Evgenia N. Petrova falleció en su San Petersburgo natal el 14 de diciembre, a los setenta y nueve años. No pudo superar un accidente cardiovascular que le sobrevino en su casa el día 27 de noviembre cuando estaba trabajando en los últimos detalles de … la que, a la postre, ha sido su última exposición. ‘Marc Chagall. La alegría de gravedad terrestre‘ en el Museo Pushkin de Moscú, inaugurado ya sin ella el 11 de diciembre. A día de hoy no quedan entradas disponibles hasta el 11 de enero para aquellos que quieran visitarla. En la página de este museo han publicado: «…su fallecimiento supone una enorme pérdida para el mundo museístico. Persona de excepcional talento y carisma, profundos conocimientos, una aguda visión artística y una increíble intuición, creado no solo exposiciones, sino mundos únicos y evocadoressumergiendo al público en ellos y permitiéndoles comprender el significado oculto del arte.».
Para muchos lectores su nombre no será familiar, pero junto con antónova (la legendaria directora del Museo Puskhin), Piotrovski (no menos legendario director del Museo Hermitage) y Vladímir Gusevex director y ahora residente del Museo Ruso de San Petersburgo, del que fue director adjunto, conforman un cuarteto imprescindible de los museos en Rusiaque es casi lo mismo que decir de los museos en el mundo.
Como gran experta, una de las más respetadas, en el arte ruso y especialmente en el conocimiento de las llamadas vanguardias rusas, Evgenia Petrova ha comisariado cientos de exposiciones en su país y por el mundo, además de publicar más de 700 trabajos científicos. Era ella quién mejor conoció la imponente colección de obras de los fondos del Museo Ruso de San Petersburgo, más de quinientos mil registros en los almacenes de sus seis palacios. Un museo, quizás menos conocido que su vecino el Hermitage, pero que atesora las grandes joyas del arte ruso de todos los tiempos y que es frecuentado por millones de personas cada año, lo que le coloca habitualmente en la cima de los museos más visitados del mundo.
Petrova empieza a visitar Málaga con frecuencia en febrero de 2014 para poner en marcha el que sería su proyecto más conocido y mejor reconocido en nuestro país: la Colección del Museo Ruso en la antigua fábrica de tabacos en colaboración con el Ayuntamiento de Málaga. En época de montaje, trabajaba sin parar junto con su compañero inseparable Iosef Kiblitsky. A menudo nos quedamos todos hasta altas horas de la noche disfrutando de la idea de poder sorprender, en tiempo y forma, al que desde muy pronto fue un público fiel de uno de los museos más singulares del panorama español. Hace muy poco, en julio, nos reiteraba su ilusión por mantener el museo abierto y volver a trabajar pronto con los equipos de Málaga, de los que guardaba un gran recuerdo.
Quedará siempre entre nosotros el recuerdo de su sonrisa en un cuerpo menudo, que albergaba una gran fuerza y pasión por lo que hacía, y la gratitud por tanto compartido.
