‘Amarga Navidad’ es una película llena de personas que ayudan a otras, ya sea para superar un duelo, una ruptura, un problema de salud o un bloqueo creativo. Es un mensaje que en estos tiempos puede parecer ingenuo o hasta contracultural.
Creo que aparece como algo absolutamente necesario en los momentos que vivimos. De hecho, mi película anterior (‘La habitación de al lado’) ya iba de eso, de acompañar a alguien. A veces, ayudar es simplemente estar sentado junto a la otra persona en silencio. Yo vivo muy pendiente del trabajo que hacen las oenegés o gente que está muy implicada, tanto en las guerras que están sucediendo como en lo que ocurre en nuestro propio país, para tratar de ayudar desde el pequeño lugar que ocupa en esta sociedad. Suena a tópico, pero creo que la empatía es hoy más importante que nunca. Yo, la verdad, pensé que no iba a haber nunca más guerras como las que estamos viendo. O sea, creía que, de haber guerras, serían más políticas y económicas, guerras frías, pero no directamente la fuerza brutal de invadir un país y quedarte y seguir invadiendo y bombardeando a pesar de lo que te dicen todos los demás.
Tampoco creía que iba a escuchar otra vez el ‘Cara al sol’, ¿no?
Claro, yo estoy… No sé si es confiable o no esa encuesta que dice que el 25% de los jóvenes españoles afirman que vivirían con gusto bajo una dictadura como la de Franco. Yo me estremezco cuando oigo esas cosas, que a nadie le dé vergüenza decir que es franquista y que se vivía mejor entonces; es escalofriante, porque da la sensación de que no hemos avanzado en nada. Yo he vivido una época en la que el salto fue descomunal; lo que se siente al pasar de una dictadura a una democracia es algo inenarrable. Yo ya era suficientemente mayor como para sentir, tenía memoria del franquismo, y sé todo lo que hemos luchado desde entonces. Y ni en el momento de mayor pesimismo hubiera pensado que íbamos a estar en una situación como la de ahora, con un partido de ultraderecha creciendo día tras día diciendo barbaridades, sin mostrar ningún programa. Es escalofriante. Espero que ahora, con la llamada de (Gabriel) Rufián a la unión de las izquierdas, realmente nos pongamos de acuerdo para parar este movimiento, porque parece que es imparable. Quiero ser optimista, pero la verdad es que estoy preocupadísimo. Y debemos estarlo. Debemos seguir escandalizándonos de cada frase que oímos. No podemos seguir impasibles ante las cosas que dice la ultraderecha, sobre la inmigración, sobre las feministas, sobre los homosexuales, sobre las mujeres trans… Yo quiero seguir irritándome profundamente contra todo esto, para poder reaccionar. Pero la cosa está muy mal, porque si sigue así, después de las próximas elecciones vamos a vivir bajo un gobierno de derecha y ultraderecha, y yo no estoy capacitado para vivir en esa circunstancia. No puedo imaginarme viviendo en una situación así. Creo que eso cambiaría radicalmente mi modo de vida, que me convertiría en otra persona mucho más agresiva, mucho más activa social y políticamente hablando. En cualquier caso, me da terror. Después de haber conseguido con mucho esfuerzo tanísimas cosas como hemos conseguido en los últimos 40 años, que de pronto se dé un cambio como el que se está operando ahora mismo es difícil de asimilar.
¿La ficción o el arte pueden jugar un papel en esa lucha?
La ficción y el arte en general siempre pueden ayudar mucho a las personas, pero me temo que no puedes lograr un cambio definitivo a través, por ejemplo, de una película. Aunque hay cosas que se pueden conseguir. El hecho de que en el acontecimiento deportivo más importante del mundo aparezca Bad Bunny y nombre a toda Latinoamérica, representando además la inmigración, era lo último que le podía suceder a Trump. Yo creo que Trump esa noche fue el ser más infeliz del mundo, al ver que en un país que controla de un modo totalmente autárquico de pronto algo se le escapa de la mano, como que Bad Bunny está ahí delante de millones de personas y le está cuestionando absolutamente. O sea, hay cosas que se pueden hacer, pero necesitas tener la fuerza descomunal de ser la máxima estrella de la canción. Y aun así tampoco Bad Bunny puede derrotar a Trump. Puede ayudar, claro. Y que el Boss o Taylor Swift están contra él también ayuda. Pero no hay una película que eche abajo un gobierno o que a un ser como Trump le haga suficiente daño como para retirarle.
Suscríbete para seguir leyendo
