En estos momentos hay dos exposiciones extraordinarias en Madrid. Las esculturas más conocidas y las más inesperadas de Juan Muñoz ponen en jaque la museografía del Museo del Prado, las obras del canon de la pintura universal y la mente del visitante. La misma tensión que vincula el alfil con el rey sentimientos ante Sara con mesa de billar esa figura de espaldas sobre tacones rojos que, tras la superficie que ilumina imágenes de ella misma, mira Las Meninas . La mente también reverbera, imantada, ante las arquitecturas minerales y vegetales de Maruja Mallo, sus selfies vestida de algas, su última obra de ciencia ficción, en las salas de su retrospectiva en el Reina Sofía. ¿Éramos conscientes de que nuestra particular Donna Haraway era pintora, estudiaba física cuántica y diseñaba naves espaciales?
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