene O’Neill; ‘Los gatos’ (1992), de Agustín Gómez Arcos, con dirección de Carme Portaceli; ‘Yo, Claudio’ (2004), una adaptación de José Luis Alonso de Santos de la novela de Robert Graves, dirigida por José Carlos Plaza, y que se estrenó en el Festival de Mérida; ‘El túnel’ (2006), adaptación de la novela de Ernesto Sábato que dirigió Daniel Veronese; ‘Dos menos’ (2009), de Samuel Benchetrit, con dirección de Óscar Martínez, y donde compartió escenario con José Sacristán; ‘En el estanque dorado’ (2013), de Ernest Thompson, baja la dirección de Magüi Mira, con Lola Herrera como compañera de reparto; ‘El padre’ (2016), de Florian Zeller, dirigida por José Carlos Plaza; y la citada ‘Una pequeña historia’.
«Sigo con las ganas de no defraudar, más que de entretener –decía a ABC hace poco más de un año–. Tengo toda una experiencia, inamovible, que son los años que he vivido… Lo paso bien… Sí, lo paso bien. Es lo único que puedo hacer y que sé hacer. Y ya estás. No hay otra».
